Óscar Murillo, historiador colombiano: “El Paro Nacional debe entenderse como el acumulado de protesta social que viene gestándose desde la última década”

El 28 de mayo se cumplió un mes del inicio del Paro Nacional en Colombia. Una protesta que empezó como una movilización contra la reforma tributaria pronto se convirtió en cientos de manifestaciones en todo el país con distintas demandas y con un claro denominador: el descontento contra la represión policial y el gobierno de Iván Duque. A pesar de la pandemia del Covid-19, la gente se mantiene en las calles configurando un nuevo estallido social para Colombia y la región.

(Nodal) Colombia - Óscar Murillo -historiador y Magister en Ciencias Políticas de FLACSO- analiza las causas del Paro Nacional, lo vincula con anteriores manifestaciones que sucedieron en el país en las últimas décadas y reflexiona sobre la respuesta del gobierno de Iván Duque a partir del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948.

¿Cuáles fueron las causas que dieron inicio al Paro Nacional y que lo sostienen a un mes del inicio?

Las causas de este Paro Nacional en Colombia que ya completa un mes pudieran dividirse en causas de dos órdenes: una coyuntural y otra de orden más estructural. En lo coyuntural, lo fundamental está en la reforma tributaria, un proyecto de reforma que presentó el gobierno de Iván Duque ante el Congreso de la República que pretendía imponer con una mayor carga de impuestos a las capas medias y a los sectores populares, lo que terminó generando una ola importante de indignación y la convocatoria del 28 de abril. Sin embargo, se pueden identificar otros elementos de orden más estructural que explican el estallido social en Colombia. De una parte, un importante desempleo que alcanzó el 14,2% en el mes de marzo a nivel nacional, y que si bien uno puede identificar como parte de los efectos derivados de la pandemia, también es importante decir que hay un modelo económico que ha precarizado el empleo y mantenido en los últimos años una importante cifra de desempleo previo al Covid-19. Por otra parte, hay una pobreza y una inequidad sostenida en el país que ha llevado a una indignación importante, pero sobretodo que se expresa fundamentalmente en una tasa de desempleo juvenil que se ubica en el 16,8% a nivel nacional y a nivel regional, en casos como Ibagué, alcanza el 23,9%. En Colombia, uno de cada tres jóvenes no tiene oportunidades de estudio ni de trabajo, y estas son causas que explican bastante el movimiento juvenil en Colombia. Además, la tasa de pobreza monetaria, que en se ubicó en el 40,1%, supone un incremento del 12% en relación con 2019 y esto se traduce en cifras dramáticas que implican que a nivel nacional hay 2,4 millones de hogares que ingieren menos de tres porciones diarias de alimentos, 2,2 millones de familias que en Colombia comen dos veces al día y más de 21 millones de personas que viven al mes con $331.688 pesos, el equivalente 89 dólares. Estas son causas de orden estructural que llevaron a la movilización social.

En cuanto a las causas que sostienen el Paro Nacional, hay factores de varios órdenes. Por una parte, la respuesta represiva contra los derechos humanos en el país llevó a un importante rechazo y una indignación de parte de estos jóvenes que venían movilizándose en las calles y que hoy mantiene a la gente reclamando una reforma a la policía. También hay unas bases organizativas importantes, Colombia cuenta con organizaciones sindicales que pese a reformas laborales y la violencia antisindical que se ha producido en el país, se mantienen de manera importante y dan un soporte valioso a la movilización social. Además existe la movilización y la organización social indígena y unas organizaciones que, si bien no necesariamente están articuladas alrededor de la acción política, responden a dinámicas juveniles que han contribuido de manera significativa a sostener durante todo este mes el que pudiera denominarse como el paro más importante que ha tenido el país en las últimas décadas. Quizás el antecedente que pudiera identificarse es el paro cívico de septiembre de 1977 y no se compararía con este, dado que la naturaleza fundamental del actual Paro Nacional es constituirse en el paro y movilización social más prolongada en el tiempo, de mayor cobertura en términos territoriales y con mayor alcance en términos de las capacidades de movilización de actores sociales y políticos en su interior.

¿Qué similitudes y qué diferencias tiene este estallido social desde una perspectiva social y política con otros hitos de movilizaciones populares en el país en la última década?

El Paro Nacional de 2021 debe entenderse como el acumulado de protesta social que viene gestándose desde la última década en Colombia. Se pueden referenciar antecedentes importantes como la minga indígena en 2008, que fue un ejercicio bastante importante de movilización indígena de varias regiones del país pero fundamentalmente en el departamento del Cauca, el movimiento estudiantil que se configuró en 2011 con la denominada Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) que fue un ejercicio de organización estudiantil bastante significativo e importante, y por supuesto entre los años más recientes se puede identificar el ciclo de movilización que se potencia con la firma del Acuerdo de Paz en Colombia en 2016, el paro de la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (FECODE) en 2017 y el paro cívico en Buenaventura que se produjo entre mayo y junio de 2017. Allí se puede encontrar un largo ciclo de movilizaciones bastante importantes en el país que tienen su punto cumbre en el paro del 21 de noviembre de 2019. El Paro Nacional que vivimos hoy y completa un mes sería el punto cumbre de este ciclo de movilización que encontró en el Acuerdo de Paz la posibilidad de expresar masivamente una protesta social en las calles sin que esta sea calificada como una estrategia subrepticia de la insurgencia. Ese es un elemento inicial que valdría la pena señalar.

En cuanto a las características que se pueden identificar como novedosas o cambiantes del actual Paro Nacional, este es un paro que como ningún otro en la historia de Colombia ha tenido un alcance importante en términos de la capacidad de actores sociales y políticos en su interior. Allí se expresan desde transportistas, estudiantes, jóvenes que se encuentran dentro de esa franja que no estudian ni trabajan, las organizaciones sindicales, organizaciones campesinas y organizaciones indígenas. Entonces, hay un abanico muy amplio de actores sociales que se expresan en el interior de este paro cívico nacional. Esta es la primera característica central: el alcance de la manifestación. La otra característica es la cobertura, entendiéndose por cobertura el alcance territorial del Paro Nacional. Este es un paro que ha tenido manifestaciones alrededor de 700 municipios y en todas las ciudades capitales del país se han realizado manifestaciones en el marco de este mes. Este es el segundo elemento, además del alcance en términos de actores, la cobertura del Paro. También, otro elemento significativo tiene que ver con el alcance y la radicalización política que ha tenido el Paro Nacional, que convirtió unas protestas inicialmente de origen económico en una reivindicación fundamentalmente de carácter político contra el gobierno de Iván Duque. Estos son los tres elementos centrales que uno pudiera identificar como las características centrales de este paro. Sin embargo, hay otros componentes que conviene señalar y son muy importantes. En primer lugar, la novedad en términos del repertorio de protesta que ha reflejado este paro, y entiéndase por protesta los repertorios como rituales, acciones y formas en que la gente protesta. La ocupación de la calle después de una pandemia se refleja de manera importante en formas de fiesta y carnaval, toma de la calle que se convierte incluso en formas de trasgredir el espacio público, que no solamente es a través de la violencia sino a través de hacer pintadas en las calles que destacan el
carácter antiuribista de esta protesta social. Los cantos que la gente va reflejando y el que la gente haya convertido sus pequeñas pancartas o señales de protesta en formas creativas también está mostrando una indignación contra el poder político pero sobretodo también se pone en cuestión y tensión esos grandes relatos que reflejaban los movimientos sociales anteriores. Aquí estamos frente a una indignación que se refleja en expresiones ciudadanas autónomas e independientes más que en formas organizadas. Simplemente la gente decida salir a la calle y mantenerse allí.

El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948 desembocó en una guerra civil que marcó la violencia posterior en Colombia. ¿Existe este hecho en la memoria colectiva? ¿El temor a la violencia extrema juega un rol en las movilizaciones? ¿Lo utiliza el gobierno?

El gobierno nacional ha buscado de manera permanente y reiterativa descalificar la movilización social en Colombia presentándola como una suerte de manipulación que proviene del extranjero. Hace unos días tuvimos oportunidad de escuchar al ministro Diego Molano afirmar que detrás de los numerales en redes sociales y otras acciones de protesta estaban los rusos. Cuando se registró el paro del 21 de noviembre de 2019, se acusó al mismo de estar orquestado por Venezuela y por el Foro de San Pablo. Este es un discurso que constantemente ha tratado de utilizar el gobierno como parte de una narrativa que busca descalificar la protesta social en Colombia y negar las condiciones sociales que la generan. Esta práctica de acusar al movimiento social como una suerte de agresión externa podría ubicarse en Colombia como un producto derivado del 9 de abril de 1948. Cuando se produce este acontecimiento, la primera respuesta que tuvo el bipartidismo en el país, el partido liberal y el conservador, fue señalar que el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y los hechos derivados con posterioridad a este fueron el producto orquestado de la Unión Soviética. Allí se creó el mito de la agresión externa como una suerte de elemento que justificaba no solo la respuesta represiva sino que negaba las condiciones sociales de una indignación. Esta es una práctica que las élites en Colombia han mantenido hasta el día de hoy como parte de una narrativa que busca descalificar al movimiento social, pero sobretodo que busca presentarlo siempre como la manipulación de un actor externo.

Hoy han tratado de manera infructuosa de presentar al movimiento social que lidera el Paro Nacional como la manipulación orquestada por las disidencias de las FARC. Esto no solo no es cierto, sino que no ha tenido eco entre la opinión pública y ha sido un rotundo fracaso por un elemento que también es central: con el Paro Nacional que ya completa un mes también están pasando algunos hechos que conviene registrar.

En primer lugar, el cuestionamiento al poder simbólico y a la manera en que se ha construido narrativamente la memoria colectiva en Colombia. Como se pudo registrar por los medios de comunicación y es de conocimiento público, el movimiento indígena y algunos movimientos sociales han derrumbado estatuas en Cali, Bogotá y algunos municipios del país. Estos no deben ser considerados solamente como hechos anecdóticos. Cuando se derrumba una estatua también se está cuestionando lo que representa, lo que significa, lo que traduce como poder simbólico y lo que está materializando como parte de la memoria colectiva. Otro elemento fundamental es transformar los nombres mediante los cuales se conocen los lugares públicos. Denominar como Loma de la Dignidad, Puerto Resistencia, Portal Resistencia y Avenida Misak entre otros muchos ejemplos, pueden constituirse en una suerte de cuestionamiento a las narrativas con las cuales se ha construido la memoria colectiva histórica en Colombia. Un elemento central que no puede desconocerse de la manera en la que se construyen esas narrativas es la utilización del gobierno pero también es el cuestionamiento que realiza la gente sobre el poder que tienen las redes sociales en el marco de la protesta social. El uso de las redes sociales le rompieron la narrativa hegemónica a los medios de comunicación. Hoy la gente ha comprendido que puede no solamente ser receptora de información sino que puede ser generadora de contenidos comunicativos, que en sí misma puede convertirse en comunicadora y puede disputar esa narrativa hegemónica que constituyen los medios de comunicación tradicionales en Colombia.

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