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Ofrecen testimonio de testigos calificados en la causa Vicentín

En el marco de la causa por privación ilegitima de la libertad en la empresa, que investiga el fiscal Roberto Salúm de la Fiscalía de Reconquista, la Liga Argentina por los Derechos Humanos pone a disposición de la Justicia los testimonios de José Ernesto Schulman, que compartió cautiverio con detenidos de la empresa, y Carlos Del Frade, diputado provincial de Santa Fe y autor de decenas de libros sobre la historia económica social de la provincia.

Reproducimos comunicado de la Liga Argentina por los Derechos Humanos:
El fiscal Salúm, encargado de la Causa 50 sobre los hechos de genocidio en el norte de Santa Fé, reabrió la investigación sobre la responsabilidad empresaria en la represión ilegal. De la investigación se desprende que un grupo de trabajadores -cuyo número aún es incierto- fueron secuestrados ilegalmente entre enero y noviembre de 1976. Algunos fueron secuestrados adentro de la fábrica, en la localidad de Avellaneda, mientras cumplían su turno de trabajo. Otros en sus domicilios y hasta en la vía pública, en la ciudad de Reconquista. No se sabe cuantas personas participaron de esos operativos ni tampoco a que fuerzas de seguridad reportaban.

Con el paso del tiempo, los trabajadores consiguieron liderar el gremio, un hecho que generó una gran molestia para la patronal. Desde la conducción del gremio dictaron nuevas reglas que impedían a los patrones arreglar a su conveniencia con la burocracia sindical para continuar con la explotación de los obreros.

"Se trata de una causa nueva, con un expediente diferente. Se esté investigando la participación de directivos de la empresa en los hechos. Aunque por el paso del tiempo no hay directivos que puedan ser juzgados. Este directorio no es el mismo de entonces, y los que participaron en aquella época están alejados o son ancianos", explicó Alejandro Córdoba, referente de la Liga en Reconquista. Uno de los directivos aún vivos es el señor Hector Vicentín, quien hizo declaraciones públicas a favor de la empresa durante las manifestaciones del pasado sábado 19 de junio que violaron el aislamiento social preventivo y obligatorio.

"Fuimos promotores de esa causa como querellantes y a través de nuestra filial Reconquista, vamos a reactivar nuestro rol. Vamos por todos los responsables del genocidio, vamos por el poder económico financiero exportador mafioso", señaló José Schulman, secretario general de la Liga Argentina por los Derechos Humanos.

Secuestros, golpes y torturas
Los secuestros se enmarcan dentro de una serie de hostigamientos y persecución laboral que por su desempeño gremial venían sufriendo los trabajadores de la empresa, en el marco de la represión ilegal perpetrada por la última dictadura cívico militar. A Efrén Venturini, delegado general, lo señaló el jefe de personal, el señor Tonietti. También se llevaron a Adelqui Gavirondo, Estanislao Zunini, Eldo Zorat, entre otros. Los detenidos integraban la Comisión Directiva y el cuerpo de delegados.

Los primeros en ser secuestrados fueron Oscar Zarza, Anibal Gall y Oscar Ortiz, en enero de 1976. Los 3 pertenecían al gremio Aceitero de Reconquista. Zarza relata que “la detención vino de adentro de la fábrica. Nos llevaron a la Jefatura de Reconquista, de ahí a la Brigada Aérea y esa noche, junto a unas 40 personas – hombres y mujeres- nos metieron a patadas y bastonazos en un colectivo que nos dejó en la Guardia de Infantería Reforzada de Santa Fe”. Allí fueron golpeados, torturados con picanas y liberados luego de unos 15 días. Anibal Gall, en cambio, estuvo detenido hasta que finalizó la dictadura.

En noviembre, la situación se volvió más complicada y se produjeron nuevos secuestros. Entre el 2 y el 4 de ese mes, camino a la fábrica, en su entrada o dentro de la misma, secuestraron nuevamente a Zarza, y además también a Venturini, Gavirondo, entre otros varios trabajadores de Vicentin.

Oscar Zarza, Anibal Gall y Efrén Venturini recuerdan como la fábrica los denunció antes de ser secuestrados y la policía los encarceló luego de haber organizado una huelga a principios de la década del 70. Una vez libres, los trabajadores continuaron con su lucha. Efrén Venturini y Oscar Zarza recuerdan como Vicentin realizaba inteligencia sobre ellos: “Nos reuníamos en el salón de la parroquia, organizándonos para ganar el gremio de los aceiteros y desmotadores. Las policía de civil nos espiaba por los techos, nos espiaban en nuestras casa y se infiltraban”.

Venturini cuenta que estaba trabajando en la embocada de semillas de algodón, con barbijo, en short y en cuero. Eran las 11 de la mañana cuando lo chuparon para meterlo en el circuito del terror que empezaba en Avellaneda y terminaba en Coronda. Estuvo 10 días desaparecido. Primero, lo llevaron a la comisaría de Avellaneda, donde le pegaron y le robaron su primer reloj. Después, encapuchado, lo llevaron a la Jefatura de Reconquista. Ahí los ataron a todos y, en la madrugada, los metieron a patadas en un camión y los llevaron a la ciudad de Santa Fe.

Efrén relata su calvario particular. La tortura en la ex Policía Caminera lo dejó muy lastimado, permaneció tres o cuatro días tirado hasta recuperarse. Pero siguió padeciendo torturas, para finalmente ser llevado a la Guardia de Infantería Reforzada. Después lo llevaron a Coronda, desde donde como a tantos otros lo llevaron a la comisaría 4ta de Mario Fasino, para seguir torturándolo.

Heraldo Salvador Sinchez también reconstruye y desenmascara la estrategia para boicotear la organización sindical. A Sinchez le llegó el telegrama de despido el mismo día que lo secuestraron: “De la jefatura de reconquista me llevaron a la Base Aérea, donde me torturaron por días, después a la GIR, había muchos obreros de Vicentin ahí. Al mes me largaron”

El 5 de noviembre, un día después del secuestro de los trabajadores y representantes gremiales, la fábrica les envió un telegrama para que se presentaran a trabajar en 24 horas, so pena de ser despedidos. Esta estrategia fue usada por otras empresas que trabajaron con la dictadura para eliminar la resistencia obrera a la explotación.

“Ellos sabían que estábamos desaparecidos, nos llevaron de la fábrica misma”, dice Efrén Se trató de una estrategia patronal para librarse de los obreros “problemáticos” y, a la vez, ahorrarse una fortuna en indemnizaciones.

Hoy, Efrén Venturini tiene 70 años. Sobrevivió a la dictadura y vive en Ushuaia. Se casó con Ana, que lo esperó, lo buscó, lo visitó y juntos criaron siete hijos. Fue denunciante en la CONADEP y está esperando los juicios sobre la responsabilidad de los empresarios Vicentín en los delitos de lesa humanidad cometidos contra él y sus compañeros.

Los trabajadores de Vicentin que se animan a hablar, y los que aún no se animan, fueron parte de un plan sistemático desarrollado en conjunto por empresarios con el gobierno de facto para desarticular el funcionamiento de los gremios y así quebrar la voluntad de quienes se organizaban contra la explotación.

 

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