Red Eco Alternativo ***

Escrache al genocida Miguel Ángel Ferreyro

Este domingo 15 de noviembre organismos de Derechos Humanos de la querella de Justicia Ya La Plata y las organizaciones de la Multisectorial la Plata, Berisso y Ensenada realizaron un escrache a un genocida y violador del CCD “El Infierno”, el cabo de la bonaerense Miguel Ángel Ferreyro, que está siendo juzgado por 40 casos de secuestros y torturas y una violación producidos en ese CCCD y como parte del juicio por las Brigadas de Banfield, Quilmes y Lanús. Reproducimos la crónica de Hijos La Plata.

Junto a los organismos de DDHH de la querella de Justicia Ya La Plata y las organizaciones de la Multisectorial la Plata, Berisso y Ensenada realizamos un escrache al genocida y violador Miguel Ángel Ferreyro, activo integrante de la patota de Miguel Osvaldo Etchecolatz por su actuación en la Brigada de Investigaciones de Lanús, con sede en Avellaneda, centro Clandestino de Detención conocido como “El Infierno”. El represor vive desde 1977 en la esquina de calle 24 y 466 de City Bell en un nada despreciable chalet con pileta y quincho, donde actualmente goza del beneficio de la prisión domiciliaria.

Según su legajo policial 80.890 Ferreyro revistó en la Brigada de Lanús con sede Avellaneda entre junio del ’75 y marzo del ’77.

En la segunda audiencia del juicio unificado por las brigadas de zona sur, Ferreryro se negó a hablar en la indagatoria, al igual que la mayoría de los represores allí juzgados. Además del carácter de torturador y asesino con ellos comparte el beneficio de la prisión domiciliaria. A Ferreyro se lo pudo ver atento a la lectura de la lista de víctimas por las que se lo acusa y se atrevió a criticar su contenido diciendo “¡este no estaba en la lista!”. La acusación debe ser ampliada por lo menos por los homicidios de José Rizo y Luis Adolfo Jaramillo, ambos sacados del “Infierno” para ser asesinados a fines de 1976 y cuyos restos ya han sido identificados por el EAAF. Para completar el cuadro Ferreyro solicitó en agosto pasado se le realicen estudios para apartarlo del juicio por cuestiones de salud.

La causa por el CCD “El Infierno” se elevó a juicio en mayo de 2017 e incluía a 8 represores por 62 víctimas. Entre la elevación y el inicio del juicio este año murieron impunes en el expediente el subjefe del Comando del Primer Cuerpo del Ejército Jorge Olivera Rovere, el militar y ex subjefe de la Policía Bonaerense Rodolfo Aníbal Campos, el comisario y subjefe de la Brigada de Lanús, Rómulo Ferranti y en julio pasado el jefe máximo del CCD, Bruno Trevisán. Con ello quedan en pie solamente las imputaciones contra el Director de Investigaciones Miguel Etchecolatz, el ministro de Gobierno Jaime Smart, el director de Investigaciones “Zona Metropolitana” Juan Miguel Wolk y el cabo de guardia de la Brigada, Miguel Ángel Ferreyro. Entre los años ´76 y ´78 revistaron más de 200 efectivos en la Brigada de Lanús, algunos de ellos procesados o condenados en otras causas como Norberto Cozzani, José Félix Madrid, Rubén Lavallén, Rubén Oscar Páez, Sergio Verduri y Roberto Cabrera. Todos ellos quedaron impunes en esta causa, al igual que su jefe Trevisán. Los crímenes cometidos en “El Infierno” tuvieron un primer juicio parcial en 2013 por los casos de los hermanos Carlos, Alejandro y Rodolfo Iaccarino, que resultó en condenas leves de 3 y 4 años para Trevisán y Ferranti por “vejaciones y severidades, los dejó en libertad con la domiciliaria con que llegaron al debate y consideró “legal” la detención de los hermanos en la Brigada.

El CCD “El infierno” funcionó en pleno centro de Avellaneda, a dos cuadras de la avenida Mitre, en la calle 12 de octubre N°234 de Avellaneda, donde hoy funciona un Espacio Municipal de la Memoria. El lugar era sede de la Unidad Regional II de la Brigada de Investigaciones de Lanús (URIIBIL), que dependía de la Dirección General de Investigaciones bonaerense dirigida por Etchecolatz. En la pirámide de este aparato represivo estaba el general de División Guillermo Suarez Mason, que estaba al frente del Primer Cuerpo del Ejército. Por tratarse de una brigada de investigaciones, muchos de los efectivos vestían de civil y se combinaban con personal militar para producir los secuestros.
Por el relato de los sobrevivientes hoy se sabe que el lugar tenía un acceso principal subiendo cuatro escalones, y un acceso para los detenidos por un garaje con portón metálico. A la derecha de un pasillo de unos dos metros de ancho estaba la sala de torturas. Había un patio con un cerramiento de barrotes a la altura del techo. Al fondo había cinco celdas con puerta ciega, con tres baños a la izquierda. Y arriba de las celdas había una pasarela para la guardia y probablemente otras dependencias. Nilda Eloy relató que estuvo detenida durante noviembre y diciembre del ’76 en este lugar, tras pasar por los campos de La Cacha, el Pozo de Quilmes, el Pozo de Arana y el Vesubio. Agregó que “traían mucha gente, se torturaba todos los días. Suponemos que era de noche. Había gente que traían exclusivamente a torturar y se la llevaban y a otra la dejaban ahí. “Nos turnábamos para poder sentarnos, porque no había lugar para nada. Allí se nos encapuchaba, nos ataban las manos y los pies. Las condiciones eran muy duras. Recibíamos agua cada cuatro o cinco días, pasaban una manguera por la mirilla, y nada más. Y la comida, en los dos meses que estuve, recibimos dos o tres veces algún plato”. También relató los delitos sexuales que sufrió reiteradas veces en este lugar y de los que participaba el cabo Ferreyro.
Nilda luchó durante años para que esta causa sea llevada a juicio, pero falleció antes de ver concretado el debate. El 28 de noviembre de 2001 sucedió un episodio que, una vez más, destaca el carácter luchador de la compañera de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos contra todas las imposibilidades que plantea la justicia. En el marco del Juicio por la Verdad la Cámara Federal de La Plata tomó declaración testimonial a Ferreyro, quien fue reconocido por Eloy por la voz como el cabo de guardia del CCD “El Infierno”. Hasta ese momento la justicia citaba a militares y policías como testigos o recurría a una figura intermedia –la declaración informativa– cuando se sospechaba que los que eran convocados podían haber participado de secuestros, desapariciones o torturas. En aquella oportunidad Ferreyro se excusó diciendo que no había estado más de un año en la Brigada de Lanús, cuando en verdad estuvo 21 meses como cabo de guardia en momentos de plena actividad del centro clandestino. Y al leérsele su legajo sólo atinó a decir “Le erré por un año”. En este caso, tras varias dilaciones del juez Manuel Humberto Blanco que se declaró incompetente y hasta quiso cerrar la investigación, los jueces Julio Reboredo y Ramón Durán decidieron considerar que Ferreyro debía ser indagado por el delito que denunciaba la sobreviviente. “Su voz me perturbaba pero hubo alguna palabra que dijo, una expresión que hizo que no me quedaran dudas y cuando los jueces le preguntaron el grado, yo lo dije antes de que él contestara: cabo de guardia, no tenía dudas”, dijo Nilda en aquella oportunidad. Ella no estará para ver a Ferreyro juzgado, pero allí nos haremos presentes para completar su lucha.

Desde HIJOS La Plata seguimos reivindicando la herramienta del escrache como constructor de la condena social que merecen los genocidas, ante la desidia del Estado que ha transformado a los juicios de lesa humanidad en una mera formalidad.

Imagen: Juan Cicale

 

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