Red Eco Alternativo ***

El encierro como castigo ejemplar

Al borde de las lágrimas, sin saber muy bien qué decir, una chica y un chico se pararon frente a un montón de desconocidos que participábamos de una actividad cultural y nos recordaron que hay un compañero que no la está pasando bien, que está preso desde hace 9 meses después de una de las represiones y cacerías más grandes de este gobierno, en el marco de la sanción de la reforma previsional. S.N. para Red Eco Alternativo

(S.N. para Red Eco) Buenos Aires- El compañero es Diego Parodi, uno de los detenidos durante la jornada del 14 de diciembre pasado que aún sigue preso. A Diego lo conozco, pensé. Diego hace free style, rapea con mucha creatividad y nos cruzamos en varias actividades. Pero él está preso y yo no. Conversamos sobre el tema con mi compañera y averiguamos para ir a visitarlo al penal de Marcos Paz, porque tiene habilitadas las visitas de Derechos Humanos.

Nunca había ido a un penal. Me imaginaba rejas y edificios negros y desgastados como en las películas, policías y guardia cárceles con caras de malos. Me imaginaba ver muchos presos en una gran sala común. Me imaginaba.

Pero fue un día soleado y Marcos Paz está alejado, muy alejado, en un contexto rural. Casi una tarde de campo. Pero de campo de concentración. Marcos Paz es una cárcel, donde las madres y hermanas llevan una torta para el cumpleaños del hijo preso, pero no les permiten entrar con la vela y ellas se resignan en el medio de bolsas con elementos básicos para la supervivencia en ese entorno.

Después de dejar nuestras pertenencias, pasar la requisa y tener todo nuevamente embolsado en bolsas genéricas transparentes llegamos a la puerta de la unidad donde está Diego. Es la 3, la tres, la III. Nos recibe un señor que pretende escribir nuestros nombres en un pedazo de papel cortado con el borde de la mesa. No se preocupe señor carcelero, acá tenemos nuestro permiso de entrada donde puede leer bien nuestros nombres. Igual no nos vamos a perder, quédese tranquilo.

Lo llaman a Diego y me imagino que no lo encuentran fácil, me imagino un laberinto de celdas donde nadie sabe quién es quién. Pero para mi sorpresa a los pocos minutos aparece. Saben quién es. En el medio tuvimos tiempo de reordenar las mesas y sillas del cuarto que dispusieron para nosotros. Cuando entramos había una mesa al lado de la otra, mesas chicas como de escuela, con 5 sillas de un lado y una silla del otro. 5 sillas iguales frente a 1 diferente. Movimos las mesas en ronda con las sillas alrededor y abrimos la gaseosa y facturas para compartir. Esto no es un tribunal, somos compañeres.

Tiene el pelo más corto y prolijo pero desprolijo. Y está más flaco, y tiene una sonrisa débil. Es su sonrisa, tal como la recordaba, pero débil. La está pasando mal, como el resto de los que están ahí adentro.

Entre charla y charla nos lee una carta que escribió, en la que cuenta qué le está pasando. Durante su estadía en la cárcel Diego fue papá, papá de una nena que nació y falleció, y él no pudo compartir ni la alegría inicial ni tan profunda tristeza con su compañera. No pudo estar.

A pesar de la tristeza enorme por lo ocurrido, no se olvida que está ahí porque el Estado encarcela a los que actúan diferente, no se olvida que no está solo porque estamos todos oprimidos por el sistema. En su carta dice: “Me negaron a vivir libre, acompañar a mis seres queridos, a ver nacer a mi beba. Esto no solamente me pasa a mí, muchos también tienen sus historias de seres queridos asesinados por la Policía, Gendarmería, Prefectura, la cárcel; baleados, "suicidados", desaparecidos en nombre de la ley, el orden, los deberes, los derechos y las libertades democráticas.

La China Cuellar, Luciano Arruga, Santiago Maldonado, Diego Villareal, Rafael Nahuel, Facundo de Tucumán, con 12 años de edad baleado por la policía, el abuelo que se suicidó en Mar del Plata por la jubilación de hambre, el pibe que fue ejecutado en Parque Patricios adentro de su camioneta por Prefectura, y tantxs otrxs más en la misma situación, como el pibe de 13 años con un tiro en el pecho de algún cobarde que le dispara a un niño que saquea un supermercado pero que vota cada 4 años a quien lo saquea menos durante esos años, y si nuestras vidas no valen nada, la de todos estos verdugos tampoco. ¿Qué esperaban de las condiciones de vida en las que vivimos?”

Diego es uno que es él pero puede ser cualquiera. Cualquiera de nosotros que está en el lugar correcto por los motivos correctos y es señalado, es marcado y se convierte en blanco de los verdugos.

 

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