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“Camus en La Peste nos plantea que la solidaridad es la mejor respuesta”

Así lo afrima Silvio Schachter, integrante del Consejo de Redaccón de la Revista Herramienta. En esta entrevista realizada por Mario Hernandez habla de La Peste, un libro de Albert Camus que nos trae inevitablemente a pensar y reflexionar sobre la actual situación de pandemia mundial.


Mario Hernandez: Te propuse hablar de La Peste, de Albert Camus. Un libro que relata una situación que se produce en el norte de África, en Orán. Que escribe en 1947. Muchas de las situaciones que relata Camus en este libro, de alguna manera las estamos viviendo actualmente. ¿Qué te causó la relectura de La Peste?

Silvio Schachter: Al releerlo me encontré con imágenes que me habían impactado en su momento, pero que ahora me llevan directamente a lo que nos está pasando hoy día. El interés no es solo mío, pues en estos momentos se ha transformado en un best seller. Leí que en Italia está entre los libros más leídos del momento, junto con Los Novios de  Alessandro Manzoni, un clásico de la literatura italiana, que tiene como trasfondo la peste de Milán de 1630. El francés Jean-Marie Le Clézio, que al igual que Camus obtuvo el premio Nobel, también  ha escrito una apasionante, dramática y poética novela sobre la vida durante una peste, La Cuarentena, que se desarrolla en las Islas Mauricio, donde sus personajes centrales son recluidos por el cólera.

Pero volviendo a Camus, en La Peste, plasma el ideario de todo un período de su producción intelectual. Él llega a París, donde se incorpora a la Resistencia francesa, es periodista del  periódico clandestino Le Combat, ahí se acerca al Partido Comunista, del cual luego se aleja definitivamente, entre otras razones, por su postura ante el estalinismo. En ese período, que va desde 1942 a 1947 escribe, primero, la novela El extranjero, después un ensayo filosófico El mito de Sísifo, luego la obra de teatro Calígula, y después en 1947 La peste en donde sintetiza su postura filosófica y su mirada del mundo expresada en sus anteriores textos; es además un  libro cuya narrativa te acerca de una manera más accesible al pensamiento de Camus.

El texto, a través de su trama y la construcción de sus personajes, te remite mucho a lo que sucede en el presente, pues Camus, reivindica el papel de la dignidad humana, de la solidaridad, la honestidad; el cuestionamiento a la autoridad, al silencio frente al drama, a la utilización mezquina de las catástrofes, en este caso la peste. Lo dice explícitamente “hay en los hombres cosas más dignas de admiración que de desprecio”. Sus reflexiones se expresan en la voz del relator de la historia, que como se descubre al fin de la novela, no es otro que el doctor Rieux, el personaje principal de este libro, que no casualmente es un médico, como quienes hoy están en la primera línea contra la pandemia.

En este punto considero apropiado aclarar un equívoco, en estos días circuló un texto atribuido a Camus, donde se afirma que: “lo peor de la peste no es que mata a los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso”. Primero que eso no figura en el libro, pero además se contradice profundamente con su pensamiento. Él tenía una gran esperanza en las virtudes humanas, en la solidaridad, la honestidad. El libro lo escribe como respuesta al dolor y desasosiego que produjo la Segunda Guerra Mundial.

La epidemia la sitúa en la ciudad Orán en Argelia, ciudad que conocía bien por ser argelino, un Piets noir, Pies negros, como llaman los franceses a sus compatriotas nacidos en África. En un reportaje explica que la ubica en Orán porque es una ciudad común, porque esto le puede suceder a cualquiera en cualquier ciudad, y le permite una mirada más universal. Es una situación excepcional, pero no su localización, ni sus personajes, ni siquiera la peste misma que como señala el relator así como llegó se fue y probablemente puede volver. No hay ninguna característica ni acontecimiento particular en esa ciudad que “merezca” ser castigada. La realidad confirma sus presagios, la guerra como las epidemias han vuelto muchas veces más desde que escribió ese libro. Esto es sin duda lo que otorga vigencia a la novela, y la ubica en la categoría de clásico de la literatura.

El personaje central, Rieux, el médico, es la antítesis de Meursault el personaje de su primer novela El  extranjero, un ser indolente, indiferente no solo a su propia muerte sino a la de los demás y hasta a la de su propia madre. Rieux es todo lo contrario, un médico abnegado y sensible que toma una decisión tremendamente difícil, que impacta al lector, porque tiene que irse para acompañar a su mujer que está enferma en otra ciudad, cuando lo toma la peste en Orán. Pero decide quedarse a pesar de que su compañera a la que ama se está muriendo en otro lugar. Esa es la reflexión principal que Camus hace sobre la solidaridad. No es un acto simple, es un compromiso incondicional con uno, pero también incómodo y nunca indolente, que no debe ser utilizado para prestigio personal ni político.

Su postura ética es un parámetro para medir en estos días, cuando personajes millonarios y empresas, se visten con el ropaje de solidarios, apareciendo en las tapas de los diarios, porque donan una parte pequeña  de su fortuna para enfrentar al COVID 19. No es este el tipo de solidaridad de la que nos habla Camus.

M.H.: Justamente hoy estaba mirando a Rafael Nadal que dona una camiseta, poniéndola a remate.

S.S.: Tipos que tienen miles de millones de dólares y donan, uno, dos, o cien, no importa. No sacrifican nada del lujo de sus vidas. Camus reivindica no solo a los médicos, sino a otros personajes interesantes como el de Tarrou que es un joven que estaba por irse y decide quedarse atrapado, que se va transformando desde quien solo mira hasta involucrarse hasta el punto de ser la última víctima de la epidemia.

Otro personaje central es Grand, un hombre viejo que trabaja en el archivo y es el que descubre la peste, porque ve las ratas que están apareciendo y muriendo en el archivo y es el primero que le lleva el problema a Rieux. Cuando ambos llevan la noticia a las autoridades, al principio se niegan a reconocer la gravedad de la situación, a pesar de la desesperación de Rieux que los conmina a declarar la cuarentena.

Podemos encontrar varios referentes de posiciones similares en estos días, están Trump, Johnson o el despreciable Bolsonaro, cuyos actos están costando una enorme pérdida de vidas. Esas mismas autoridades ante la evidencia de la peste aprovechan para imponer un estado de vigilancia y control, persiguiendo a los opositores como en Chile donde fueron detenidos y encerrados en un estadio deportivo, figura que tiene dolorosas semejanzas con lo sucedido con el golpe fascista de 1973 y el Estadio Nacional convertido en prisión y centro de torturas.

A través del personaje del rol del Obispo Paneloux que sostiene “esta peste es un castigo de Dios para los pecadores. Dios nos va a salvar” Camus cuestiona el papel de la Iglesia y su  mensaje místico paralizante, pero a la vez se muestra sensible a la tensión que sufre el sacerdote que es prisionero de sus humanas contradicciones y las contrapone con el ateísmo existencial del médico  Rieux.

M.H.: Han aparecido varios de esos.

S.S.: Sí, en muchos países siguieron convocando a ceremonias que contribuyeron a disparar el contagio.

A propósito de la corriente existencialista, donde se lo ubica, Camus nunca lo explicitó,  prefirió definirse como un filósofo del absurdo, que probablemente se relaciona con la empatía y admiración que sentía por Franz Kafka. El negaba todo carácter trascendente del ser humano, sostuvo que la vida hay que celebrarla en toda su sencillez y que la mejor manera de hacerlo es ser coherente y honestos con nosotros mismos y en nuestros actos hacia otros.

En el relato final de la novela surge la preocupación latente que sentimos después de las tragedias, ceder a la ansiedad por dar vuelta la página cuanto antes e intentar olvidar. Pero las pestes nunca mueren o desparecen del todo, se refiere a no tener en cuenta las causas, de no actuar solo sobre los efectos circunstanciales, sino de tratar las causas más profundas que generan las pestes y más ampliamente a todos los peligros que afectan a la humanidad.

Como señal muy fuerte en el texto se lee la condena del silencio o la manipulación ante el drama. Una de las cosas que me ha llamado la atención en estos días es que entre las referencias históricas de otras epidemias se menciona la del siglo XIV, la peste española o la peste porcina, pero se obvian las pestes y enfermedades que trajeron los europeos en la Conquista de América, que fue la peor, la más brutal que vivió la humanidad, murieron millones, barrió a pueblos enteros que nunca más pudieron recuperase de ese castigo. Se estima que a llegada de los europeos había alrededor de noventa millones de habitantes originarios que estaban inermes ante esos flagelos y en el curso de un siglo, siglo y medio se redujo a seis millones. Les trajeron la viruela, el sarampión, la sífilis. Me parece que la idea de omitir esto es también parte de una lectura neocolonial y eurocéntrica.

Otra de las cosas que me llamó la atención, la poca referencia  que se hace al SIDA, de hecho la forma física del virus es muy parecida a la del Coronavirus, aunque no su forma de transmisión, no quiero hacer una comparación de cuál es más violento, solo me interesa puntualizar la conducta diferente que se tuvo frente al  SIDA. La película francesa  “120 pulsaciones   por minuto” que recomiendo, muestra lo que sucedió  en los comienzos del SIDA en Francia, cómo el Estado, los laboratorios y la mayor parte de la sociedad no tomaron a tiempo las medidas necesarias para salvar vidas. El virus afectó a 70 millones de personas, todavía hay 30 millones, en un primer momento, a diferencia de lo que es el Coronavirus, el nivel de mortalidad del SIDA fue del 98%. Murieron 30 millones. La mayor parte actuó de modo prejuicioso y discriminador, dijo “a mí no me involucra, es un problema de otros”, por tanto, no presiono para enfrentarlo. Después se descubrió que las víctimas no eran solo de los grupos de riesgo, y el mundo tomó conciencia de su gravedad. Se filmaron películas de alto impacto como “Filadelfia” que lograron sensibilizar a la sociedad.

Esta idea de “si a mí no me toca no importa” también está duramente cuestionada por Camus en La Peste por eso pone el ejemplo de Orán, porque como comenté puede suceder en cualquier ciudad y nunca estaremos totalmente exentos, la solidaridad es la mejor respuesta.

 

 
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