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Las tres M. Milei, Macri, Massa.

Las tres M a 50 años de la creación en Argentina de la Triple A. ¿Una conexión histórica, un juego político de palabras, un teatro de la obscenidad, las letras de un genocidio o la realidad de un capitalismo de época que continúa asesinando y explotando a los trabajadores como una marca de hierro imborrable?

Por Andrés Sarlengo (28/11/2023)

Las tres M  y  si sumamos a una M mayúscula –de primer orden- cualquier tango rioplatense terminaría en un suicidio colectivo multiplicado por cien. Menem fue reelecto en 1995 tras haber convertido a la Argentina en un hotel transitorio para deleite de la burguesía nacional y transnacional.

La población Argentina votó para botar a la “casta” y la “casta” se rio de nosotros y ahora ocupará ministerios y secretarías de la presidencia del “león” neopopulista de Javier Milei.

¿Qué significan las tres M? Significan la miseria económica y social que pervivimos los de abajo  y una mediocridad cultural y educativa que se refleja en los vínculos y los lenguajes que usamos. Más que nunca es válido aquel párrafo de “Carta a una Profesora”: “A cada alumno nuevo que se presenta a la escuela de Barbiana, Don Milani lo provoca diciéndole que, a lo sumo, conocerá doscientas cincuenta palabras, mientras el patrón conoce unas mil, que ésta es una de las razones por las cuales sigue habiendo patrones y esclavos”.

Ya en los años 60 del siglo pasado Herbert I. Schiller anticipaba que “la electrónica y la economía al servicio de un “siglo norteamericano” no solo era la amalgama de corporaciones e información sino la producción de subjetividades sumisas y útiles. Y pese a que hoy sobrevivimos en un mundo multipolar lo dicho por Henry R. Luce en la revista LIFE en 1945 no debe pasar inadvertido: “…Ejerzamos sobre el mundo nuestra influencia hacia aquellos fines que creemos conveniente y a través de los medios que creamos convenientes. Ahora nos toca a nosotros ser el generador de los ideales que se extienden por el mundo entero”. Schiller insistía entonces que “Luce comprendió, antes que otros, que la fusión de la fuerza económica y del control de la información, “la fabricación de imágenes”, la formación de la opinión pública, llámese como se quiera, llegaría a ser la nueva quintaesencia del poder, internacional y nacional (1)”.

Aun así, cabe subrayar, que el “loco de la motosierra” no es un personaje “fabricado” a través de una “guerra comunicacional” sino expresión de una realidad concreta e histórica donde 14 millones de personas creyeron/creen ver en él un “mesías” con quien identificarse a modo de sincretismo político: “mi bronca y desencanto lo puse en los gritos y gestos” de Milei. Aunque Stephen Bannon –asesor de Donald Trump y Jair Bolsonaro (2)- estuvo detrás de la política y estrategia  comunicacional de La Libertad Avanza, sin los votos de Mauricio Macri y una población sumida en la precarización y fragmentación laboral, social y cultural, Milei no hubiese sido elegido presidente. Por eso son fundamentales y claras algunas reflexiones de Camilo Taufic en “Periodismo y lucha de clases”: “No es que millones de personas estén "alienadas por la TV”, sino que están alienadas por el capitalismo; no es que la prensa sea “el cuarto poder del Estado”, sino que está al servicio de los poderosos y es una de las formas concretas que asume su poderío (3)”.

Asimismo, Giovanni Sartori fue terminante y polémico en “Homo videns. La sociedad teledirigida”: “La televisión (y las pantallas en sí) no es solo instrumento de comunicación: es también, a la vez, paideía, un instrumento “antropogenético”, un medium que genera un nuevo ánthropos, un nuevo tipo de ser humano (4)”. Modo Cyborg, diría César Hazaki.

Entonces, si la TV y las pantallas comunican a partir de las relaciones sociales y de propiedad que se sintetizan en las imágenes y representacionales sociales dominantes, la pregunta histórica de Vladimir Lenin sigue vigente: ¿Qué hacer? ¿Qué hacer frente a la alienación?

Y…volvernos a encontrar, a mirarnos a la cara, a enfrentar los miedos y prejuicios, acortar las distancias que nos alejan…al menos entre quienes estemos dispuestos a hacerlo: organizaciones sociales, políticas, culturales, partidarias, sindicales, ambientales, feministas, pueblos originarios, diversidades sexuales,  trabajadores, proletarios…a organizar y proyectar la resistencia y la ofensiva contra estos “leones y zorros” de la clase dominante. Menos redes sociales y más grupalidades y colectivos sosteniéndose en los cuerpos presentes.  A regresar a la lucha de clases, ni más ni menos, y no a militar para la ·gobernabilidad” del “menos peor”.

Los grupos, los dispositivos grupales, enriquecen (función proteica) y sostienen (función protésica) y son un instrumento, escenario y ámbito para la reflexión y el punto de partida para la práctica social de transformación que hoy necesitamos.

Lucila Edelman y Diana Kordon en “Grupos de reflexión” (texto de Sur, dictadura y después…) son explícitas y marcan un camino (como Ana Quiroga en “Los grupos y la queja”): “El agrupamiento puesto en acto es el vehículo necesario para poder movilizar las fuerzas desalienantes. La alienación es, por excelencia, un fenómeno psicosocial. De acuerdo con Piera Aulagnier (1977): “Si la alienación es, por definición, inadvertida por el propio sujeto alienado, serán entonces necesarios otros para poner en marcha el proceso de desalienación” (p.47). Y habrá también otros, que no participan en forma directa de estas acciones. Consideramos que la práctica social es la que produce principalmente la desalienación. Esto se aplica no sólo para los que participan en forma directa de sus acciones, sino también para los que pueden tomarlas como referencia e identificarse con los modelos o ideas que proponen (5)”.

A poner en marcha la desalienación frente a las Tres M, en definitiva. No queda otra alternativa.

El 19 de julio de 1969 Agustín Tosco (apresado después del Cordobazo) le envió una carta desde Rawson a “…Susana (Funes) linda”… una bella carta donde el amor y la política se unen en una literatura exquisita: desde un Yo que busca un Nosotros, con Susana y la clase trabajadora. Agustín escribió. “(…) 4) No me siento secretario general del sindicato, me conforma ser un militante que ha dado todo lo que era posible  por enaltecer los ideales de la clase trabajadora y de Luz y Fuerza. 5) A quienes me reprochan no haberme escondido, le contesto que he corrido los mismos riesgos que nuestros muertos, que nuestros encarcelados, que nuestros perseguidos y golpeados y que hay veces que la conducción no puede ejercerse de otra manera que jugándose a cara limpia, fascia a fascia sol nemico”, y no en la comodidad de un escondrijo. Mi honor y mi dignidad están de cara al sol y jamás Luz y Fuerza, la clase trabajadora, mi amor y mis compañeros y amigos podrán avergonzarse de mi conducta, en todas las instancias que me tocó vivir ( p.85) (6)”.

A desalienarnos frente a lo que representan las Tres M. Las palabras de Agustín Tosco señalan una matriz a recuperar (para quienes escribimos y pervivimos alienados). El Yo de Agustín se dirige hacia a un Nosotros que pretende la emancipación de los trabajadores y proletarios. El Yo del voto a las Tres M nos ata a otra cadena: la de creer que de la miseria y la mediocridad nos sacaran quienes nos embrutecieron y empobrecieron.

Hay que darse cuenta y derrotar a los parásitos de las mentiras y la explotación programada. Derrotarlos, cara al sol.

Andrés M. Sarlengo

28-11-2023

         

Notas:

  • Comunicación de masas e imperialismo yanqui. Herbert I. Schiller. Colección Punto y Línea. Editorial Gustavo Gilli. España. 1976.
  • Conversaciones implicadas con Gregorio Baremblitt. Psicoanálisis, subjetividades y revolución. Alfredo Grande. Contrahegemonía web-Herramientas ediciones. 2022.
  • Ediciones AKAL. 1986.
  • 1998.
  • Psicolibros ediciones.2010.
  • Agustín Tosco y Susana Funes, historia de una pasión militante. Acciones y resistencia del movimiento obrero (1955-1975). Silvia Licht. Editorial Biblos. 2004.
 
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