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El Gobierno entre dos estaciones

El verano austral parece que no le está dando al Presidente Macri, todas las chances políticas que suelen dar estos asuetos a los gobiernos en Argentina, excepto a los de 2001-2002. Por Modesto Emilio Guerrero

Argentina - La instrumentación sin apoyo del Congreso de su plan de ajuste con despidos masivos ha creado un estado de situación que ha comenzado a preocupar a sus principales asesores de estrategia. Esa tendencia no está reflejada aún en encuestas y estudios de la opinión pública, pero se puede medir por instrumentos menos proyectivos, o sea, más fieles a la realidad.
En los primeros 40 días de gobierno, la nueva administración debió soportar cerca de 30 acciones de calle, entre ellas dos con enfrentamiento violento, una en Ezeiza, otra en La Plata, y una concentración masiva en Plaza de Mayo con más de 50.000 personas que se manifestaron contra el despido del periodista Víctor Hugo Morales.
Lo cierto es que es una realidad verificable cada día en las calles y medios de transporte, pero también en los hogares y mercados, que la opinión pública ha comenzado a modificarse en sentido negativo. Esa misma opinión publica que aprobó al comienzo del gobierno la eliminación del cepo cambiario, no dijo nada sobre los favores a los empresarios sojeros y las restricciones a las exportaciones.
Incluso entre gente que desaprobó las políticas de la administración anterior y votó contra su oferta electoral, comenzó a manifestar sus quejas por la eliminación de subsidios a las tarifas de los servicios públicos y el descontrol de precios en los mercados.
También se ha registrado reacción contraria a la gestión presupuestaria del Gobierno de Macri, al evaluar como un grave error otorgarle a la ciudad de Buenos Aires muchos más recursos que al resto del país, lo que provocó el rechazo incluso de gobernadores afectos al actual gobierno.
El Presidente tuvo que dar marcha atrás y comenzar a buscar una coalición pragmática con Sergio Massa, para tratar de garantizar una gobernabilidad más segura. Macri necesita con urgencia un consenso mínimo antes del inicio de las sesiones del Congreso, que le permita reducir el impacto recesivo de corto plazo de las medidas de reducción del déficit fiscal y sobre de una inflación que ya está molestando a amplias capas de la población. Basta ver la reducción del consumo hotelero y gastronómico de verano en las playas.
Algunos analistas amigos del gobierno, como Joaquín Morales Solá opinan que la estrategia de shock debe ser cambiada por una más gradualista para evitar el costo mayor de la conflictividad social anunciada. "La realidad política interna posiblemente requiera de este proceso más lento, aunque económicamente más riesgoso y costoso. Lo que está demostrado a nivel internacional es que un ajuste ordenado resulta en una clara mejora en el desempeño económico", advirtió en una columna para Infolatam, abriendo un debate interno en Cambiemos qué hacer con el rechazo creciente a los despidos y los precios.
Estas complicaciones internas se están combinando con otras creadas en el exterior, sobre todo con los fondos buitre. Aunque es probable lograr un acuerdo con ellos, las negociaciones apenas comienzan y no se aseguran resultados ciertos por la desmesura de lo que piden los acreedores a la nación argentina. Esa fisura con el mercado especulativo internacional hizo subir en 1% el riesgo país que miden las consultoras dedicadas a la especulación. Algunos asesores del gobierno sostienen que el gobierno debe aflojar la presión sobre los buitres para no molestarlos. "Ponerse en una posición ultra-dura puede regresar el país a su reciente y trágico pasado", le dijo al Presidente este domingo, el asistente principal de Carlos Melconian.
Otro síntoma político de un proceso abierto en la gobernabilidad de Mauricio Macri lo aporta la distancia que están tomando algunos aliados clave, como Moyano, Elisa Carrió, Mirta Legrand, Beatriz Sarlo, algunos jueces federales, incluso Massa, quien cuestionó ayer lunes 1º de febrero la decisión del Presidente de retirar los cuadros de Néstor Kirchner y Hugo Chávez de un salón de la Casa Rosada.
En el fondo de estas conductas cautelosas de quienes fueron aliados leales hasta ayer, está la conciencia de una país social (el de los consumidores de clase media y los trabajadores) que hace apenas 15 años se rebeló por un ajuste económico similar que dejó al país sumido en la revuelta, la violencia y la desgobernabilidad.
El llamado de la Central de Trabajadores Argentinos a realizar un paro nacional a finales de febrero, más la declaración de Moyano diciendo que no le gusta lo que hace el gobierno en materia económica y el malestar causado por la violenta represión a una murga del Bajo Flores, son suficientes signos de un país que comienza a transitar del veranito triunfal del 10 de diciembre a otra estación política en la vida del país.

 
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