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La República Unida de la Soja. Concentración y poder basado en la monocultura de exportación

La producción sojera ha superado las fronteras nacionales para articular un distorsionado sistema productivo de exportación, anclado en el Sur del continente.

(Walter Alberto Pengue) Mundo - Como una caricatura, de la historia colonial de las “Banana Republic” de principios del pasado siglo XX, otrora desarrolladas en el centro y norte del sur de América - donde se transformaron enormes territorios en latifundios exportadores de bananas y dejaron un tendal de costos sociales, económicos, políticos, culturales y ambientales - con la llegada del nuevo milenio, se erige ahora en cambio en el Sur de América, un nuevo coloso productor de soja que integrando a toda la región, es el principal productor, transformador y exportador del grano a nivel mundial.

La “República Unida de la Soja” - un leitmotiv promovido por la propia empresa Syngenta - hace unos años, resaltaba la relevancia que la región representaba para la agroindustria global, como proveedora de commodities pasando incluso por encima de las fronteras y los intereses nacionales. Sin embargo, fue tan grande ese proceso transfronterizo, que incluso facilitó la circulación de materiales transgénicos a través de fronteras débiles, lo que permitió que la conocida como soja “Maradona” fluyera hacia el sur del Brasil, Paraguay o Bolivia, desde el noreste argentino, incluso en tiempos previos a su aprobación legal para su siembra, en los países receptores.

El papel de la Argentina en la promoción del modelo agrícola industrial transgénico fue crucial y fue el país que representó la cabecera de playa de esta expansión para la industria semillera y agroquímica mundial, focalizada en su primera etapa hacia los países con grandes territorios agrícolas (Estados Unidos en el norte y Argentina en el sur).

Actores clave de esta expansión fueron por supuesto las empresas interesadas, pero por el otro lado, se encontraron con un eje institucional gubernamental que facilitó a través de sus organismos de contralor la garantía de bioseguridad, avalada en definitiva, por las propia documentación presentada por Monsanto.

Organismos estatales como CONABIA, SENASA y la Secretaría de Agricultura (SAGYP en 1996), dieron el visto bueno para la liberación del primer gran evento transgénico a gran escala del sur de América, la soja RG (resistente a glifosato), frente a la pasividad de organizaciones técnicas locales como el INTA en la Argentina o promovidos incluso como el EMBRAPA más tarde en el Brasil. De esta forma, a mediados de los noventa, la empresa Nidera, un consorcio argentino-holandés, liberó las primeras sojas transgénicas, basadas en la variedad original A-5403 y su derivada 40-3-2.

La “marca” Nidera es reconocida en la región, aunque en 2017 fue comprada por COFCO, y luego vendida a Syngenta, para ser finalmente adquirida por ChemChina desde principios del 2018. La compra y venta de empresas desde esa época ha hecho subsumir en grupos más grandes a marcas tan conocidas en el campo sudamericano como Asgrow, Campbell, Cargill, Cenex, Dekalb, Novartis, Illinois, Monsoy o Pioneer.

En los últimos años, las primeras 20 variedades de soja transgénica, ocupan el 50 % del mercado, mientras que las otras 481 registradas, se distribuyen, la otra mitad. Nidera y Don Mario Semillas lideran, cada una con el 10 % para cada una, con sus dos variedades actuales más exitosas, la Nidera A5009 RG y Don Mario 4612 RSF. Pero Don Mario es, la marca líder en soja, contando entre todas sus variedades, con más del 65 % del mercado. Por ello, el mercado de soja en Sud América, tiene actualmente, a diferencia de lo que pudiera pensarse sería de Monsanto, a la compañía argentina Don Mario como su principal referente, que ha expandido sus negocios hacia el sur de Brasil y Los Cerrados, e incluso está anclando también en el mercado de semillas de soja y maíz, en los estados del Sur de los Estados Unidos.

Además,  para sacar la soja de América del Sur, era necesario armar las redes de logística, transformación y portuaria. Y así se hizo. La exportación de granos, harinas y aceites y sus transformaciones encontraron en las zonas portuarias de Santa Fe en Argentina y Santos y Paranaguá en Paraná, Brasil, a las principales vías de salida de la exportación. El corredor Rosario-Santa Fe, conocido como Rosafé, concentra el cluster de transformación sojero más grande del mundo. Entre 2012 y 2017, la industria procesadora de oleaginosas creció 18% en la capacidad instalada de los principales productores exportadores como Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay. Con la capacidad para procesar más de 133 Millones de toneladas de soja, Sudamérica industrializa el 32% (93,2 Mt) del crushing mundial, y lo mismo, un 32% hace China, por encima del 18% de Estados Unidos.

El perfil exportador de la región se debe a que el 75% del comercio mundial de aceite y de harina de soja es de origen sudamericano. Argentina lidera el modelo de industria de gran escala, moderna y de costos más bajos, que procesa en origen y coloca los productos en la arena internacional. La perspectiva muestra que la capacidad de transformación aún no llegó a su porcentaje máximo, por lo que es evidente que la tendencia hacia la producción y transformación de soja,  no se revertirá al menos en los próximos años.

Actualmente 7,5 de cada 10 buques graneleros, llevan harina y aceite de soja sudamericanos y de estos, 5 son productos de origen argentino. Pero prácticamente el 100 % de los buques graneleros son extranjeros. Argentina y Brasil exportan el 91 % de la harina de soja y el 62 % de su aceite. Las proyecciones indican que de cada diez toneladas adicionales de soja que se cosechen en 2025, 8 provendrán de Sudamérica, y una de cada cuatro toneladas de maíz.

Mientras que incluso, en productos derivados como la carne bovina, de cada tres toneladas adicionales que se produzcan en 2025, una provendrá de esta región. Los planes de integración regional como IIRSA (Iniciativa para la integración de la infraestructura regional de América del Sur) promovidas por el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (FONPLATA), tienen a la Hidrovía Paraguay-Paraná, como la principal arteria de toda esta producción. Y a los puertos (privados en su totalidad), en sus bocas de salida. Rosario ha sido superado por Puerto San Martin/San Lorenzo y Timbúes, donde se destacan empresas como Terminal 6, COFCO (China), Renova (Argentina/ Inglaterra/Suiza), Cargill (EE.UU.), ADG (Argentina/EE.UU.), Bunge (EE.UU.) y Dreyfus (Francia), que reciben en promedio en los últimos 5 años más de 2200 buques de ultramar. Para llenarlos, se movieron 2.600.000 camiones!!!, 260.000 vagones de tren y 3.000 barcazas menores provenientes del norte de la Hidrovía.

Todos los puertos exportadores de soja se concentran en América: Argentina entre Rosario y Santa Fe, seguida por Estados Unidos en Nueva Orleans y tercero Brasil con Santos y Paranaguá. La soja sale por las “Venas Abiertas de América Latina”, como emulaba sobre los impactos del colonialismo europeo, el célebre escritor uruguayo, Eduardo Galeano.

La otra cara, es “el vaciamiento de las Pampas” de Sud América. En general, uno de los indicadores más intensos de la agricultura global, tiene a los fertilizantes sintéticos (NPK en especial), como una métrica de su “avance tecnológico”. Más fertilizantes industriales consumen los países, más “desarrollados” son, según muestran los indicadores agronómicos convencionales. Pero sin embargo, lo que no miden, esen realidad, la extracción de nutrientes que esta agricultura minera genera en los países productores y los efectos ambientales negativos que produce tal tipo de fertilización. Es conservacionista, pero no sustentable, al necesitarse una enorme carga de agroquímicos (herbicidas, insecticidas, fertilizantes), para mantenerla funcionando. Sin embargo, fue basado en esa lógica - la de la implementación del paquete tecnológico de la siembra directa industrial + glifosato + cultivo transgénico - que se impulsó un proceso que se expandió especialmente en Sud América.

Los promotores de estas acciones tuvieron por un lado a las empresas de agroquímicos y de semillas,  pero por el otro contaron también con pseudo-organizaciones técnicas que utilizaron las primeras, como una pantalla para la demostración de sólo las bondades (pero ocultando sus costos) de una técnica conservacionista como la siembra directa para expandir sus objetivos: el aumento de las ventas de agroquímicos, fertilizantes y granos.

Todo empezó en los noventa en la Argentina, donde la organización líder de este proceso fue AAPRESID, seguida años más tarde por la FBDPDNP del Brasil y llegó en los albores del presente siglo, con ANAPO en Bolivia, la Federación Paraguaya de Siembra Directa para una Agricultura Sustentable, la AUSID en el Uruguay y últimamente hasta SOCOSCHI de Chile. Todas nucleadas bajo la Confederación de Asociaciones Americanas para la Producción Agropecuaria Sustentable (CAAPAS). AACREA en la Argentina cumplió un papel similar, pero bajo una lógica más integral, acercando la producción agrícola y ganadera.

Mientras que la sustentabilidad débil de los suelos son seguidos por fundaciones como FERTILIZAR o FUNDACIÓN PRODUCIR CONSERVANDO, pero que únicamente están promoviendo las lógicas de la siembra directa y la recomendación de ampliar sustancialmente la aplicación de fertilizantes sintéticos. Pero este modelo agrícola global no pretende medir los Invisibles: Por un lado la brutal extracción y flujo de nutrientes que vacía la Caja de Ahorros de los nutrientes de los ricos suelos sudamericanos. Y por el otro, la irrefrenable aparición de resistencias en malezas, que se ha convertido en el principal dolor de cabezas de la agronomía convencional. A ello se suman, los crecientes reclamos que ni los gobiernos, ni por supuesto las empresas quieren ver,  los pedidos de los llamados pueblos fumigados, por una agricultura que no contemple ni el uso de agrotóxicos ni de fertilizantes sintéticos. La salud comienza a ser una fuerte preocupación de estas poblaciones y la sociedad civil en general.

 
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