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Ska Keller: “Tenemos un verdadero problema con el racismo en Alemania”

Histórica del activismo ecologista, la eurodiputada Franziska Maria ‘Ska’ Keller señala la obligación de luchar contra la deriva xenófoba y autoritaria en la UE y la necesidad de que esta lidere la lucha global contra el cambio climático como los dos grandes retos a corto plazo de los 28.

(Pablo Rivas – El salto) Alemania - Franziska Maria ‘Ska’ Keller (Brandemburgo, 1981) es una vieja conocida del movimiento ecologista y por las libertades alemán. Diputada en el parlamento de la UE por Bündnis 90/Die Grünen, hoy lidera el Partido Verde Europeo. Con la próxima cumbre del clima de Katowice a la vuelta de la esquina, y en una Europa donde la derecha más ultra se abre paso de Italia a Polonia, pasando por Francia o Alemania, Keller reclama una acción más contundente contra la xenofobia y el autoritarismo y la vuelta de la UE al liderazgo global contra un cambio climático que avanza cada vez más rápido.

No se recuerda una manifestación ultra tan multitudinaria como la de Chemnitz en décadas, ¿qué está pasando en Alemania?

Desafortunadamente hemos tenido unas cuantas. Lo que tenemos es un verdadero problema con el racismo. Esto no es nuevo, pero creo que la gente se siente ahora más empoderada para expresar este tipo de ideas más abiertamente porque está siendo respaldada por algunos políticos conservadores, como el ministro del Interior, que declaró que los que se manifestaban no son racistas, sino ciudadanos preocupados, y él habría caminado junto a ellos. Esto les está dando alas y lanza el mensaje: “Seguid, nos gusta lo que estáis haciendo”, con lo que tenemos un problema a nivel de Gobierno.

Sin embargo, no debemos olvidar tampoco que hay muchísima gente que está trabajando muy duro contra el racismo, apoyando a los refugiados. Es la otra cara de la moneda que tiene mucha menos visibilidad mediática pero es mucho más fuerte.

La extrema derecha parece beneficiarse del discurso antirrefugiados en toda Europa, ¿nos dirigimos a un nuevo aumento de poder de los partidos ultras y xenófobos?

Ya tenemos partidos xenófobos y de ultraderecha con mucho poder. Creo que todo esto tiene que ver con unos partidos de centro-derecha desplazándose hacia la derecha con la idea de que así le arrancarán votos a la extrema derecha. Pero esto no ocurre así y lo que realmente están haciendo es legitimar a la ultraderecha. Están moviendo el debate a su terreno. Es una situación en la que tanto Europa como los partidos de centro-derecha salen perdiendo. Sin embargo, continúa con el paso del tiempo. Espero que podamos salir de este círculo vicioso.

Tenemos que darnos cuenta de que es ahora el momento de alzar la voz, por tus propios derechos humanos pero también por los de tu vecino. No es momento de quedarse sentado en el sofá siendo indiferente, pensando que alguien solucionará los problemas. Eso no pasará. Debemos alzarnos, y cuando lo hagamos nos daremos cuenta de que no estamos solos, que hay muchísima gente que piensa de la misma manera que nosotros. Creo que el problema está ahí: hay una mayoría contra la extrema derecha pero esta ni es suficientemente visible y ni es lo suficientemente activa.

España está envuelta en la polémica por las repatriaciones en caliente. En la última reunión entre Sánchez y Merkel se acordó mayor colaboración para estas acciones y más ayuda a Marruecos y Túnez, ¿qué te parece esa política adoptada por los dos países?

Las repatriaciones en caliente son ilegales, punto. Si alguien pide protección, tienes que darle la oportunidad de tener un procedimiento de asilo justo. Eso no quiere decir que tengas que aceptar a todo el mundo. Obviamente, hay un procedimiento de asilo por una razón, pero tenemos que tener una política de migración y asilo mucho más comprensiva.

Actualmente lo que pasa es que gente que necesita protección internacional cruza el Mediterráneo y, si lo consigue, llega a países que, por su posición geográfica, se ocupan de esta tarea. Esto tiene que cambiar. Necesitamos crear un sistema de formas y pasajes seguros legales para pedir asilo por reubicación, por ejemplo, o por visado humanitario, y necesitamos una distribución de los solicitantes de asilo en la UE, porque todo Estado miembro de la UE debe participar en el esfuerzo, que no es ni mucho menos un esfuerzo tan grande. Es un reto tener un sistema de asilo para integrar a todo el mundo, pero es un reto más pequeño si todo el mundo contribuye y no se deja a solo unos pocos países.

Por otro lado, necesitamos tener un sistema legal sobre migración mejor para que la gente que no viene buscando asilo, sino una vida mejor, tenga unos términos justos para una solicitar la posibilidad de venir de forma legal. Esto haría las cosas mucho más claras y eficientes. No debemos olvidar que Europa y sus Estados miembro contribuyen de forma importante a las razones por las que las gente tiene que emigrar, con la exportación de armas fuera de la UE a países como Arabia Saudí o con políticas de pesca y agricultura que hacen a la población afectada más pobre, sin posibilidad de conseguir sustento si no emigran. Así que tenemos que ser realistas y hacer algo para que la gente que tiene que migrar no tenga que hacerlo. Nadie quiere dejar su casa.

¿Una Europa que rechaza a los refugiados en el Mediterráneo se preocupa por una nueva figura que ha surgido en el mundo, como es el refugiado climático?

Las particularidades de la migración climática, al menos de momento, señalan que normalmente esta sucede dentro de las propias regiones, podríamos decir, natales. La gente emigra al pueblo vecino, a la región vecina o, quizá y como mucho, al país vecino. Lo que tenemos que hacer en la UE es hacer todo lo que podamos contra el cambio climático pero también preocuparnos de los refugiados climáticos que hay en otras regiones. No podemos decir, “vale, nos preocupamos de los que vienen aquí”, aunque ni siquiera estamos haciéndolo. Tenemos que ir más allá, porque la mayoría de la migración y los refugiados climáticos están en otras partes del mundo.

¿Cuáles son los principales retos medioambientales que tiene la UE en lo que queda de legislatura europea?

Tenemos muchísimos retos en Europa ahora mismo. Por ejemplo, está el problema de que algunos Estados miembro no están siguiendo algunos de los principios básicos de cooperación europea, democracia y libertades. Esto un reto importantísimo para la UE. Tenemos partidos de extrema derecha y gobiernos como el de Italia o Austria que van a ser todo un reto para la Unión. Y por encima de todo esto tenemos un calentamiento global que está socavando las bases de nuestra existencia. Este verano, así como el año entero, ha sido el más caluroso jamás registrado, con grandes incendios incluso en el norte de Suecia. Cualquiera puede ver que el cambio climático es real y que está pasando, no es algo que llegará en algún momento en el futuro. Tenemos que hacernos cargo de esto ahora.

La buena noticia es que sabemos qué hacer, la cuestión es si lo vamos a hacer. Este año es especialmente importante porque en diciembre tenemos la próxima cumbre del clima en Katowice, Polonia, donde vamos a tener que definir y presentar cuáles van a ser las medidas que vamos a llevar a cabo.

En la cumbre preparatoria de Bangkok no se han acercado apenas las posturas tanto sobre la financiación climática como sobre el incremento de las ambiciones para no quedarse en el aumento de 3,5 grados al que nos dirigimos hoy. ¿Cuál es tu impresión sobre el futuro de las negociaciones? ¿Corremos peligro de que se repita el fiasco de Bonn y que en Katowice se retrase la entrada en vigor del Acuerdo de París?

El Acuerdo de París es un gran éxito de las negociaciones. Es un acuerdo muy bueno sobre el papel, pero ahora se trata de hacerlo realidad, llevarlo a la práctica. Vale, queremos limitar el calentamiento global significativamente, está muy bien decirlo, pero ahora lo que tienes que decir es cómo vas a hacerlo, qué vas hacer exactamente para reducirlo, cuántas toneladas de CO2… Para mí está claro que la UE tiene que ser la que lidere el proceso, tenemos que ser más ambiciosos y liderar el cambio, porque nadie más va a hacerlo.

Si echamos un vistazo a cómo está el debate y a los niveles y objetivos nacionales… estamos muy muy lejos. Alemania siempre ha sido pionera acerca de nuevas energías y cambio climático, pero eso se acabó. El gobierno ha dicho oficialmente que no va a seguir los objtivos 2020. No podemos aceptar esto como Unión Europea.

Negociaciones climáticas aparte, el movimiento ecologista apuesta por un cambio en lo local para luchar contra el calentamiento global. ¿Están las empresas y las instituciones preparadas para afrontar una transición ecológica y una descarbonización real?

Tienen que estarlo, porque obviamente necesitan hacerlo para una transición de la economía si queremos mantener un planeta en el que podamos vivir, algo en lo que creo que todos estamos de acuerdo. Pero no hay que dejar de lado que también hay un montón de oportunidades en esta transición. Por ejemplo, alguien tendrá que fabricar productos que sean más eficientes energéticamente, o los paneles solares y los molinos de viento. Espero que las compañías vean esas oportunidades y empiecen a implementarlas pronto, así tendrían además una ventaja. También vamos a necesitar objetivos claros de renovables y de reducción de CO2 porque así las empresas sabrán a qué atenerse.

Y la sociedad civil, ¿está participando en este proceso todo lo que puede? ¿O no actuará hasta que las consecuencias del cambio climático estén en la puerta de nuestras casas?

Hay muchísimas iniciativas que realiza la sociedad civil para proteger el planeta. Es impresionante ver lo que está haciendo la gente comprometida, por ejemplo, por la transición para dejar atrás el carbón, o que está yendo a protestar a las cumbres climáticas para exigir una política real contra el cambio climático. La sociedad civil está mucho más avanzada en conciencia y acción que los gobiernos.

Hay muchas cosas que los individuos pueden hacer, en términos de movilidad o con los productos que compran en los supermercados, pero yo no diría que todo deben hacerlo los individuos. Podemos hacer mucho, por supuesto, y no necesitamos esperar a nadie para llevarlo a cabo, pero necesitamos un marco legislativo, necesitamos políticas que vayan en la dirección correcta porque podemos decidir, por ejemplo, que solo vamos a comprar productos de agricultura ecológica, pero eso no es algo que pueda permitirse todo el mundo, por lo que es importante que tengamos legislación al respecto.

Las nucleares españolas están llegando al fin de su vida útil programada y está por ver si se prorrogará su funcionamiento otros diez años. Alemania es un ejemplo de cómo abandonar esta energía, ¿ves posible el fin de las nucleares en España y Europa?

No veo ninguna complicación a dejar de usar energía nuclear. Es una tecnología extremadamente peligrosa y ya hemos visto que los accidentes ocurren. Y ocurrirán. No debemos olvidarlo, por lo que tenemos que acabar con esta energía en toda Europa. Por supuesto, hay que hacerlo con una buena estrategia de energías renovables, con eficiencia energía y un menor gasto energético, porque necesitamos urgentemente una transición energética. Como decía, la buena noticia es que sabemos qué hay que hacer, tenemos que apostar por renovables, investigar… y es perfectamente realizable, solo necesitamos querer hacerlo.

Se estima que en 2020 la producción de plástico global superará los 500 millones de toneladas anuales y los productos de un solo uso representan la inmensa mayoría de unos residuos marinos que inundan el mar. ¿Estáis satisfechos con las medidas adoptadas por la Unión Europea y con el proyecto de directiva de plásticos de un solo uso?

Nos complace que la Comisión Europea se preocupe de todo esto. Es la primera vez que vemos algo así, y está muy bien que quieran quitar de circulación los plásticos de un solo uso. Pero este proceso podría ir más rápido y más allá de lo que propone la Comisión, porque esta solo quiere que los Estados miembros tengan objetivos generales sobre esos productos de un solo uso, pero no dice cuándo y cuánto hay que reducirlos. Necesitamos concreción. Es bueno que empiecen a pensar en encarar el problema, pero el problema lleva sin resolverse demasiado tiempo y no es que tengamos demasiado para resolverlo. Pronto va a haber más plástico que peces en los océanos.

Equo ha sido el primer partido verde a nivel estatal que ha tenido cierto éxito tras años de intentos, ¿creéis que esta fórmula puede consolidarse y crecer en España?

Creo que Equo es un partido que funciona muy bien. En Catalunya ha existido un partido verde durante décadas, con lo que no me preocupa la representación verde en España. Estamos muy contentos de tener a Equo como un partido miembro [del grupo parlamentario europeo Los Verdes-Alianza Libre Europea], que es muy activo tanto en el parlamento español como en el europeo.

Es muy difícil para un partido verde, para cualquier partido realmente, mantenerse y estabilizarse en primera línea. En Alemania, por ejemplo, tomó muchos años, mucho esfuerzo y mucho activismo hasta que Los Verdes consiguieron un espacio estable. Veo eso mismo en Equo, ese entusiasmo por a cambiar cosas, y ya estamos viendo cómo están ayudando a cambiar las cosas en gobiernos locales, como por ejemplo en Madrid.

La conciencia ecológica crece en Europa. Hay elecciones en 2019: ¿crees que los grupos ecologistas pueden aumentar su peso en el Parlamento europeo?

En las elecciones europeas tenemos la oportunidad de representar y cooperar con la otra Europa. Toda esa gente que mencioné antes que está luchando contra la extrema derecha, por los derechos humanos, por las libertades civiles… Hay muchísima en toda Europa. En Polonia, por ejemplo, donde se han echado a las calles para protestar contra la reforma del sistema judicial, o en Rumanía, donde la gente se ha plantado contra la corrupción. Esa es la otra Europa, esas son las personas con las que quiero trabajar y cooperar. Tenemos una gran oportunidad porque la gente sabe lo que nos jugamos. Tienes que tomar partido, no es eso de “no voy a ir a votar porque va a ser lo mismo”. No estamos en ese punto, y creo que la gente se ha dado cuenta de ello.

 

 

 
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