Red Eco Alternativo ***

Crónicas del juicio - Día 4 - Hemos visto morir

En la cuarta jornada de audiencias por la Masacre de Pergamino comenzaron a declarar los sobrevivientes. El relato de los tres testigos del día concluye en el mismo punto: la policía no hizo nada para salvar a los siete detenidos de la celda 1. Por su parte, la estrategia de la defensa fue intentar buscar contradicciones en los testimonios de cada uno. El martes seguirán declarando testigos directos, sobrevivientes de la masacre. (Por El Diario del Juicio*)

El cielo de Pergamino luce encapotado y la lluvia cae gruesa y helada. En la plaza San José, frente al Poder Judicial de Pergamino, no se ven las banderas negras con el 7 rojo y grande. Empiezan a aparecer remeras blancas con rostros en el centro: Federico Perrotta, Sergio Filiberto, Fernando Latorre, Alan Córdoba, Franco Pizarro, Juan José Cabrera, Jhon Claros. No es su presencia física la que merodea el lugar, sino su recuerdo encriptado en esas remeras, en la memoria de las madres que de a poco empiezan a ingresar al recinto del Tribunal Oral en lo Criminal N°1, donde la semana pasada declararon las familias de los 7 pibes. Ese mismo recinto, lleno en su totalidad, comienza a escuchar las palabras de los sobrevivientes, testigos directos de lo acontecido en la Comisaría 1º de Pergamino en la tarde del 2 de marzo de 2017.

“Nos tiramos al piso con la sola intención de esperar”
Pasadas las 10 de la mañana, y luego de una breve introducción por parte de los jueces Miguel Gaspari, Guillermo Burrone y Danilo Cuestas, el primer testigo se hace presente: dice que ingresó a la comisaría el 27 de febrero -4 días antes del incendio-, que estuvo alojado en la celda 2, contigua a la celda 1 en la que estaban los 7 pibes por los que hoy se pide justicia. “Cuando entré sentí que había un ambiente tranquilo, de amistad y armonía entre los detenidos. Éramos casi todos jóvenes y de la misma edad. Me recibieron bien y nunca nadie me increpó. Había comentarios de maltrato por parte de los policías pero yo no lo viví”, fueron sus primeras palabras ante la pregunta del fiscal Nelson Mastorchio. Consultado por los eventos de ese día, el testigo indicó: “Ese día fue normal, estaba todo tranquilo. En un momento, veo que trasladan a Juan José Cabrera, que estaba en una celda aislado, a población. Yo me encontraba en la celda 3 jugando a las cartas y de pronto ingresaron los policías a decirnos que debían engomarnos (encerrarnos)”. Sobre por qué fueron encerrados, expresó: “Nos dijeron que hubo una pelea. Yo no escuché ni vi nada… nos encierran con dos candados. Siempre solían encerrarnos alrededor de las 23, pero ese día fue mucho más temprano. Así que, ante eso, empezamos a protestar, a gritar fuerte y a patear las rejas para hacernos escuchar. Teníamos mucha impotencia y creíamos que era injusto. Solamente queríamos una explicación”. La atenta mirada de los jueces se refleja en las declaraciones. Los policías imputados intercambian miradas y susurros ante un recinto hermético; es la primera vez desde el comienzo del juicio que se dan detalles desde adentro.. “Entre las protestas, de la celda 1 voló un pequeño pedazo de colchón que hacía humo. El fuego que tenía era diminuto, muy chiquito. Era solamente para que los policías se acerquen, pero nadie vino. Llegó un momento en el que ese humo nos empezó a asfixiar y gritábamos desesperados al ver que no había respuestas. Todos gritábamos. En un momento, se cortó la luz y entramos en pánico. De a poco nos empezamos a callar porque nos era imposible respirar. Nos tiramos al piso con la sola intención de esperar”, argumenta mientras se le quiebra la voz. Frena, solloza y sigue, “en mi celda había una persona mayor que respiraba por la hendija del inodoro. Yo lo apantallé y le tiré agua. Escuchábamos tos por todos lados, y de un momento para el otro, solo silencio”. Le acercan un pañuelo, le cuesta proseguir. Toma agua y respira hondo. “Les gritábamos a los de la celda 1, pero nos fueron dejando de contestar. Eso nos desesperó. Yo me mojaba la remera y me la ponía en la cara. Hacía muchísimo calor. Estaba sin aire y ya no podía respirar. En ese momento me pongo a orar, a clamar a Dios, y se abrieron las rejas”. Se quiebra otra vez. El juez se toma la cara y mira a la totalidad del auditorio. En la sala, los familiares acompañan con lágrimas. Recompuesto, el sobreviviente sigue el relato: “Cuando salimos al patio trasero nos empiezan a pegar. Nos tiraron al piso, nos pusieron los ganchos y me patearon y me pisaron la cabeza. Yo tenía cortes en el cuerpo de los focos que estallaron. Fue todo muy caótico”. Ante la consulta de la doctora Carla Ocampo Pilla sobre las secuelas que le dejó lo ocurrido, el testigo sentenció: “Los primeros tiempos fueron muy duros. No salía, no quería hablar con nadie. No paraba de pensar que yo siempre quise estar en la celda 1 porque ahí tenía a un amigo” .Vuelve a llorar y se reincorpora: “Sergio Filiberto era una persona alegre, graciosa, de un corazón enorme. Todos lo apreciaban. Perdí a un gran amigo”, finaliza, mientras la defensa despliega la estrategia que usará durante toda la audiencia: intentar, con palabras difíciles y formulaciones complejas, confundir a los testigos para generar omisiones y contradicciones.

“Tuvieron tiempo a todo, no quisieron frenarlo”
Después del cuarto intermedio convocado por el jurado, es el momento del segundo testigo, también sobreviviente de la masacre. Detalla haber ingresado el mismo 2 de marzo, cerca de las 15:00, bajo la carátula de “Resistencia a la autoridad”, y haber sido alojado en el pasillo de contraventores, desde donde tenía visión diferente de los hechos: “Desde donde estaba veía todo, tenía visión de toda la comisaría. Pude ver cuando tiraron el primer pedazo de colchón. En ese momento, la oficial Guevara -la señala- me pasó dos botellas de agua. Le pregunté por qué no abrían y me dijo que no podían porque no estaba el jefe. Ella estaba uniformada y tenía cara de miedo. Cuando tiraron el segundo pedazo, ya no había nadie. Nos dejaron solos”, afirma mientras Carolina Denise Guevara, la oficial señalada, hace una mueca nerviosa, se frota las piernas y mira hacia abajo. Durante su declaración, el testigo hace hincapié en la acefalía en la comisaría apenas prendió el primer foco de incendio: “Al principio, los policías estaban viendo todo. Se escuchaba a los pibes gritar pidiendo por favor que los auxiliaran, que se estaban muriendo. Después, ya no había nadie. Tuvieron tiempo a todo, se podría haber evitado”. El recinto se muestra más vacío que al principio. Algunos familiares de los policías imputados se retiran, los abogados Torrens y Alba intercambian miradas risueñas e irónicas. Por detrás, Alexis Miguel Eva toma nota en un cuaderno y Matías Exequiel Giulietti se hunde en su asiento, como si deseara desaparecer de la sala. “Desde que ocurrió todo hasta que llegaron los bomberos pasó más de media hora. De hecho, cuando llegaron, los chicos ya habían muerto. Tuvieron tiempo a todo pero no quisieron frenarlo”, sentenció antes de levantarse y retirarse por la puerta trasera.

“Le escribí que nos ayude, que nos estaban dejando morir”
Cerca de las 13 horas, y ante la atenta mirada del presidente del tribunal Guillermo Burrone, ingresa el tercer y último testigo de la jornada. Explica que ingresó a la comisaría en enero, después del día 20, por lesiones graves, y que hasta una semana antes del hecho estuvo en la celda 1 pero que se cambió a la celda 2 porque tenía conocidos. En su intento por rearmar lo que ocurrió ese día, el testigo indicó: “Eva –Alexis Miguel- trasladó a Cabrera –Juan José- de la celda aislada a la población (sic). Yo estaba durmiendo y escucho que Cabrera y Alan Córdoba se estaban peleando. Se peleaban por deporte. Ambos sangraban. Cuando terminó la pelea se abrazaron y se pusieron a tomar mates. A los minutos, ingresaron Eva y el morocho y nos encerraron en las celdas con candados”. El presidente del tribunal pide que “el morocho” sea identificado: el sobreviviente marca a Sergio Ramón Rodas como acompañante de Alexis Miguel Eva. Ante la consulta reiterada en los otros testigos sobre la utilización de un celular (negro, táctil, de marca Samsung, según corroboraron en el acta), el testigo confirma que es suyo, que él lo ingresó porque no fue requisado. También se adjudica la autoría del vídeo que muestra parte del incendio. El tribunal reproduce el material (que ya había sido mostrado la semana anterior y esa mañana al primer testigo) para que lo confirme. En ese momento, varios familiares de los pibes deciden retirarse o taparse las caras, mientras que, sorpresivamente, el policía imputado Sergio Rodas decide hacer lo propio y abandonar la sala. Luego del vídeo y la reconfirmación de su autoría, el testigo indica: “Del celular le mandé mensaje a mi pareja pidiéndole auxilio porque nadie nos respondía. Le escribí que nos ayude, que nos estaban dejando morir. Después de eso, pude atender a la hermana de Jhon pero no pude hablar, no me acuerdo mucho de ese momento […] ese día el imaginaria (al que llamaban Rojitas) estaba ahí pero después desapareció. De todas maneras, Eva –Alexis Miguel- era el encargado de las llaves. Ese día y siempre. A los imputados los vi a todos antes del fuego. Después no hubo nadie, ninguno de ellos nos socorrió. Imagínense que, cuando todo terminó, nos sacaron de las celdas a los golpes y nos tiraron en el patio interno. Ante la pregunta de la salud de los compañeros de la celda 1, nos dijeron que estaban en el hospital, que los habían auxiliado primero, pero resulta que cuando volvimos a entrar, gracias a la luz que había en el pasillo de contraventores, vimos que los cuerpos estaban ahí, todos amontonados. Nos habían mentido”.

-¿Tuviste secuelas después de lo que ocurrió ese día? -consulta la querella.
-Sí, tuve secuelas muy grandes. Fue duro. Yo tenía amigos. Los chicos lo eran. Convivíamos todos ahí. Hoy trato de no recordar porque es triste. Sólo quiero imaginarme a los chicos con una sonrisa.”

Después de cuatro horas de testimonios e indagatorias concluye la cuarta jornada del juicio que tiene a seis ex policías imputados por abandono de persona seguido de muerte. Todas las partes de la sala se levantan: el tribunal, la defensa, la querella y las familias ubicadas a ambos lados abandonan la sala.

Texto y fotos: Andres Masotto y Martín Parolari (Radio Presente)
Edición: Rodrigo Ferreiro (La Retaguardia) y Antonella Alvarez (FM La Caterva)

*Este diario del juicio a los policías responsables de la Masacre de Pergamino, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, FM La Caterva, Radio Presente y Cítrica. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguimos diariamente en https://juicio7pergamino.blogspot.com

 

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