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Democracia, participación y cierre de un ciclo

El post 27 de octubre abrió en Argentina un nuevo panorama político, inscribió en un proyecto colectivo un conjunto de demandas, deseos y esperanzas de muchos argentinos y argentinas que fueron perjudicados por el gobierno de Mauricio Macri. La expectativa puesta en el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner es tan alta que hasta genera vértigo. Muchos sectores sociales esperan una solución a sus problemas generados por una política económica, social y cultural netamente excluyente. Por Adrian Berardi (*)

 

El post 27 de octubre abrió en Argentina un nuevo panorama político, inscribió en un proyecto colectivo un conjunto de demandas, deseos y esperanzas de muchos argentinos y argentinas que fueron perjudicados por el gobierno de Mauricio Macri. La expectativa puesta en el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner es tan alta que hasta genera vértigo. Muchos sectores sociales esperan una solución a sus problemas generados por una política económica, social y cultural netamente excluyente.

Pero también es cierto que lo que viene es imprevisible, y que más allá de las voluntades, hay una realidad objetiva que es insoslayable: Argentina una vez más está en crisis.

Por otra parte, los resultados electorales y la participación cívica de la ciudadanía en torno a los comicios parecen haber dado un tono de calma en un momento donde América Latina está atravesando importantes desafíos políticos: la crisis política y económica en Ecuador, la movilización opositora en Bolivia luego del triunfo electoral de Evo Morales, el ciclo de protestas en Chile que desafía al gobierno, al modelo económico y social, y sobre todo a la  a la clase política trasandina, dan cuenta de un contexto regional donde Argentina parece haber encontrado una salida institucional y ordenada a una crisis que podría superar lo económico y convertirse en un problema de magnitudes políticas más amplias.

Pero ¿puede realmente Argentina permanecer ajena al conflicto regional? ¿Qué puede pasar si las expectativas hacia la democracia y principalmente a la nueva gestión de gobierno no son satisfechas? ¿Hay una euforia desmedida y un fortalecimiento de la ciudadanía que puede poner en jaque al orden vigente en Argentina? ¿Otra vez la democracia burguesa es una salida a la crisis, o el contexto regional puede dar cuenta de la necesidad de buscar, casi obligatoriamente, nuevas formas de institucionalidad?

En este punto, luego de un resultado electoral, podríamos ponernos a hablar de las diferencias de porcentajes, de cuáles son las condiciones del fracaso político de la alianza Cambiemos, de si el Frente de Todos va a poder cumplir con las expectativas, y muchos etcéteras. Pero hay un detalle que pasó inadvertido, y tiene que ver con el nivel de participación política, aquí trataremos de poner en discusión este punto.

Destruyendo el ¿populismo y la grasa militante? durante la gestión de Cambiemos

En estos últimos años, donde el aparato represivo del Estado sacó a relucir todos sus juguetes, hemos visto el desarrollo de un tipo de participación política que merece al menos unos puntos de atención.

Para empezar, quiero retomar el 9 de diciembre de 2015; ese día la por entonces presidenta Cristina Fernández se despedía de sus ocho años de gobierno con un acto masivo en Plaza de Mayo. Era un hecho inédito que generó el odio de los sectores más conservadores (y anti kirchneristas) y el entusiasmo de sus fieles seguidores. Miles de personas se agolparon para escucharla, para decirle gracias y para comenzar a construir el camino de su vuelta. Todos estaban ahí y desde ese momento todo un sector (seguidores y militantes; adherentes y simpatizantes) del peronismo ¿kirchnerista? activó canales de diálogo, intercambio y solidaridad; se crearon páginas en Facebook, grupos en las redes sociales y de más, sosteniendo que había que resistir el embate que traería el neoliberalismo de la mano de Macri.

Sin duda el primer golpe lo sufrieron los trabajadores estatales; los primeros días de enero de 2016 cientos de empleados públicos fueron despedidos de la manera más siniestra, sin una explicación, acusándolos de vagos, ñoquis o “militantes pagos”. Desde ese enero, se desarticularon programas, se redujeron presupuestos y se puso en marcha un plan donde se afirmaba que vivíamos en un Estado bobo, que había que cambiar. En ese momento, seguidores y simpatizantes del macrismo salieron a apoyar las políticas de ajuste del gobierno.

Como respuesta, cientos de trabajadores coparon las calles y se convirtieron en un escudo para contener la sangría de los puestos de trabajo, y el punto de inicio de un ciclo de protestas que se extendería a lo largo del país.

Ese mismo año, se redujo la cantidad de ingresantes al CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), y los científicos expulsados del sistema se organizaron, salieron a la calle, armaron asambleas, coparon el Ministerio de Ciencia y Tecnología, se activaron nuevos espacios de participación y muchos comenzaron a involucrarse en la política.

Pero además la persecución a dirigentes políticos y sociales comenzó a hacerse evidente, el caso más claro fue la detención de Milagro Sala en Jujuy, pero no el único, delegados sindicales y líderes de organizaciones barriales fueron sometidos a detenciones y abusos por parte de las fuerzas represivas. Esto dio origen a nuevas movilizaciones que se sumaron a las iniciadas por los trabajadores de diferentes espacios productivos; la respuesta al programa de ajuste económico se vio en la calle con paros, marchas y acciones de protestas de distintos sectores y se fue extendiendo en todo el país.

El clímax de este ciclo de protestas sin duda se consolidó en diciembre de 2017 cuando una masiva protesta social fue brutalmente reprimida (con más de 160 heridos y 60 detenidos), en el momento en que se manifestaba contra la modificación de la fórmula de las jubilaciones y pensiones que se trataba en el Congreso.

Tan fuerte fue la represión que la masividad de la protesta pareció menguar para el observador común; la política represiva del macrismo mostró toda su violencia (incluso justificando el gatillo fácil), justo después de haber ganado en casi todo el país las elecciones intermedias de octubre de 2017.

La lucha por los derechos no era de una fuerza política

Durante estos años, también el movimiento de mujeres fue partícipe de un fuerte activismo, que se consagró con las manifestaciones a favor de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Este proyecto se debatió en agosto de 2018 y significó uno de los acontecimientos políticos más importantes de los últimos tiempos. Primero por el nivel de movilización, activación y ocupación del espacio público, tanto de los sectores a favor como de los que estaban en contra. Actores que comúnmente no ocupan la vía pública para hacer visibles sus demandas, principalmente los sectores eclesiásticos cristianos y evangélicos, se consagraron para defender “las dos vidas”. Pero también, investigadores, dirigentes sociales/barriales y partidarios, docentes intervinieron en el debate parlamentario. La participación fue amplia, enorme y nos posicionó como un país que discute por sus derechos.

Justamente la demanda de nuevos derechos se sumó a protestas masivas en defensa de la educación pública, los salarios y el financiamiento de áreas esenciales del Estado.

El empobrecimiento, producto de la política de ajuste y los altos niveles de inflación, no solo se reflejaba en los índices, sino también en las calles con distintas manifestaciones y ocupaciones del espacio, desde los sectores vinculados a la economía popular, hasta las organizaciones sociales y beneficiarios de planes.

Durante estos años, referentes sociales, religiosos y políticos denunciaron la crisis que se avecinaba, y los sectores oficialistas defendieron a capa y espada sus políticas, el espacio público y los medios fueron los lugares donde la disputas quedaron expuestas.

La salida institucional a la crisis económica y ¿política? y la participación ciudadana

 

En este contexto, las elecciones de 2019 abrieron una válvula de escape a la crisis, principalmente a partir de un espacio electoral que se propuso agrupar a los distintos sectores disidentes de las políticas macristas; y si bien el nivel de conflictividad no bajó, sí surgieron nuevos espacios de diálogo, logrando conformar un fuerte bloque anti macrista.

Pero la sociedad civil también participó fuertemente en los acontecimientos políticos que marcaron el mapa electoral, las marchas de #sí,se puede (sobre todo en Capital) dieron un fuerte respaldo a la gestión de Cambiemos y reposicionó su campaña con ideas menos pendulantes, reafirmando una identidad de centro derecha de sus candidatos.

En tanto, las manifestaciones en apoyo a la alianza Frente de Todos fueron igual de figurativas y tuvieron un pico de expresión en la consigas “Macri ya fue, Vidal ya fue, si vos quéres Larreta también”, luego del resultado de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, donde los números ya adelantaban el triunfo de Axel Kicillof como gobernador de la provincia de Buenos Aires, y de Alberto Fernández como presidente; en tanto auguraban una buena elección de Matías Lammens en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La difusión en redes de mensajes (algunas veces falsos, que tenían el único fin de generar temor), pero también las expresiones públicas de la sociedad en su conjunto y una especie de tregua social ante la esperanza de algo mejor, formaron parte de los últimos dos meses.

Todo esto se vio expresado el último domingo con el desahogo de cientos de miles de personas que salieron a las calles a celebrar el triunfo electoral de la fórmula Fernández-Fernández, pero también las millones de personas (y acá discutir fraude o no, parece menor) que acompañaron la fórmula oficialista.

Todos estos datos muestran el fuerte nivel de participación política en la Argentina, y expresa una importante madurez en nuestra cultura política. Salir a la calle a demandar, pero también que surjan espacios que absorban esa demanda forma parte del importante activismo social y político existente en Argentina. Aquel 2001 donde la demanda no se podía canalizar quedó atrás, y en cierto punto es un triunfo de la sociedad argentina.

Es cierto que los niveles de violencia que atravesamos estos años se podrían haber evitado, no sólo no fue así, sino que se masificaron; pero el resultado es una sociedad que expresó su demanda en el sistema democrático burgués, dentro de los marcos institucionales.

Lo que observamos es que los canales democráticos vuelven a funcionar, con deficiencias, claro, pero vamos en camino a fortalecer la participación cívica, política y social. El involucramiento de los ciudadanos en la política (sea por afirmación o negación; acompañando un candidato o denunciando a otro) es el elemento más positivo de estos años, y debe formar parte de nuestra experiencia como país.

Sin embargo, el desafío que atraviesa el fortalecimiento de la ciudadanía y la participación política está más allá de los canales institucionales. El futuro regional puede erosionar esos mecanismos democráticos de acción y canalización de demanda; la euforia de algunos sectores políticos por la futura gestión del Frente de Todos, pero también las expectativas de una oposición que configuró una identidad claramente de derecha abren un espacio de discusión respecto a cómo se comportarán los distintos sectores políticos institucionales; cómo reaccionará la ciudadanía y los activistas políticos ante posibles políticas contrarias a esas expectativas. En última instancia, la pegunta es si los canales democráticos de disciplinamiento social pueden funcionar en un momento donde la participación política de la ciudadanía es cada vez mayor.

 

(1) Dr. en Sociología, investigador asociado (IDAES)  e integrante del Centro de Estudios Sociopolíticos (UNSAM)

 
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