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La “Patria Financiera” goza de perfecta salud

Para la mayoría de los argentinos de a pie, incluso los que viajan en avión, los ingresos se han achicado con Macri. En cambio, los bancos la levantan en pala. Lo dijo Bertolt Brecht: “¿qué delito es robar un banco en comparación con fundarlo?”. Por Sergio Ortiz (*)

En la dictadura militar-cívica, con José A. Martínez de Hoz, se popularizó la expresión “Patria Financiera”. Hacía referencia a los principales bancos de “la City”, muchos con casas matrices en Estados Unidos y Europa, y otros de la gran burguesía financiera “nacional”.

Una de las mayores defraudaciones políticas de los gobiernos constitucionales que se sucedieron a partir del 10 de diciembre de 1983, y de alto impacto económico-social, está relacionada con el poder omnímodo que conservó esa corporación. Es la misma, con otros nombres, porque algunos de los ´70 no están o se fusionaron con otros, o fueron adquiridos por entidades extranjeras, etc. El nivel de negocios que siguen haciendo es espeluznante, a expensas de la economía productiva y de la vida de la mayoría de los habitantes.

Los datos del INDEC sobre inflación, caída del Producto Bruto Interno, desempleo, etc, por una parte, y los informes de bancos difundidos por el Banco Central de la República Argentina, por la otra, ilustran el contraste.

Hoy en el Banco Central está el casi ignoto Guido Sandleris, que reemplazó al conocido Luis Caputo, ex Deutsche Bank y otras entidades extranjeras. Es como siguiera allí Adolfo Diz, que reinaba en el Central en la dictadura; fue el responsable de la Ley de Entidades Financieras de 1977, que dio cobertura legal a esos negocios de usura y entrega.

Y aunque han transcurrido 45 años desde aquel prometedor 1983, la ley de Diz sigue vigente, como otras 417 leyes del terrorismo de Estado. Anular esa legislación fascista es otra asignatura pendiente de esta democracia muy imperfecta.

Los de a pie

La mayoría padece en sus bolsillos el atraco de la inflación, que viene batiendo todos los récords desde 1991 y culminará este año con un 45-47 por ciento. Y Mauricio Macri mintió con que arreglar este asunto sería lo más fácil del mundo, para él y su mejor equipo de los últimos 50 años.

El INDEC publicó que el PBI cayó en el tercer trimestre 3,5 por ciento por ciento en la comparación interanual; el segundo trimestre había retrocedido 4,2 por ciento en cotejo con igual lapso de 2017. Así las cosas, el FMI reafirma su pronóstico de que en 2018 la economía argentina tendrá una contracción del 2,6 por ciento.

Si bien la malaria llega a todas las ramas de la economía, la industria manufacturera es la más castigada: en el tercer trimestre de 2018 cayó 6,6 por ciento. El fenómeno pega fuerte en las economías del interior y las Pymes. Estas trabajan para el mercado interno, no pueden resistir la caída de la demanda, ni las altas tasas de interés ni la apertura total de importaciones.

Incluso algunas firmas grandes también están en problemas, como se ha sabido de la argentina multinacional Arcor. Debe ser por eso que cámaras patronales monopólicas, como la Unión Industrial, han criticado este estado de cosas.

Los bancos

En un rincón están las 13.600.000 personas pobres, con 2.180.000 más integrantes que un año atrás, y los 161.500 nuevos indigentes que aumentaron esa pobreza extrema a 2.470.000 personas. La estadística es del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina.

Y en un rincón opuesto, opulento, están los dueños, directores y accionistas de los bancos, unos 50 en el país, pero especialmente la docena de “pesos pesados”.

Así como el INDEC reflejaba los feos números de la economía entre julio y septiembre, el BCRA daba un panorama excelente de las entidades. Dijo que en julio los bancos habían tenido una ganancia de 14.624 millones de pesos, un incremento del 66,9 por ciento respecto a igual período de 2017. Antes, en mayo, cuando el peso se devaluó 15,5 por ciento, el Central informó que los bancos habían ganado 14.555 millones de pesos, un 76,1 por ciento superior a mayo del año anterior.

En octubre llegó la información de agosto de 2018. Los bancos habían sumado 26.143 millones de pesos, 263,7 por ciento de crecimiento interanual.

En diciembre estuvo la data de las ganancias de octubre: 19.104 millones de pesos, 144 por ciento más que en ese mes de 2017.

En diez meses de 2018 vienen ganando 137.647 millones de pesos, 77,1 por ciento más que en el ejercicio anterior.

¿Acaso hicieron la plata trabajando o produciendo? Nada que ver. Obtuvieron esos dividendos por altos intereses, por inversiones atadas a la inflación, por ganancias con las Lebac y Leliq y por la devaluación que cotizó más alto sus activos en dólares.

Para sus negocios los bancos necesitan de aceitados contactos con el poder político. Un paradigma es Caputo, ex Deutsche y fondos de inversión. Al contar con información privilegiada y hasta participar ministerialmente de la toma de decisiones, hizo pingües negocios.

La revista Euromoney dio el premio a la Excelencia al Macro como el mejor banco de 2017. También la familia Brito, que antes hizo buenas diferencias con el kirchnerismo, se posicionó de cara al macrismo. En la data de la entidad se lee que uno de sus directivos es Guillermo Stanley, ex mandamás del Citibank, de la añeja “Patria Financiera” y actual dueño de Havanna e Inverlat. El padre de Carolina, la ministra macrista, no es el único de ese color político.

Otro director del Macro es Alejandro Fargosi, ex Director de Asesoría Jurídica de Telefónica (1990/1995), ex Consejero de la Magistratura (2010/2014) y Director de la División Jurídica de la neoliberal IDEA, un furioso enemigo de la reforma judicial democratizadora de 2013 y de la ley de servicios de comunicación audiovisuales.

Lo dijo Bertolt Brecht: “¿qué delito es robar un banco en comparación con fundarlo?”.

(*) Diario La Arena

 
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