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Catamarca, femicidio de Estado: “El motor mío es mi hija”

En Enredando Las Mañanas conversamos con Jaqueline Quevedo, madre de Luz Villafañez, la niña de 13 años que se suicidó el 12 de noviembre del 2016. El día anterior había sido desatendida en el Hospital de Provincial de Niños de Catamarca con un cuadro clínico de shock por ingerir drogas y evidentes marcas de abuso sexual. No habiéndose aplicado el protocolo correspondiente para el tratamiento de estos casos, la investigación busca desligar responsabilidades de la doctora Sabrina Boyada y del Ministerio de Salud de la Provincia de Catamarca, revictimizando a la víctima y a su familia como los responsables de lo sucedido. RNMA

Jacqueline habla desde un profundo dolor, e insiste: “Yo no soy una loca, llevé a mi hija con vida. Más allá de la mala noche que pasó, de la droga, del abuso, yo la llevé con vida para que ellos me ayudaran y me cerraron las puertas. Yo, ignorante, creí en la doctora Sabrina Boyada, y la llevé a mi casa a la nena. Ahora mi hija no está, ya son 10 meses que estoy en esta lucha, con miedo a que esto quede en la nada. Porque dicen que está muy respaldada políticamente la doctora Sabrina. Como yo le dije, estará respaldada políticamente, económicamente, pero yo tengo una cosa que es más importante y poderosa que el poder político: el amor a mi hija, eso es lo que me hace levantarme todos los días y pelear por mi hija”. 

El hecho es de suma gravedad, ya que se trata de un hospital interzonal de niños que no aplicó los protocolos ante una nena que tenía evidentes signos de estar empastillada y de haber sido drogada. Su mamá también denunciaba o pedía que se viera si había sido abusada, porque había sido abusada sexualmente. Por el contrario, la Dra. Sabrina Boyada no solamente no la atendió sino que encima la mandó a la casa, constituyendo un verdadero femicidio de Estado. Femicidio que viene acompañado y sostenido por el hermetismo del hospital, el constante hostigamiento a su mamá, un lamentable tratamiento en los medios de comunicación, que lejos de estar buscando que se aplique -conforme lo dice la ley-, los protocolos correspondientes para la protección de nuestros niños, niñas y adolescentes, está tratando como sociedad de cubrir a una médica que además quiere imponer una especie de censura para que no se la nombremos mediáticamente.

La causa fue elevada de la Fiscalía de Estado a la Fiscalía General y la mamá de Luz explica que ese paso le generaba temor: “Tenía miedo porque ellos me dicen ‘acá se hizo todo lo que se podía hacer’. Está más que probado que no se aplicó el protocolo, que no actuó como debía actuar la doctora. Pero bueno, ya depende ahora de lo que es Fiscalía general y el hospital. Y en un momento pensé, ‘y si esto se pierde’, porque existen cosas que se pierden por más que sean bien investigadas. Pero esto salió a la luz, salió en el diario y siento que es un respaldo hacia mí porque ya por lo menos se hizo público que ella actuó mal, que no soy yo nomás la que lo dice, por lo menos está a la luz”.

Su inquietud se sostiene en el hostigamiento que ha sufrido por parte del hospital. “Yo he sentido mucha presión contra mí -explica-, de médicos también. Te voy a contar, la vez pasada cuando salí a pegar papeles, me atreví a entrar al hospital de niños con mi hijo de 7 años. Estuvimos pegando unos carteles con la cara de la doctora y salió un médico con otra doctora, despegó los papeles y me los tiró en los pies. Me sentí muy mal, más que bronca, sentí dolor tanta injusticia. Pueden ser amigos de ella, pueden no estar de acuerdo conmigo, pero hacer eso, ¿con qué necesidad? Si no le estoy haciendo mal a nadie, estoy pidiendo justicia por mi hija. No puedo entender que sean así, ¿no tienen familia? ¿No tienen hijos? ¿No ven el dolor que siento yo? Vos sabes que estuve leyendo el código penal, el 106 creo que es el artículo de abandono de persona y tiene una pena si daña la salud mental de 2 a 6 años, si ocasiona la muerte la muerte tiene una pena más grande, ¿por qué no se cumple con eso?”.

El maltrato de la institución llegó a expresarse en un pedido de restricción contra Jacqueline, que hoy no puede acercarse al hospital -a pesar de que tiene un hijo de 7 años asmático- bajo amenaza de que le iban a “pintar los dedos” e imputar por desobediencia. Ella contestó con firmeza, “si me van a hacer una imputación y tener antecedentes, que me pinten los dedos por salir a la calle a pedir justicia por mi hija, lo voy a hacer una y mil veces”.

La mujer está preocupada, pero no está dispuesta a bajar los brazos. “No sé hasta qué punto quieren llegar ya -continúa-, me asustan. Me asustan en el sentido de que ese día que me pararon en el hospital y me tiraron los papeles en los pies sentí miedo (…) En ese momento me senté y dije basta, hasta acá llegué, no quiero pasar más por esto, pero eso es lo que ellos quieren, que yo me quiebre, que yo me calle, que yo me asuste. Ante ellos no soy nadie. Yo soy la mamá de Luz y Luz está esperando que yo siga, por ella, por mi hija, el motor mío es mi hija”.

Sostener este reclamo no es fácil y en este momento, una de las limitaciones más grande es la económica. Jacqueline Quevedo necesita un médico forense para intervenir como parte ante una justicia que no ha hecho más que desviar los ejes de investigación que apuntaban a la responsabilidad y el abandono del Estado, no solamente de la médica Sabrina Boyada, sino también del sumariante que no la quiso buscar y luego de todo un sistema judicial que la sigue revictimizando. El monto que necesita para acceder asciende a más de 20 mil pesos y para recolectarlos lanzó la venta de bonos solidarios. “En la autopsia confirman un abuso -detalla- pero también ponen un pero. Como yo le dije al abogado, yo no quiero un pero, quiero una certeza, de alguna forma voy a buscar plata. Ya lo he publicado hace más de una semana a la venta de los bonos y he tenido mucha gente que me ha colaborado, gente como yo, y gente que tiene mucho menos que yo. Y eso a mí me llega mucho, me llega al corazón porque es gente que entiende, que me conoce, que no me conoce, que entiende el dolor. Tal vez no lo siente, porque solo a quien le pasó lo siente. Pero esa pequeña ayuda, esos $20 que puede colaborar esa persona, eso lo agradezco muchísimo de corazón”.

 

 
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