Dos mujeres, dos historias

Carolina Yapura y María Ximena Bravo son cordobesas y compartieron con Red Eco sus historias, diferentes, pero con un común denominador: el hacer con otres y para otres. Red Eco Alternativo.

(Red Eco) Córdoba – Carolina tiene 53 años. Vive en el Barrio Arguello. Es diseñadora de arte e indumentaria, y utiliza materiales en desuso para desarrollar un proyecto sustentable que cuide el planeta. 

Convencida de que necesitamos un “respiro de la sociedad de consumo”, y buscando espacios de acción colectiva, comenzó a dedicar tiempo contra el maltrato animal en las ciudades. Participó por más de seis años en una fundación de rescate y recuperación de caballos “con un grupo de mujeres valiosísimas, las cuales hasta el día de hoy siguen sin descanso en esta lucha, abriendo otras fundaciones y en forma independiente”, comentó a Red Eco.

Carolina fue también una de las tantas mujeres que le pusieron el cuerpo a los incendios que destruyeron gran parte de la vegetación autóctona en las sierras durante los últimos meses de 2020. “Nos sumarnos a la lucha contra el fuego que estuvo asediando nuestras montañas, involucrándonos en todas las áreas de necesidades, asistiendo a los bomberos en elementos de curaciones, alimento, agua. Luego de trabajar codo a codo apagando los incendios, ya pasado el fuego, hicimos relevamiento de los campos, para sustentar las carencias, logrando recibir donaciones, tanto para las personas como para los animales de consumo. Esto último a nuestro pesar, ya que nos genera un conflicto de intereses porque no podemos llevarnos los animalitos para salvarlos… En fin, tratando de ser coherentes para no desfallecer en la tarea”, nos contó. 

carolina con caballo carolina grupo
carolina guardia cenizas carolina bomberos

 

María Ximena, de 35 años, se define con todos sus roles: mamá, docente en escuela pública y con participación en ámbitos de discapacidad, espacios de formación de brigada forestal, espacios de expresión artística popular (murga).

Dudosa de extenderse más de lo necesario, le dimos bandera verde para que lo haga: “Entiendo la especificidad sobre la participación exclusivamente femenina, creo que le debemos mucho a la lucha feminista. Pero en lo particular elegí compartir espacios de luchas mixtos, supongo que a raíz de malas experiencias en escuelas de mujeres en los primeros años de mi escolaridad”. 

María Ximena recorrió sus espacios de haceres colectivos: “Participé de grupos de trabajo y acompañamiento de proyectos de invernaderos para producción de alimentos para el autoconsumo y recreativos para niños en comunidades mapuches de precordillera en Neuquén. También participé de un proyecto de apoyo escolar en campo La Rivera, en un grupo sobre educación popular y pueblos originarios latinoamericanos en Argentina. Estuve en la Asociación de Docentes de Educación Especial de Córdoba, buscando el reconocimiento y jerarquización de la profesión en el ámbito de la salud como ejercicio esencialmente educativo”; y en la actualidad sigue participando de asambleas y debates docentes en general.

“Creo fuertemente que es parte de nuestra ética profesional buscar el respeto y reconocimiento de nuestros derechos como trabajadores. Y acá me detengo, antes de pasar a otra área muy distinta a las que menciono hasta acá, que paradójicamente todas se enlazan con el posicionamiento de la defensa de la educación como derecho y responsabilidad de la política pública. Y aclaro algo que a nadie sorprende en general y es que, en estas luchas, en estos espacios, la mayoría de las personas éramos mujeres. Y que la educación sea subestimada en términos de derecho laboral también tiene que ver con que históricamente haya sido tarea de mujeres. Y que hoy en día, quienes deciden y manejan las líneas que hacen que como trabajadores de la educación estemos en una situación tan precarizada en lo edilicio, material y monetariamente hablando, también son hombres. Creo y siento que esto es de las deudas más machistas que impregnan la política pública. Creo y siento fuertemente que derrotar este preconcepto es tarea y responsabilidad de todes, energías femeninas y masculinas en pleno equilibrio de sus naturalezas, en plena complementariedad. En todo caso, las luchas de poder son esencialmente humanas en su ambición, y lastiman fuertemente. Creo que tenemos que empezar por despojarlas de prejuicios que no le pertenecen en su esencia a la educación, como es la cuestión de género, por ejemplo, y entonces veamos qué se juega en ese poder y qué es lo que realmente tiene el poder en la educación. Personalmente creo que está en el saber, la educación se tiene a sí misma…, pero eso ya es otro tema”

ximena

 

Al igual que Carolina, Ximena también estuvo poniendo el cuerpo en una brigada de Río Ceballos, por los incendios que se iniciaron en la reserva de Los Manantiales. “La brigada es un espacio tradicionalmente masculino. Allí iniciamos 2 mujeres de 10 personas. Allí hay ojos sorprendidos de nuestras ansias por hacer, a la par, codo a codo. Allí hay construcción, allí no se siente el peso de los mandatos aún”, afirmó.

De su participación en el espacio de murgas plantea, en rasgos generales, la misma percepción y es “que todos los espacios están impregnados de machismo y feminismo en  todas sus formas y facetas, las que pulsan el crecimiento y las que no tanto”.

Y nos cuenta sus dos experiencias murgueras. “Una era una murga mixta, con mayoría de presencia femenina. Este espacio fue víctima de la línea que existe entre lucha por equidad de oportunidades y lucha de poderes. Cuando esta línea no es clara, las consecuencias pueden desdibujar tristemente los discursos. También participé en otra murga más tradicional, de calle, bien popular, mixta, donde las chicas bailan y los chicos tocan instrumentos. Yo no quería bailar, siempre quise tocar. Durante los primeros dos meses las mismas mujeres me cuestionaban por qué no bailaba. Cuando había que elegir la ropa… las chicas pollera, la banda pantalón. Pero yo quería poder vestir pollera, me gusta, ¿por qué con el instrumento no? Estas tensiones fueron escuchadas, valoradas, superadas. Siento que allí, fuera de las presiones de luchas con nombre y color como etiquetas ‘somos’ y siendo nos de-construimos y nos reconstruimos”.

Desde Red Eco nos interesaba saber cómo piensan y sienten este 8M desde su ámbito de participación, y si la pandemia y el aislamiento provocó cambios en sus formas de participar.

Para Carolina este 8M se da en un tiempo bisagra, “con cambios firmes y contundentes. Y en este tiempo de inflexión provocado por la pandemia, para mucha gente hace que se pueda visibilizar estas necesidades de actuar, logrando que se sumen muchas más personas y que sea muchas más la conciencia de un planeta que pide SOS”.

A Ximena, este 8M le genera muchos sentimientos encontrados: “Como mujer, como mamá de una nena, como hija, como hermana de una mujer, como amiga, como tía de una nena y de un nene, como compañera de un varón, como testigo social de las atrocidades en crecimiento cometidas los últimos dos meses… siento deseos de levantar la voz, de levantar mi puño no sólo para denunciar, para enaltecer a todas esas mujeres que se inmolaron para que hoy tengamos derecho de gritar, sino también para generar conciencia, para construir con ese otro desde la posibilidad de la empatía”. 

La situación de pandemia y aislamiento la invitó a frenar, a verse, a pensarse y a reposicionarse: “para darle entidad a lo que realmente me significaban estos espacios y de allí priorizar”.

Para finalizar, les pedimos que nos acerquen alguna reflexión acerca del rol de la mujer hoy; qué avances y/o retrocesos en su empoderamiento piensan que existen, desde sus  experiencias concretas.

“Sentirnos energías necesarias para un equilibrio que nos puede traer una convivencia posible. Desde allí, reconocernos en disputas de poderes que exceden el hecho de ser hombres y mujeres maravillosas, creo que puede reencauzar y evitar la dilatación de tensiones muy peligrosas. No creo que se construya justicia desde la rivalidad, no creo en la lucha desde el odio, no creo en la revolución unidireccional. Creo que el 8M debe poder celebrarse socialmente, no solo entre mujeres sino en pos de su fortalecimiento, valoración y reconocimiento como ser socialmente activo y en pleno ejercicio de sus derechos como ciudadanas de estos territorios y esto es un deber de todas, todos y todes”, aseguró Ximena. 

“Hoy por hoy la mujer no tiene techo. No creo en los impedimentos para poder lograr el cometido, cualquiera sea. Creo en el valor de nosotras como seres humanos firmes y decididas, eso hace que se nos tema. No creo en un retroceso de un empoderamiento, sólo que se nos combate para detenernos por temor a que superamos cualquier situación”, reflexionó Carolina.

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