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La construcción del indio terrorista

La cacería de mapuche en la Patagonia no es una idea original del PRO. El Comando Sur, el brazo del Pentágono para la región, caracteriza a los pueblos originarios como parte del paquete de nuevas amenazas a la seguridad. Por Emiliano Guido-Nuestras Voces

(Por Emiliano Guido- Nuestras Voces) Argentina- La afiebrada construcción del RAM como enemigo tampoco es creación autóctona. En Paraguay, el gobierno mete bala a los campesinos porque aduce la existencia de una guerrilla rural, el Ejército del Pueblo Paraguayo, que tiene menos visos de realidad que el personaje “Bombita Rodríguez”.

El PRO no sólo importa heladeras y frutas de estación, también hipótesis de conflicto. Una vez concluido el escenario bipolar de la Guerra Fría, el Pentágono estadounidense necesitaba un enemigo y, de a poco, lo fue construyendo. En documentos oficiales del Comando Sur norteamericano, surgidos a fines del siglo XX y principios del siglo XXI, Estados Unidos comenzó a agrupar a su nueva lista de enemigos a vencer bajo una categoría difusa: “nuevas amenazas”. En esa carpeta emergían problemáticas adversas al patrón de la seguridad occidental: “crimen organizado”, “narcoterrosimo”, y también “los pueblos originarios radicalizados”. Para los militaristas gringos la “concepción colectiva de la tierra” de los indígenas colisiona con el desarrollo económico occidental.

El periodista mexicano y asesor del EZLN, Gilberto López y Rivas, documentó exhaustivamente en el libro “Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos. Manuales, mentalidades y uso de la antropología” cómo el Comando Sur utiliza incluso el asesoramiento de disciplinas como la antropología para comprender a ese otro social, el indio, y así poder ir moldeando las subjetividades de las comunidades originarias hacia los propios patrones culturales de Estados Unidos. “En los manuales de contrainsurgencia surgidos en los años 2006/ 7 la Asociación Americana de la Antropología comenzó a dotar a los militares con ojos y oídos culturales para que pudieran incursionar más preparados en las operaciones previas implicadas en el teatro de la guerra”.

“La gran contribución de esos antropólogos a los estudios de la contrainsurgencia es que concepción de los pueblos originarios sobre la propiedad colectiva de la tierra es la matriz de su criminalidad e insurgencia. Paralelamente, los jerarcas del Pentágono han descubierto que los indígenas son una amenaza porque además de defender su territorio se unen a otros subversivos como los Sin Tierra de Brasil (MST) o los zapatistas y así crean una situación adversa a los intereses estratégicos de EEUU.”, reflexiona López y Rivas en una reciente columna publicada en el diario mexicano La Jornada.

A su vez, la desbocada narrativa del gobierno nacional que coloca a la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) como un enemigo insurgente tan sagaz y escurridizo como lo fue el Vietcong, o con un poder de fuego tan tremebundo como el que ostenta hoy Pyongyang, tampoco es una originalidad del Jefe de Gabinete Marcos Peña, reconocido frontman del ejército de trolls que sacuden las redes sociales con noticias falsas.

En la vecina Paraguay, gobernada por el magnate Horacio Cartes, amigo personal del presidente Macri cuando ambos presidían los clubes de fútbol Libertad y Boca respectivamente, las Fuerzas Armadas vienen criminalizando el interior rural con la excusa de su supuesto combate a la guerrilla Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). De esa manera, agentes del Mossad israelí, altos mandos militares del gobierno de Juan Manuel Santos formateados con la doctrina del extinto Plan Colombia y agentes del Comando Sur vienen haciendo pie, incluso con la instalación de bases militares camufladas bajo el amigable nombre de Centros de Operaciones de Emergencia (COE), en el noroeste del país en pos de dar con los supuestos cabecillas del EPP.

Una organización de la que se desconoce su programa político y que, según las crónicas de prensa publicadas en los medios influyentes como el diario ABC, huyen de las estancias sojeras luego de haberse “robado cuatro pollos (sic)”. Evidentemente, el personaje “Bombita Rodríguez” de Capusotto está más cerca de ser un problema a la seguridad nacional que el temible RAM sudamericano o el EPP guaraní.

No ahorrar sangre de indio

En diálogo con Nuestras Voces, Sonia Winer, especialista en políticas de defensa, becaria postdoctoral del Conicet y autora del libro: “Doctrina de inseguridad Mundial- Paraguay como laboratorio de EE.UU. en la región” precisa que en el documento del Comando Sur Estrategia de Seguridad Nacional (2015) comienza a perfilarse la actual criminalización de la protesta de los pueblos originarios que hoy se desarrolla en varios países de la región.

 “La estigmatización de los mapuches en la Patagonia se conecta con la necesidad de implantar riesgos y amenazas internas, en países donde no las hay, para poder aplicar una batería de medidas contrainsurgentes, aconsejadas no sólo por el Comando Sur, sino también por el complejo militar británico y agencias de seguridad israelí. Eso tiene que ver con el paradigma contraterrorista preventivo selectivo que propician dichas potencias. Es decir, se busca estigmatizar grupos sociales determinados. Criminalizarlos, reprimirlos y, en paralelo, implantar una insurgencia ficticia que sirva como escudo narrativo. Puntualmente, el PRO desea desplegar el uso de la Ley Antiterrorista en el sur y, por supuesto, modificar los presupuestos de nuestra Ley de Defensa para reintroducir a las Fuerzas Armadas y a las fuerzas de seguridad en la represión del conflicto social”, entiende Winer.

La colombiana Paola Gallo integra la mesa directiva del colectivo regional Movimiento por la paz, la soberanía y la solidaridad entre los pueblos (Moppasol); además, es abogada y maestranda en Defensa Nacional. “Cuando hablamos de militarización en América Latina identificamos que el actual cuadro doctrinario nace, de alguna manera, en el año 2009. Por entonces, la Universidad de La Florida crea junto al Comando Sur una unidad de estudios denominado Centro de Cultura Estratégica. Dicho centro estudia, centralmente, los escenarios de riesgo en América Latina. En lo que respecta a la Argentina ellos emitieron un informe donde proclaman que las hipótesis de conflicto para las Fuerzas Armadas deberían ser el combate al terrorismo y las llamadas nuevas amenazas. Además, el Centro de Cultura Estratégica advertía, por entonces, que los Ejércitos, ante su estado de deterioro, en cuanto a su reequipamiento pero también por su falta de legitimidad ante la sociedad, debían encontrar rápidamente una hipótesis de trabajo que los cohesionará y sugería, claro está, el combate a las nuevas amenazas, donde ellos incorporan a los pueblos originarios, como el enemigo a vencer”, advierte Gallo en declaraciones a Nuestras Voces.

“¿Cuándo se crea el Instituto? Posterior al Consenso de Mar del Plata, es decir a la unidad conseguida por los gobiernos progresistas de la región contra el proyecto del ALCA estadounidense. Ahí Washington entiende que había perdido una batalla importante y que debía concentrar sus esfuerzos en la disputa cultural para no perder más liderazgo en la región. Estados Unidos, entonces, concluye que debe construir nuevas subjetividades en el campo de la opinión pública y, para ello, recurre al auxilio de las unidades académicas como la Universidad de la Florida”, se pregunta y responde la referente del histórico organismo de derechos humanos Moppasol.

 “Algo similar, en cuanto a la puesta en marcha de una campaña de demonización exagerada de pequeños campesinos o indígenas, se dio en Paraguay y en Chile. Es evidente que, detrás de los Sin Tierra paraguayos, las comunidades originarias chilenas o los mapuches argentinos, no hay ninguna poderosa organización insurgente insuflándoles dinero, logística y armas. Nadie puede dar crédito a que el RAM esté en condiciones de desafiar la autoridad y el poder de fuego de las fuerzas armadas. Su supuesto carácter subversivo es una insurgencia plantada. Repito, el gobierno busca acelerar una serie de reformas burocráticas dentro del aparato represivo, y también político jurídicas, en la línea del paradigma contraterrorista preventivo y selectivo imperial”, continúa Sonia Winer y, por último, concluye que: “Después hay un trabajo más fino del gobierno, ligado a lo que se denomina guerra psicológica contra la población. El PRO busca naturalizar los asesinatos preventivos contra los supuestos enemigos internos para así extender y multiplicar el miedo entre la ciudadanía. La muerte de Santiago Maldonado o la más reciente en Lago Mascardi se insertan, entonces, dentro de la maquinaria discursiva del gobierno como parte de los nuevos y pequeños Estados de excepción. Cuando corre esa instancia jurídica, propia de las dictaduras, el subtexto de Macri, que estuvo en boca de la ministra Bullrich, es: ‘para nosotros, la única verdad es la realidad de nuestras fuerzas armadas’. De esa manera, se institucionaliza el asesinato de líderes sociales porque se producen dentro de los Estados de excepción implantados por el gobierno”.

Evidentemente, el gobierno nacional ha inaugurado la caza abierta de mapuches en La Patagonia. A contrario de lo pregonado por muchos analistas, provenientes incluso de medios populares, el PRO demuestra que, lejos de ser una derecha cool por conectarse por Snapchat o regalar bolsas de tela para evitar la contaminación, replica patrones represivos que, además de no ser propios, parecen imitar delirios persecutorios propios de la Guerra Fría.

Foto: Joaquín Salguero

 

 
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