Red Eco Alternativo ***

Con un oído en la deuda

El 4 de agosto de 1976, murió el obispo Enrique Angelelli, a la vera de una ruta desierta en la provincia de La Rioja. Pasaron 7 años hasta que otro obispo, Jaime de Nevares, pudo viajar a La Rioja y afirmar ahí, en voz alta, lo que hace tiempo todo el mundo sabía: que el obispo Angelelli no murió en un accidente, sino que fue asesinado. Tuvieron que pasar otros 31 años hasta lograr que un Tribunal Federal condenara a los militares Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella, por ese crimen contra el “obispo de los pobres”. 

Tal vez sea solo una de esas casualidades permanentes, el hecho de coincidir un nuevo aniversario de ese crimen, con el anuncio de parte del gobierno argentino que llegó a un acuerdo con los tres grupos de tenedores de bonos a quienes se viene cediendo cada vez más, ante sus amenazas constantes.  Un acuerdo de pago que demasiadas voces salen hoy a celebrar, llamándolo cualquier cosa menos lo que es: un indignante acuerdo que sujeta al pueblo argentino y la naturaleza, a continuar pagando una deuda fraudulenta, ilegítima y odiosa que no solo nunca les benefició, sino que les ha perjudicado y les va a seguir perjudicando terriblemente. 

¿Cuánto tiempo más tiene que pasar hasta que el crimen de la deuda pueda llamarse por su nombre, y la impunidad con que sigue saqueando, contaminando y esclavizando al país entero pueda llegar a su fin? ¿Cuánto tiempo más hasta que el silencio de tantes, la cobardía, los miedos, sean arrasados por la ira de un pueblo cansado de que se le saca el pan de la boca para darle a quiénes no le alcanza la boca para lo que su apetito usurero acumula? Escuchar el cinismo sin límites de los elogios al acuerdo de parte del FMI y de Luis Caputo, dos de les responsables directos y beneficiarios de las graves violaciones a los derechos humanos provocadas por este sistema de deuda perpetua, debe ser suficiente motivo para que otres escondieran su claudicación o por lo menos atemperaran su entusiasmo.

“Con un oído en el pueblo -decía siempre el obispo Angelelli- y el otro en el Evangelio.” Dándolo una interpretación laica a su dicho, podríamos resaltar el sentido que evoca del amor al prójime, de la justicia, incluso de la admonición jubilar de cancelar las deudas, de liberar a quienes fueron presos o esclavizados por las mismas y de devolverles sus tierras, su sustento diario, que la deuda y les endeudadores, les habían arrebatado. 

Es difícil imaginar al obispo Angelelli saludando hoy este enésimo acuerdo de pago como un paso positivo para el pueblo necesitado de la Argentina. 

Es más fácil imaginarle animando a quienes se organizan construyendo una economía solidaria al servicio de los derechos de ese pueblo hambriento en vez de los intereses especulativos. O acompañando al pueblo levantado, como en Famatina, para echar a las megamineras que el acuerdo va a seguir promoviendo, a fin de obtener las divisas que exige la deuda eterna. O bien, participando en estos días en el Juicio Popular a la Deuda y al FMI, en cuyos Foros de Denuncia se levantan las voces de nuestro pueblo para llamarle al crímen de la deuda por su nombre.  Enrique Angelelli, ¡Presente! 

 

-4 de agosto de 2020, Diálogo 2000-Jubileo Sur Argentina-- 

 

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