Red Eco Alternativo ***

El Acuerdo Mercosur-UE es peor que el ALCA

El gobierno argentino aspira a presentar durante la reunión de ministros de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Buenos Aires del 10 al 14 de diciembre, aunque sea la firma de un acuerdo marco entre el Mercosur y la Unión Europea. 
La iniciativa del gobierno apunta a rescatar lo que se prevé será una cumbre de la OMC sin resultados concretos y aun con claros enfrentamientos.
También coincidiría con la presidencia temporal de Brasil en el Mercosur.

 “Los pueblos que esperan su vida o su porvenir de una abstracción legal o de la voluntad de otros,
son de antemano pueblos sacrificados”

Manuel Ugarte, “El Porvenir de América”

Para hacer posible este acuerdo que se negocia sin éxito desde 2004 fue necesario el triunfo electoral de Mauricio Macri en Argentina, el advenimiento del golpista Michel Temer en Brasil y el desplazamiento de Venezuela del Mercosur, pues como bien explicó el Canciller brasileño era “un escollo para la concreción de los planes”.
Los presidentes de Argentina y Brasil, con el aval de sus pares de Paraguay y Uruguay, están decididos a mostrar su voluntad de “abrirse al mundo”, aceptando las exigencias europeas de no hacer mayores concesiones a las demandas de apertura de sus mercados agrícolas.
No obstante, los europeos se manejan con mucha más cautela, lo que da la pauta que la negociación aún no está cerrada.

¿Qué se negocia?

Lo poco que ha trascendido del acuerdo que se negocia es que la UE excluyó de la negociación nuevas concesiones a las carnes bovinas, el biodiesel y el etanol. Se trata de los productos que concentran las mayores oportunidades para los sectores agroindustriales del Mercosur.

Desde la última ronda de deliberaciones, semanas atrás en Brasilia, son varios los capítulos con temas pendientes, ya que desde los países del Mercosur se exige que en el intercambio de bienes se incrementen las cuotas para el acceso de carnes y bioetanol, mientras Francia, Irlanda y Polonia advirtieron recientemente que un cambio sobre la oferta ya presentada puede dañar a sus productores locales, que son subvencionados.

Por otra parte, Alemania reclamó a la Comisión Europea, que negocia en nombre de los 28 países del bloque, que el Mercosur reduzca las canastas que protegen del ingreso de productos industriales en plazos que van de los 5 a los 15 años. Y aunque el comercio de bienes agrícolas e industriales son las monedas de cambio de ambos bloques, resulta difícil pensar en que se realicen modificaciones sustantivas, sobre todo las exigidas por los países del Mercosur.
Otros puntos sin consenso hacen a las barreras técnicas al comercio y a las medidas sanitarias y fitosanitarias. Los sudamericanos quieren asegurarse un ingreso cierto al Viejo continente, que muchas veces obstaculiza la llegada de productos argumentando razones científicas o ambientales sobre la producción de los bienes y sus normas de calidad, mientras que los europeos objetan las trabas en el traslado de mercancías adentro de la unión aduanera.

A todo esto se añade el capítulo sobre Propiedad Intelectual, que toca sensiblemente a la industria farmacéutica. Las discusiones de los negociadores hacen al resguardo de patentes, datos de prueba, secretos comerciales y demás. También la UE sigue exigiendo que no se comercien productos que en Europa están resguardados con denominaciones de origen protegidas (como ocurre con el queso roquefort), algo que el Mercosur no acepta, aunque hay un texto consolidado.
Por tal motivo se suponía que no se llegaría a un entendimiento, pero hoy no se puede descartar que los gobiernos del Mercosur terminarán aceptando las restricciones europeas a cambio de promesas de cooperación y/o futuras aperturas.

En el marco del clima político anti-TLCs existente en los países europeos por el avance de la derecha, el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, desea demostrar a su opinión pública que gracias a la actitud aperturista de los gobiernos neoliberales del Mercosur, Europa solo obtendrá beneficios del acuerdo por ganar mayores mercados para los productos europeos.

Asimismo, garantizaría a los europeos, entre otros beneficios, mayores ingresos para sus empresas por la mayor apertura en áreas de servicios, incluyendo en particular el sector financiero, compras públicas, y la mayor extensión para la protección monopólica de sus patentes medicinales.

La UE ha perdido peso en el concierto internacional y en los intercambios comerciales, todavía no se ha repuesto de las crisis del 2008, las economías de sus países periféricos quedaron muy debilitadas y busca colocar sus excedentes industriales y financieros.

También el Mercosur está estancado desde hace años. Sobre todo a partir de las administraciones de Menem y Collor de Melo cuando se transformó en una simple unión aduanera al servicio de las corporaciones, especialmente la industria automotriz, que ha usado al Mercosur como escudo protector frente a terceros países y que obliga a Argentina y Brasil a negociar permanentemente los términos de ese intercambio.

Para la UE también sería una respuesta ante el fracaso del TTIP y una muestra de la efectividad de la alianza Merkel-Macron, sustentada en concepciones neoliberales y que junto con China está dispuesta a asumir el liderazgo de la globalización, ocupando espacios cedidos por los EE UU de Trump. Adicionalmente tiene un contenido geopolítico ya que ampliará su influencia económica y política en la región.

Carlos Bianco, ex secretario de Relaciones Económicas Internacionales, señaló que: “El único beneficio para la Argentina, admitido por los propios negociadores argentinos, es el incremento de la posibilidad de vender carne a la UE. Se trata de 70.000 toneladas, que está por debajo de las 100.000 que ofrecieron en 2004. Lo demás es en perjuicio de la industria y el comercio nacional”.

Bianco consideró que la industria y las pymes serán las grandes perjudicadas de un acuerdo con la UE, ya que la contrapartida a las nuevas exportaciones de carne local será la autorización de un mayor ingreso de productos industriales europeos.

Además la UE impulsa que sus laboratorios logren una protección extendida de las patentes, de forma tal de “impedir la producción local de genéricos que compitan con esa producción”.

El mensaje del jefe de gabinete Marcos Peña al cerrar la Conferencia de la Unión Industrial Argentina (UIA) aumentó la tensión empresaria, que teme que un acuerdo comercial UE-Mercosur abra aún más las puertas a la importación. Peña, ante la ausencia de Macri, ratificó el rumbo inexorable hacia la firma: “Es una señal de mediano plazo que marca hacia dónde queremos ir como matriz productiva”, dijo, sin ofrecer mayores detalles.

Los industriales denunciaron el secretismo y la falta de transparencia de las negociaciones y reiteraron que no reciben información sobre ellas, a la vez que pidieron una mayor participación en un tema tan sensible. Semanas atrás, una veintena de dirigentes de diversas cámaras sectoriales comunicaron al subsecretario de Comercio Exterior, Shunko Rojas, sus preocupaciones sobre el impacto negativo que tendría el acuerdo con la UE.

“Vamos a llevar adelante un país que quiere ser global, quiere ser protagonista. Esperemos que en diciembre podamos tener novedades positivas del ingreso del país a la OCDE. También tenemos la posibilidad de avanzar en el acuerdo con la Unión Europea. Es una señal que marca hacia dónde queremos ir”, dijo Peña.
El acuerdo con la UE tiene varios capítulos. Uno de ellos es la eliminación masiva de aranceles, que se haría de manera progresiva. Los primeros bolsones de posiciones arancelarias a liberar serían los que no tienen producción local, hasta llegar, pasados los diez años, a los productos “sensibles”. Pero, además, están las compras públicas y la política de patentes, que también encienden luces de alarma entre los industriales.

Hay un apartado del acuerdo dedicado a las compras públicas, por el cual las empresas europeas podrían tener igual trato que las nacionales. En tanto, los laboratorios están en pie de guerra contra el acuerdo porque los europeos quieren extender las patentes de los medicamentos.

Un acuerdo alternativo

Una apertura precipitada del mercado por parte del Mercosur a una economía como la europea puede tener consecuencias dramáticas para el empleo, en particular sobre el industrial, para la seguridad alimentaria, enfocando el uso de la tierra hacia los productos de exportación como el etanol, y para la estabilidad financiera de la región.

Una negociación elemental y viable del Mercosur con la UE debería partir de la consideración de la existencia de condiciones y ventajas asimétricas entra ambos bloques. Para los analistas de la Fundación para la Integración Latinoamericana (Fila), una estrategia básica de negociación debería en forma transparente contemplar al menos:

a) Realizar un análisis serio y transparente -no solo entre negociadores que poco conocen y/o no consultan las realidades y actores sectoriales o regionales - para evaluar los eventuales impactos de una mayor apertura de importaciones europeas.
Podría plantearse como alternativa una negociación en etapas y, en tanto se presenta como “acuerdo de cooperación económica”, vincular cada una de ellas al logro de ciertas metas prefijadas de desarrollo económico (aumento del PBI per cápita, desarrollo industrial regional o social, aspectos del Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas), con cláusulas de suspensión de ventajas de no cumplirse las mismas.
Una metodología con metas acordadas para el desarrollo, que fueran más allá de salvaguardas temporales, permitiría: 1) de producirse crisis de balanza de pagos u otras dificultades económicas que llevara a la caída de la actividad económica, pudieran revertirse legalmente y renegociar las concesiones; 2) ahondar el compromiso de bregar en forma permanente por el desarrollo mutuo y armónico de vínculos de cooperación y complementación.

b) Exigir un análisis consistente y responsable específico por productos y sector de la aplicación del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) por parte de la UE, interpretando que el cambio de criterios y la eliminación de su aplicación en las importaciones de casi todos los países del Mercosur desde 2014, es un factor distorsivo y/o condicionante indirecto al clima de armonía no extorsivo que requieren negociaciones internacionales con un horizonte de largo plazo.

c) Acotar las metas para alcanzar resultados viables, consistentes y mutuamente beneficiosos teniendo en cuenta que, tal como ocurre en general con los mal llamados Tratados de Libre Comercio (TLC), la mayor parte de los capítulos de la negociación Mercosur-UE no son de carácter comercial sino que se vinculan a un amplio espectro de temas estratégicos (compras públicas, propiedad intelectual , servicios financieros, telecomunicaciones, transporte marítimo y competencia, entre otros), deben plantearse prioridades claras y alcanzables de negociación.

Tal como señalara el ex secretario general de la Cancillería de Brasil, Samuel Pinheiro Guimarães, al realizar un análisis de las condiciones y efectos que podrían derivar en particular para Brasil un mal acuerdo con la Unión Europea, podría ser el inicio del fin del Mercosur, y el fin de la posibilidad de desarrollo autónomo y soberano brasileño y del objetivo estratégico de Brasil de construir un bloque económico y político de América del Sur, próspero, democrático y soberano. Los europeos han presentado este acuerdo como distinto al ALCA que quería imponer Estados Unidos y que fue derrotado en 2005, aunque sus condiciones y exigencias serían aún mucho más severas.

Al respecto, Elsa Bruzzone, especialista en geopolítica, estrategia y defensa nacional, secretaria del Centro de Militares para la Democracia Argentina (Cemida) y asesora ad honorem del Congreso argentino sobre recursos naturales estratégicos, señaló que: “La idea de la apropiación a través del libre acceso y el control de nuestros recursos naturales, que la UE no posee porque los ha dilapidado o sobre utilizado, está presente, entre líneas, en la Constitución Europea o Tratado de Lisboa y explícitamente en la “Iniciativa de Materias Primas” que proponen una nueva colonización de Nuestra América, Africa y Asia. Nos da el rol de ser simples productores de materias primas. No solo eso. Al leer los documentos, disponibles solo en inglés y no todos, observamos que la UE tiene todo a su favor y nosotros todo en contra.

En efecto, exportaría al Mercosur productos agrícolas e industriales con valor agregado; tendría el libre acceso a la compra de tierras fértiles, bien fundamental para la producción de alimentos, a hidrocarburos y minerales (implica la exploración y producción de petróleo, gas natural y electricidad), a biodiversidad, y a su libre disponibilidad; permite el libre acceso y uso del transporte e infraestructura de energía.

Se otorga el poder casi omnímodo a las corporaciones transnacionales. Se les garantizan a las “empresas estatales” (monopolios designados) y sus subsidiarias derechos especiales y privilegios.

Se eliminan todas las barreras en varios productos (autos y autopartes). Se aceptan los términos de la Declaración de Doha de la OMC y se adopta a ésta como árbitro. Nuestros países renuncian a dirimir el conflicto con la empresa transnacional europea bajo nuestras propias leyes.

A ello debemos agregarle el tema de las patentes sobre los medicamentos y el ambiente, ya que se pueden tener políticas de preservación ambiental, de vida humana, vegetal y animal siempre y cuando esto no sea un impedimento para la inversión y la comercialización.

Hace muchos años vengo sosteniendo que tengamos cuidado cuando los países más desarrollados nos hablan de “Desarrollo Sostenible” o “Conservación de la Diversidad Biológica”. No es lo mismo para ellos que para nosotros. Es una zanahoria para evitar que nuestros pueblos desarrollen modos de vida y producción propios de acuerdo a nuestra idiosincrasia, pensamiento y experiencia”.

Por el contrario, “tenemos que aunar fuerzas a ambos lados del Atlántico para evitar este desastre. Tenemos que buscar acuerdos muy diferentes, que revaloricen las complementariedades entre las dos regiones, que apunten hacia una integración que ponga a la ciudadanía en el centro, que busquen la prosperidad de las dos regiones y no se orienten al saqueo de una por la otra, y que reduzcan las diferencias sociales entre regiones y dentro de las dos regiones, en vez de hacerlas más grandes”, declaró el eurodiputado español de Podemos, Xabier Benito Xiluaga.

 

 
Our website is protected by DMC Firewall!