Absuelven a campesinos de los Pozos en Córdoba

Tras una larga espera, la justicia de Deán Funes desligó de culpas a dos campesinos del paraje Los Pozos, en el departamento Tulumba, acusados de usurparse a sí mismos. Miguel Rojas y Sebastián Ramírez estuvieron imputados por el simple hecho de hacer lo que se hizo durante miles de años: habitar la tierra. Contacto: 351-15-813-0098
Reproducimos comunicado del Movimiento Campesino de Córdoba y el Movimiento Nacional Campesino Indígena
“La foto podía haber sido trágica. Miguel Rojas, un criador de ovejas y cabras de 52 años, yéndose esposado hacia la cárcel de Cruz del Eje. Negada la posibilidad de volver a buscar sus hilachas al terruño de Los Pozos, ese paraje de la costa de Mar Chiquita que todavía tiene vestigios de la inundación estival.
Y lo trágico hubiera sido que Miguel terminara yéndose a vivir a la ciudad para estar enrejado. Y no precisamente para cuidarse de la inseguridad ‘agobiante’. En sus cinco décadas de vida Miguel siempre vio la ciudad como un lugar ajeno. Y eligió una y mil veces seguir jugando la patriada de hacer de este país y esta provincia un lugar ancho, desparramado de humanidad por todo el territorio.
Ese es el punto de la cuestión. Pareciera que es un crimen vivir en el campo, mantener un modo de vida sustentable, producir alimentos sanos. La vida campesina no encaja con este estado de modernidad que solo se refleja en ese espejo del tan mentado progreso que sigue observando nuestras raíces como barbarie.
Miguel Rojas y Sebastián Ramírez estuvieron imputados por el simple hecho de hacer lo que se hizo durante miles de años: habitar la tierra. Vivirla, mejorar las condiciones, buscar el derecho a una vivienda digna, tener más animales, progresar en el buen sentido. Esos aspectos parecieran no tener ley, aparentan ser perseguidos y castigados.
De esa forma, no quedó alternativa más que alzar la voz, que salir a la calle, al asfalto donde se evidencian las verdades, de enrojecer las gargantas antes calladas y todavía cansinas de nuestro pueblo de la tierra.
Las comunidades campesinas han hecho un sobre esfuerzo para lograr la resistencia, para sobrevivir, para evitar que se muera una cultura que es modo de vida. Y los triunfos no se alejan de pequeñas victorias en la trinchera.
Los Rojas y los Ramírez seguirán habitando estas tierras salinas, inundables, que se germinan en la carne que consumimos todos. Probablemente, vuelvan a ponerse de cara a la justicia por alguna nueva treta. Probablemente, también pisen nuevamente el asfalto por otro y otros imputados en La Libertad, Cañada Larga o Represa de Morales.
Probablemente algún día dejen de resistir y pasen a construir ese nuevo mundo tan ancho y tan largo en donde desparramar nuestras humanidades no sea delito”.

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