Una mirada integral de la pobreza argentina

Hablar  de pobreza e indigencia amerita mirar más allá de los ingresos de los hogares que la definen. Otras dimensiones como vivienda, salud, servicios básicos, acceso a la educación e información son parte de una mirada necesaria. Y con este abordaje es que la Encuesta de la Deuda Social Argentina  concluye que durante el 2017, 6 de cada 10 hogares urbanos estaba privado de al menos una de ellas. Por Alejandro Ordosgoiti para Red Eco

 

(Alejandro Ordosgoiti para Red Eco) Argentina- El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA presentó los resultados de la Encuesta de la Deuda Social Argentina Serie “Agenda para la Equidad (2017-2025)”. Con base en esta información, el análisis punta a punta del período da cuenta de un comportamiento relativamente amesetado en las tasas de indigencia, un aumento sistemático en las tasas de pobreza desde 2011 hasta 2015, así como un incremento en ambos indicadores entre 2015 y 2016. Este informe cobra relevancia por los desmanejos del INDEC en dicho período, que provocaron polémicas cifras de inflación y pobreza, que fue dejada de publicar entre 2013 y 2015, entre otros.

Indigencia y Pobreza

Un examen más detallado muestra una caída en las tasas de indigencia, tanto a nivel de hogares como de población, entre 2010 y 2013. Esto, explican desde el Observatorio, fue debido al protagonismo que asumieron las políticas de transferencia de ingresos hacia los sectores más vulnerables, incluso, a pesar de la alta inflación registrada durante el período. Entre 2014 y 2015, la indigencia descendió levemente, para luego volver a crecer en 2016, sin registrar una evolución favorable en el último año.

Por su parte, las tasas de pobreza habrían experimentado una importante reducción entre 2010 y 2011, en el marco de un proceso de reactivación económica y mejoras en las políticas laborales y sociales. Luego, estas tasas evidenciaron una tendencia ascendente entre 2012 y 2016. El impacto inflacionario de la devaluación, sumado a los efectos recesivos de las medidas de ajustes adoptadas, elevaron significativamente las tasas de pobreza en 2016. Según el informe, en el último período 2016-2017, las tasas de pobreza retomaron su tendencia descendente, sentencia el informe.

Salud

Entre los años 2010 y 2017 la evolución de la privación en la cobertura de salud asume una tendencia irregular, con un descenso pronunciado en 2011 que se modera entre los años 2012 y 2013 para volver a los niveles iniciales en 2014, momento en el que inicia una tendencia ascendente hasta llegar a 2017 mostrando su punto más alto. En 2017 un 20% de los hogares no tenía cobertura de salud y debió recortar gastos en atención médica o en medicamentos. Cabe destacar la importancia de la brecha que se registra según condición de pobreza, donde en 2017 los que no tienen acceso a cobertura de salud representan el 11% de los hogares no pobres, el 42% de los hogares pobres no indigentes y el 56% de los hogares pobres indigentes, señala el informe de UCA.

Servicios básicos y recursos educativos

La privación en el acceso a servicios básicos descendió desde 2010 pasando de presentar un déficit de 35% en 2010 a 30% en 2017. En la dimensión vivienda también se observa una evolución favorable entre 2010 y 2017, mientras que en 2010 el déficit en el acceso a una vivienda digna alcanzaba a 23,7% de los hogares en 2017 la proporción alcanza al 17,6%.

El mismo informe muestra que el porcentaje de hogares con déficit de recursos educativos se ubica cerca del 35%. Para 2017, la proporción que no accedía a recursos educativos entre los hogares no pobres alcanzaba al 25,6% mientras que superaba ampliamente al 60% entre los hogares pobres e indigentes, comenta el Observatorio.

Empleo registrado y seguridad social

A nivel agregado la situación de los hogares respecto al acceso al empleo registrado y la seguridad social no experimentó cambios relevantes más allá de un leve descenso en los años 2014 y 2015 que se revierte en 2016 y continúa su proceso de deterioro en 2017. En 2017 el 15% de los hogares no pobres se encontraba sin afiliación al sistema de seguridad social, mientras que la proporción para los hogares pobres e indigentes en esta situación resulta mayor al 60%.

Recursos de información

Esta dimensión presenta una mejora sostenida desde 2010, producto de la expansión en el acceso a internet en los domicilios, si en 2010 el 38% de los hogares no contaban con recursos de información adecuados, la proporción alcanza al 25% en 2017. Representando la carencia en el acceso a recursos de información más que a la mitad entre los hogares pobres e indigentes, y a 2 de cada 10 entre los hogares no pobres.

Mirada multidimensional

La evolución de la proporción de hogares que presentan al menos una carencia en estas dimensiones -  vivienda, salud, servicios básicos, acceso a la educación e información - muestra una tendencia decreciente a lo largo de la serie.

Cabe destacar sin embargo que en 2017, 6 de cada 10 hogares urbanos en la Argentina presenta privación en al menos una de las dimensiones analizadas. En 2017, concluye el informe, el 54% de los hogares no pobres experimentaba al menos una de las carencias en derechos definidas, mientras que prácticamente la totalidad de los hogares pobres o indigentes se encontraba en similar situación.

Cuando observamos un período mayor, desde la vuelta de la democracia a hoy, y tomando los índices del INDEC, podemos ver picos en la híper-inflación del 89 y en la crisis de 2001, que luego descienden, pero sin volver a los niveles anteriores.

Por ejemplo,  a fines de la década de los 80 la pobreza aumenta hasta llegar cerca del 50%; luego desciende durante la década del hasta el 15 %, porcentaje similar al que tenía en 1980. Después vuelve a escalar hasta pasar el 50 % en 2002. Allí comienza otro descenso que toca el 25 % en 2012 y vuelve a subir para llegar al 30%. Entonces, vemos con en las últimas décadas, 80, 90, 2000 y 2010, hubo picos de pobreza y luego descensos, pero sin poder volver a los niveles de la década anterior, acumulando pobreza estructural.

Estos índices son aproximaciones. Mientras que el modelo de la UCA contempla sólo 5800 casos en los centros urbanos más importantes, el índice del INDEC presentó irregularidades que hacen difícil hacer un seguimiento concreto. Ambos índices miden el ingreso con una canasta básica, sin contemplar, por ejemplo, el pago de alquiler, algo que afecta a un gran porcentaje de la población. Son acercamientos, miradas generales que sirven para observar una evolución global.

En la Unión Europea, el estándar que se usa para medir pobreza, es el promedio del salario, y quienes están por debajo se los considera pobres. Si ese fuese el índice que utilizáramos en Argentina, la pobreza sería similar en su evolución, pero mayor en sus números.

El documental Alemania, País desigual (Deutsche Welle )) cuenta que más allá de la igualdad en ingresos entre el 90% de la población, la mitad no consigue su propia vivienda. La desigualdad en Argentina es más marcada, y esto muestra que más allá de apuntar y poder alcanzar una distribución del ingreso más equitativa, el acceso a una vivienda aún sería dificultoso. Planes de viviendas accesibles, distribución del territorio, priorizar familias y personas en lugar de oportunidades de bienes raíces que den ganancias altas en rentas y especulaciones, son herramientas que no están contempladas en el corto, mediano o largo de plazo de Argentina. Para poder hacer una sociedad más equitativa, sin pobreza o pobreza baja al nivel de los años 70 cuando se ubicaba cerca al 5%, se necesitan medidas como estas, para garantizar el acceso a la vivienda que exige la Constitución, pero también otras.

La salud pública podría no ser otro nicho de ganancias empresariales y se podría apuntar a un sistema de salud pública gratuita universal, como Canadá, Suecia, Francia, o incluso Inglaterra, que podría ayudar a los sectores medios y bajos, incluso sin mejorar el  nivel de ingreso, y sumaría en recomponer el poder adquisitivo sin este gasto, además de la calidad de vida.

La educación, con claras mejoras por hacer en el sector público, es algo directamente relacionado con las condiciones de vivienda y salud, ya que es bajo el porcentaje de la población con educación universitaria y de posgrado, y más para las personas que no tienen acceso a salud y vivienda dignas. El tema clave en este sentido son las condiciones laborales.

Más allá de planes sociales o un seguro de desempleo que no existe desde hace tiempo en el sistema argentino, con más del 30% de la población trabajando en negro, y con trabajadores registrados incluso sin llegar a la canasta básica – que, como ya mencionamos, es un nivel bajo de medición-  es difícil pensar que la pobreza vaya a descender.

Medir la pobreza por trimestre de una manera confiable no va a hacer nada en sí mismo, más que evaluar la evolución de la sociedad en su conjunto. Las políticas de fondo que tiendan a igualar ingresos, subir los más bajos y bajar los más altos, garantizar vivienda, salud, educación y recreación para una buena calidad de vida, son las discusiones que faltan y que no parecen proponer los partidos que vienen gobernando desde la vuelta de la democracia. Va a ser complejo entonces ver mejoras importantes en el corto y mediano plazo en pobreza como en calidad de vida en general.

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