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La necesidad de comprender la naturaleza de lo que se juzga

En la tercer semana del juicio por el crimen de Floreal “Negrito” Avellaneda, que se desarrolla en los Tribunales de San Martín, declararon la madre, el padre , su hermana y su tía además de varios vecinos testigos de la nesfasta noche del operativo en que se llevaron a Isis y al Negrito. Aqui un resumen de los testimonios.

(Oliver Reboursin – Red Eco) Buenos Aires - Finalmente, en la mañana del pasado lunes los integrantes de la familia del Negrito Avellaneda pudieron volver a prestar declaración testimonial sobre lo ocurrido el 15 de abril de 1976.
Esta vez lo hicieron ante un tribunal oral que, esperan, condene con el máximo rigor a los autores mediatos e inmediatos del secuestro, tortura y asesinato del joven de 15 años, delitos por los que se juzga a algunos de los militares y policías que, en tiempos de la dictadura, oficiaban como amos y señores del centro clandestino de detención y exterminio que funcionara en Campo de Mayo y en las dependencias policiales de sus alrededores.
La jornada cargada de emoción y tensiones, de recuerdos pero también de voluntad militante, había movilizado desde temprano a centenares de personas hacia la sede de los tribunales de San Martín. Allí pudo verse a Patricio Echegaray del Partido Comunista; a Alejandro Forni de la Federación Juvenil Comunista; a la diputada y representante del Poder Legislativo ante el Consejo de la Magistratura, Diana Conti; a la Presidenta y al Secretario de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, Graciela Rosenblum y José Ernesto Schulman; al presidente del Concejo de San Martín, Juan Callegher, y a diversos dirigentes y representantes del movimiento de Derechos Humanos tales como Mirta Baravalle y Nora Cortiñas de Madres de Plaza de Mayo (Línea Fundadora), Adriana Calvo de la Asociación de Ex Detenidos – Desaparecidos, y Ana María Careaga, Directora Ejecutiva del Instituto Espacio para la Memoria. Afuera, pese al frío y la lluvia, todos los que no pudieron presenciar la audiencia por encontrarse colmada la sala, agitaban con consignas contra la represión de ayer y hoy. Contra el vallado dispuesto por la Policía –que una vez más mostró un inusitado despliegue en cuanto a cantidad de efectivos presentes y armamento que portaban - en la puerta del Juzgado, se pudo ver infinidad de banderas rojas del Partido Comunista y la juventud comunista, del Movimiento Territorial de Liberación, de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, y de agrupaciones políticas, estudiantiles, gremiales y organizaciones barriales que mostraron su apoyo a la campaña por el juicio y castigo a los asesinos del “Negrito”.
Con declaraciones cargadas de emoción, Iris Pereyra de Avellaneda en primer lugar y su compañero Floreal rememoraron no sólo el terrible día en que la patota irrumpió en su hogar de Munro, sino también hablaron de la historia política de la familia y su compromiso, y de la militancia de su hijo el “Negrito” asesinado en Campo de Mayo.
Sin embargo, la presidenta del Tribunal, Lucila Larrandart, prefirió utilizar el esquema que muchos otros funcionarios judiciales intentan: analizar el caso y el relato como propio de un mero hecho delictual susceptible de ser sometido a las reglas del juicio penal ordinario y sin asumir que lo que aquí se juzgan –morosa y fragmentariamente- son crímenes de Estado, parte de un plan criminal de carácter político ideado por los sectores del poder locales y aquellos situados allende nuestras fronteras.
Esa errónea y peligrosa visión se evidenció en su constante intento de cortar la declaración de Pereyra de Avellaneda cada vez que comenzaba a detallar los pormenores políticos y represivos de la época, o cuando no le permitió al Fiscal García Berro la posibilidad de preguntar si la “búsqueda” de Floreal por parte de la patota se debía a su militancia gremial, actitud que tuvo también la jueza para con el abogado querellante de Justicia Ya Luis Bonomi, quien quiso saber si había otros desaparecidos entre los trabajadores de la empresa metalúrgica Tensa, donde Floreal tenía una reconocida y respetada tradición de lucha como delegado.
Las fallas de Larrandart, no solo abarcaron el tema mencionado. Sus malos tratos a las víctimas del terrorismo de Estado y otros testigos que prestaron declaración el día lunes, evidenciaron que sus modales para con sus colaboradoras en el estrado –más de una vez corrigió de mala manera a las secretarias encargadas de leer partes de la causa en las primeras audiencias- suelen extenderse a testigos y abogados tanto de la acusación como de la defensa. En ese sentido, la jueza mostró incluso algo que algunos definieron como una “sobreactuación de la imparcialidad” que permitiendo la repregunta indiscriminada de la defensa, logró que en su testimonio, la madre del Negrito se pusiera nerviosa e incurriera en algún tipo de contradicción menor.
El intento de los abogados querellantes como Pedro Dinani de la Liga Argentina por los Derechos  del Hombre de reclamar una conducción distinta del proceso fue desairado por Larrandart quien afirmó “si tiene una petición hágala, y el Tribunal resolverá” con cierta sorna.
El mecanismo de la pregunta reiterada pese a haber quedado claros los dichos de los testigos generó indignación y cuchicheos desaprobatorios en la mayor parte del público presente. Entre ellos, Adriana Calvo sobreviviente del terrorismo de Estado y testigo acusatorio de la Causa 13 se retiró de la sala con lágrimas en los ojos afirmando a los medios que es inadmisible el nivel de revictimización al que fue sometida Iris “una mujer de setenta años, que fue secuestrada y torturada y que exige en el juicio saber quien asesinó a su hijo”. La desaprobación generalizada cada vez que se preguntaba algo que ya había sido contestado, hizo que Larrandart amenazara más de una vez con hacer desalojar la sala, cosa que no ocurrió.
En definitiva, cuando ya se han cumplido cinco audiencias en el juicio, lo que queda claro es la necesidad de que los juicios por crímenes del Terrorismo de Estado se lleven a cabo siguiendo criterios distintos a los establecidos por las normas procedimentales generales. Esto ya ha sido advertido por diversos sectores, en primer lugar el movimiento de Derechos Humanos que ha llegado a plantear a distintas instancias del poder estatal –tales como la Corte Suprema, el Consejo de la Magistratura y el Poder Ejecutivo- la necesidad de adoptar criterios que no solo unifiquen y aceleren los procesos sino la adopción de nuevos modos de prueba y tramitación que reconozcan la voz de los sobrevivientes como principal herramienta para la garantía de la memoria, la verdad y la justicia. Pero también funcionarios como el Juez Carlos Rozanski quien preside el Tribunal Oral Federal de La Plata que condenó a Miguel Etchecolatz y Christian Von Wernich por sus crímenes “en el marco del genocidio ocurrido en la Argentina” ha dicho en varias oportunidades que si no se supera el esquema del juicio tradicional, no hay justicia en relación a los crímenes del Terrorismo de Estado.

Las declaraciones de Iris y Floreal Avellaneda
Iris Pereyra de Avellaneda juró decir la verdad ‘por los treinta mil desaparecidos’, frase que provocó aplausos del público y la primera de varias amenazas de la presidenta de desalojar la sala. En su relato señaló que el hombre que entró en su casa a cara descubierta y a quien llamaban ‘Rolo’, era quien dirigía el operativo y el mismo que la torturó en la Comisaría de Villa Martelli y en Campo de Mayo, donde éste le hizo simulacro de fusilamiento. A su vez, y con la voz notoriamente afectada por el dolor, contó la última vez que escuchó la voz de su hijo cuando lo llevaron ante ella tras ser ambos torturados. En ese momento, él le pidió que dijera que su padre había escapado y que no sabía dónde estaba.
Con gran capacidad de detalle pese al largo tiempo transcurrido explicó los pormenores de su cautiverio, las torturas a las que fue sometida por sus captores tanto en la sede policial donde, encapuchada, escuchó la frase “Comisaría de Villa Martelli, buenas noches” y en Campo de Mayo. Contó además que pudo saber que estaba en ese lugar porque una vez allí, pudo correrse la venda cuando la llevaron al baño y espiar el exterior, viendo los chalets, los caniles y los perros; luego se enteró que ese lugar era el denominado “El Campito”.
Contó además que en los últimos días de su detención en Campo de Mayo, antes de que la dictadura decidiera “blanquearla” y mantenerla presa a disposición del PEN sin causa ni proceso durante dos años, “Rolo” le hizo un simulacro de fusilamiento. Le dijo que pidiera tres deseos; sólo preguntó por su hijo, a lo que éste respondió: “No preguntes más porque ya lo reventamos”. Entonces sólo quiso que la mataran, “¿Para qué seguir viviendo?” Le gatilló dos veces, y el mismo torturador la empujó hacia otro, diciendo: “Tomá, con los comunistas no se puede.”
Enfrentando con valentía los embates y repreguntas de la defensa, Iris exigió del tribunal el respeto a quien ha debido luchar durante treinta y tres años para obtener respuestas acerca del aberrante asesinato de su hijo. Al terminar su declaración, Iris bajó del estrado con un cerrado aplauso de los presentes. El grito de “bravo Iris” resonó una y otra vez en la sala.
A continuación, Floreal Avellaneda juró “por aquellos luchadores que han entregado la vida por una sociedad justa”, arrancando nuevamente aplausos al público presente. Reiteró entonces los hechos relativos al brutal allanamiento desplegado por los represores contó que intentaron fugarse juntos con el Negrito y que este llegó a alcanzarle los zapatos por la ventana, pero que en ese momento una persona trepada a los caños que había en la calle comenzó a dispararle, por lo que ordenó a su hijo que se tirara cuerpo a tierra dentro de la casa, lo que permitió que los invasores lo capturaran.  
Más tarde enhebró su historia política, contando que se afilió al PC a los trece años; que sus padres también eran luchadores, e hizo un racconto de su vida laboral y la actividad gremial de ésta derivada. Señaló que su hijo Floreal se afilió a la FJC en 1973, justo treinta años después de su propia afiliación.
Rescató la valiente labor de Julio Viaggio, abogado de la LADH, quien pidió los informes dactiloscópicos y las fotografías del cuerpo del Negrito cuando se enteraron del hallazgo del mismo a orillas del Río de la Plata en las costas uruguayas. Y señaló que fue en ese momento cuando supo que lo habían asesinado por empalamiento.
Terminó su declaración diciendo que hubo una metodología para imponer el sistema neoliberal en el país y agregó: “Yo creía que mi hijo era uno de los más jóvenes de las víctimas. Pero fui al Monumento de la Memoria, en la Costanera, y había dieciocho mil nombres, entre los que había chicos de 13, 14 y 15 años”. Aclaró que la muerte de su hijo y los tormentos sufridos por Iris no fueron un drama familiar, sino un plan genocida para neutralizar a una generación de luchadores.
Sus palabras igual que las de Iris fueron largamente aplaudidas por el público, y no hubo preguntas del Tribunal, de la Fiscalía ni de la defensa.
Las hermanas de Floreal; que durante todo el tiempo en que Iris estuvo detenida y en que su hermano debió resistir en la clandestinidad para no ser atrapado por los genocidas, mantuvieron viva la búsqueda del Negrito; aportaron a la audiencia grados enormes de dignidad y veracidad en sus dichos. Protagonistas de un trajinar por comisarías, Campo de Mayo y dependencias oficiales durante los años de la dictadura y, luego, en tiempos de gobiernos constitucionales hicieron saber al Tribunal que un día después del secuestro reconocieron en la Comisaría de Martelli a uno de los integrantes de la patota. Contaron cómo su tesón, unido al de organismos como la Liga, la Comisión de Familiares que en su seno funcionaba y la labor de los abogados Viaggio y Jorge Álvarez en un principio y otros abogados de la Liga luego, permitió incluso obtener un expediente de las propias fuerzas dictatoriales, además de lograr la identificación del cadáver del Negrito.
Uno de los momentos más emotivos de su declaración, en el que Arsinoe Avellaneda no pudo evitar las lágrimas, fue cuando describió su reencuentro con Iris en Olmos: “Yo la había adoptado como a mi hermanita, le llevo once años, y ver a esa mujer tan cambiada y sufrida que me preguntaba por su hijo”. La testigo se había enterado ya del asesinato de su sobrino y tuvo que mentirle a Iris.
Frente a la impaciencia de la presidenta del Tribunal y la impertinencia de algunos dichos de la abogada defensora del policía Alberto Aneto, Elda Berasain, esta testigo planteó una frase que mereció aplausos de los presentes: “Yo vengo aquí a exigir justicia, y exijo que la justicia me respete”. La respuesta de la funcionaria sin embargo fue tan solo una apelación a la frialdad del Código Procesal: “La justicia llega cuando existen pruebas y ustedes son parte de eso”, le espetó.
Por su parte, Ethel Estela Avellaneda, la hermana menor del Negrito, contó que a su hermano lo devolvieron a la habitación tras haberlo arrastrado primero junto a su madre, y que en ese momento él la abrazó y le dijo “Quedáte tranquila, sólo falta que suelten a mamá”. En este tramo se quebró, y entre lágrimas describió cómo se lo llevaron a empujones.
Al ser preguntada por qué se trataba ésta es la primera vez que declaraba, dijo que después de mucho tiempo había comenzado a recordar, y que antes había tenido mucho miedo. Al terminar su testimonio, pidió agregar unas palabras: “Creo que me quebraron la vida; es un antes y después de aquello. Me quitaron la posibilidad de estar con mis padres, me quitaron a mi único hermano, y quiero pedir justicia para mi madre, mi hermano y los treinta mil desaparecidos”, dijo llorando. Y bajó del estrado aplaudida.

Audiencia del miércoles 13 de Mayo.
Durante esa jornada se recibieron los testimonios y la incorporación por lectura de las declaraciones anteriores de Alba Margarita López; Pedro Joaquín López; Francisco Illuzzi, Mario Vicente Niemal, Martín Yago Barrera y Susana Beatriz Aguirre. Todos familiares y vecinos de la casa de los Avellaneda. Todas las declaraciones coincidieron en la brutalidad del operativo, que abarcó los terrenos linderos tras no poder dar con la persona de Floreal Avellaneda padre en su casa. Los testimonios dieron cuenta de balazos por todos lados, destrozos, saqueos y la detención ilegal de Iris Avellaneda y de su hijo. Los dichos de Pedro López, hicieron constancia de que el Negrito estuvo en la calle encapuchado junto a su madre –en el mismo estado- y custodiados por la Policía que se retiró en un Ford Falcon.
Aún cuando la quinta jornada mostró mejoras en relación al trato de testigos, declarantes y profesionales por parte de la presidenta del Tribunal, no parece haber una real asunción de parte de los jueces del verdadero carácter que tiene el primer juicio por los crímenes de Campo de Mayo, un lugar por donde durante la dictadura, pasaron más de cinco mil prisioneros políticos.
Sobre el cierre, los defensores oficiales que asisten al imputado Fernando Verplaetsen, informaron que en su opinión, y pese a que en el expediente existe un informe médico que expresa que el ex militar está en condiciones físicas y mentales de afrontar un juicio, esto no es así. “Es incapaz de seguir un diálogo”, aseguró uno de los abogados pidiendo que se realice un nuevo estudio para verificar tal situación. El pedido fue trasladado por la presidenta del Tribunal a la Fiscalía y las querellas, quienes coincidieron en realizar el estudio siempre y cuando se admita la participación de peritos de parte y sin que implique la suspensión de la audiencia. Los defensores dijeron que no buscaban la suspensión de la audiencia, por lo que la Dra. Larrandart dispuso la realización del estudio, con participación de peritos ofrecidos por las querellas y estableciendo un plazo de cuarenta y ocho horas para que las mismas acompañen los datos y condiciones profesionales de los peritos ofrecidos.
El próximo viernes, cuando se reanude la audiencia, comenzarán a prestar declaración testimonial los ex policías que revistaban en Villa Martelli junto al imputado Aneto. Los abogados de la familia consideran que es nuevamente fundamental la movilización popular en apoyo al juicio, como herramienta para enfrentar la cadena de impunidad que rige la fuerza.

 

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