Red Eco Alternativo ***

Tres lecciones griegas

Antes de las elecciones del 25 de enero, la coalición partidaria Syriza prometió la creación inmediata de 300 000 puestos de trabajos nuevos, el fin de la pesadilla de austeridad y autoritarismo, luz eléctrica gratuita, más dinero para jubilados pobres y otras bondades las que su candidato Alexis Tsipras en todos sus discursos enfáticos llamó no negociables.

(Manfred Sohn - news.dkp.suhail.uberspace.de/2015/07/drei-griechische-lektionen) Grecia - Ni medio año después este hombre hizo pasar por el parlamento todo lo contrario de este programa, utilizando amenazas de renuncia y todo el arsenal de políticos burgueses: recortes de la renta a través de un tardío comienzo de la jubilación, despidos en el servicio público, privatización de empresas estatales y aún más vigilancia por las instituciones contra las que él mismo había luchado antes.
Pasó ni una semana que este mismo hombre les recomendó a los griegos rechazar un programa que había sido menos duro en un referéndum, para así mejorar su posición de negociación frente a los acreedores.
Más del 60 por ciento de un 60 por ciento de la población que todavía toma en serio elecciones y referéndum, le siguió. De nada sirvió: el 16 de julio salió del parlamento lo contrario no solo de todas las promesas sino también del voto del referéndum.
Nunca se hizo tan obvio lo absurdo del teatro parlamentario-político burgués. Después de la vergüenza de Atenas, las damas y caballeros del dinero europeo y del Fondo Monetario Internacional (FMI) generosamente aceptaron negociar sobre nuevos créditos para los bancos griegos y el presupuesto griego – con esto Grecia en esencia podría pagar sus deudas contraídas, pero no tendría casi margen para programas propios.
Por lo tanto la primera lección griega es: Elecciones y referéndum no cambian nada. Tienen el mismo peso como encuestas de investigadores o institutos de marketing.
Se murieron en Grecia también las ilusiones de que aquellos cuyas cabezas se ven en la propaganda electoral podrían enseñar la salida de la miseria, sustituyendo verdaderas acciones de masas. Uno de estos centros de esperanza – Yanis Varoufakis – recibirá ahora el provecho de su caprichosa carrera ministerial estrenándose como marxista profesoral de salón por los auditorios y hoteles europeos y de los EEUU y mejorando así su ingreso familiar – lo cual no sería necesario ya que su esposa proviene exactamente de esta oligarquía que él dice enfrentar.
El otro – el jefe de gobierno que no quiere renunciar – solo es poco común como político en el sentido de que corrió la carrera diagonal clásica de los socialdemócratas, desde abajo a la izquierda hacia arriba a la derecha, en solo seis meses mientras Gerhard Schröder, ex-canciller alemán, para lo mismo necesitó veinte años. Para quedarse arriba a la derecha o – como dijo Varoufakis en el Guardian – en primera fila, Schröder redujo al Partido Socialdemócrata (SPD) al guetto de los 25 por ciento, tal como ahora Tsipras explota Syriza, teniendo en cuenta que esta explosión produce daño también en otros partidos ilusionarios de izquierdas, como en el partido Die Linke (La Izquierda, de Alemania) o en el Podemos español.
La capitulación de la socialdemocracia de izquierdas no solucionará ninguno de los problemas del pueblo griego. El día siguiente del dictado el FMI manifestó que la deuda del estado Griego en los próximos dos años podría crecer a 200 por ciento des PIB griego. Para asegurar la posibilidad de enfrentar deudas según los criterios generales del FMI, serían necesarios un corte de las deudas y más créditos.
Todo no pasará ni servirá. No pasará porque las deudas de Grecia con sus 320 mil millones de euros solo significan el 2.5 por ciento de todas las deudas europeas en conjunto (sin Grecia son de 12 500 mil millones de euros. Es similar en otros centros capitalistas: la deuda de los Estados Unidos suma 17 600 mil millones (en euros), la deuda de Japón 9 500 mil millones de euros. Aún en caso de un hiperinflación con un 0 por ciento de intereses nunca se pagarán. Lo que tenemos ahora todavía no es el drama. Es el prólogo del prólogo.
Las perspectivas de este drama son mucho más escalofriantes para el pueblo griego que el destino de su gobierno, dispuesto para todo tipo de humillación. Pongamos el caso de que el pedido de Varoufakis por un tipo de plan Marshall, es decir un Plan Merkel se hubiese hecho realidad. El – ya no válido - programa de Syriza contenía una serie de facilidades de ayudas estatales y más compromiso estatal en diversos sectores de la sociedad. Pero no había ningún programa para el desarrollo de la economía fuera del sector estatal. En el capitalismo, sin embargo, se pagan a los empleados públicos y se financian las ayudas estatales a través de impuestos desde los sectores no estatales. Por lo tanto, habría que responder la pregunta cuáles sectores no estatales deberían formarse con la ayuda del Plan Merkel. Tsipras no tiene respuesta. Pero el presidente de la cámara de industrias, Theodoros Fessas, al menos hizo el intento: turismo, alta tecnología, energía, logística y agronomía. Es su secreto porqué los demás países que quieren sostener sus propias empresas de alta tecnología, energía y logística, deberían dar dinero para la construcción de una competencia griega. Por lo tanto se reduce la estrategia de crecimiento para Grecia a turismo y aceite de oliva.
He aquí la semilla del drama: de los países de la Unión Europea Grecia es el primero que enseña lo que los economistas marxistas hace tiempo ya llaman la barrera interior del capitalismo según Marx: organizado de manera capitalista son suficientes los bienes de Alemania, de Bélgica, Holanda, Luxemburgo y pocos países más para abastecer todo el continente. Para la periferia europea no hay más que turismo y folclor.
Por esto no hay perspectiva para Grecia y para los demás países de la periferia europea una creciente falta de esta perspectiva. Pero las leyes del capitalismo no frenarán en el sur de Europa. Después de haberse extendido al norte de África y grandes partes de Asia ahora tienen su primera cabecera de puente en uno de los tres centros capitalistas y se extenderán en las próximas décadas hacia París, Londres y Berlín.
Parecía marxismo ortodoxo lo que se alegó en contra del Partido Comunista de Grecia en las últimas semanas. Pero a la luz de los sucesos su advertencia de la campaña electoral de que el capitalismo no se puede reformar luce más clara. Como todo programa político esto no es ninguna verdad para toda situación. Sabemos que el capitalismo sí se pudo reformar después de la primera y la segunda guerra mundial. El error básico de los socialdemócratas de izquierda (sean Tsipras, Gysi o Varoufakis) del continente es que no ven ni menos comprenden la diferencia histórica central entre el estadio capitalista de desarrollo después de las destrucciones de la guerra mundial o al principio de la así llamada etapa fordista, y su fase de desarrollo actual. Por la destrucción masiva de capital y fuerza de trabajo entre 1939 y 1945 hubo una necesidad gigantesca de trabajadores para la construcción de carreteras, fábricas de automóviles y lo que fue necesario para el consumo en casa (lavadoras, refrigeradoras, lavavajillas, televisores etc) – y por lo tanto la posibilidad real tener un provecho y recuperar el dinero adelantado del Plan Marshall. Hoy ya no existe este espacio de acción, para tales planes o programas de inversión, como las reivindica la izquierda socialdemócrata del continente. Ya no hay regreso a las décadas doradas 60 y 70 del siglo pasado. La burbuja de títulos de deuda con la esperanza de ganancia futura reventará – temprano o tarde.
Esta es la segunda lección griega: Ya no habrá ningún aumento de bienestar en la jaula mágica de economía de cambio y dinero, de mercado, provecho y un estado burgués que supuestamente una todo ello. Esta fase histórica se acabó. Es obvia también la imposibilidad de llegar a tener un progreso de bienestar, tampoco en Alemania. El fracaso de la huelga de los empleados del correo, el resultado pobre de la huelga de las y los empleados de los círculos infantiles, las cada vez decepcionantes participaciones del partido „Die Linke en gobiernos regionales – dan la misma imagen como la dejó Syriza que con tanto fervor comenzó: con cada vez más empeño se consigue cada vez menos.
Con esto llegamos a la tercera lección de este verano griego que resume: Ninguna organización con política representativa, aunque prometedora, sino solo las masas en directa acción serán capaces romper la jaula burguesa-capitalista y avanzar hacia una sociedad libre que funciona como una asociación de iguales en vez de mercado y estado. No se puede pensar en una salida de las devastaciones que hace el capitalismo en todo el mundo, ahora en el sur de Europa, pero luego también en su centro y norte, mientras la gente que sufre por estas devastaciones queda capturada en las categorías de mercado, dinero y estado. Solo en la medida en que la gente se evolucione hacia una asociación de seres libres, en su contorno inmediato y enredada de manera supraregional, en una delimitación consciente de este sistema, se puede liberar de la miseria.
Esto significa resistencia en vez de integración, revuelta en vez de parlamentarismo, apropiación violenta de las estructuras vencidas de producción y su uso por los mismos productores, en el nivel de la comuna. Sin este camino largo y pedregoso de la despedida de las ilusiones en poder, de la fuerza mística de las urnas electorales y de programas de canjes; y sin la comprensión de la necesidad de acciones directas y del fin de la economía de bienes y de competencia y así mismo de la máquina estatal que la protege, no habrá salida de este drama cuyo prólogo comenzó en Grecia – ni para los griegos ni para nosotros.
Traducicida por Günter Pohl

 
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