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Venezuela ¿invadida o cercada?

La guerra contra Venezuela no es “para derrocar a un dictador”, cuestión que evoca las de Irak, Libia y circunstancialmente las de cualquier país petrolero que pretenda poner condiciones a la entrega de sus recursos.

(Ana Esther Ceceña y David Barrios Rodríguez - Observatorio Latinoamericano de Geopolítica) Venezuela - La geopolítica mundial se ha complejizado enormemente en la vuelta de milenio.
Las piezas del juego se empezaron a mover marcando límites y desafíos en el terreno del control planetario. Si China ya perfilaba como un potente competidor económico, Rusia hoy despunta como un jugador geopolítico audaz, con capacidad de reconstruir viejas alianzas –o crear nuevas- entre los otrora poderosos imperios del Oriente.

El siglo comenzó pintado de guerra, con un claro deslizamiento del eje ordenador del capitalismo desde el mercado hacia lo militar. Se estrenó con una secuela de intervenciones estadounidenses en Asia Central y Medio Oriente, iniciada en la década de los noventa con las guerras de fragmentación de las estructuras político-territoriales que marcaban los bordes y las vías de tránsito entre Asia y Europa, y extendida hasta las fronteras de China, India y Rusia, y puso a jugar a todos los poderes regionales.

Poco a poco, en estas casi dos décadas, la franja petrolera del planeta fue siendo ocupada por guerras de características muy variadas. Sus diferencias hacían pensar en casos específicos, sin relación entre sí, pero una vez puestos en el mapa dibujaron una figura muy cercana a la de las cuencas petroleras, y a la figura que en el año 2000 delimitó el área de atención prioritaria señalada por el mapa del Pentágono de Thomas Barnett, profesor de la Escuela Naval de Guerra de Estados Unidos. Las zonas de guerra, sorprendentemente, seguían la ruta del petróleo y del desmantelamiento preventivo de condiciones o coaliciones socavadoras de la hegemonía.

La franja que reúne el grueso de las reservas petroleras certificadas se extiende desde Medio Oriente hasta Venezuela, pasando por el norte y occidente de África. La lista es encabezada por Venezuela, que además de contar con una quinta parte del petróleo mundial (junto con Canadá aproximadamente la tercera parte), está en el Continente americano.

Sumando muchas otras riquezas naturales estratégicas y su posición geográfica, Venezuela es una pieza fundamental en la definición de los equilibrios geopolíticos. Para Estados Unidos, contar con Venezuela representaría una condición privilegiada de invulnerabilidad y defensa de su hegemonía. Planteado de manera muy simple, esta es la razón central que mueve muchas de las iniciativas, acuerdos y alianzas, así como la implantación directa de posiciones militares de Estados Unidos en territorio latinoamericano y caribeño. Desde el momento en que Estados Unidos, movido por su interés de disponer de las riquezas venezolanas, convirtió al país en una amenaza a su seguridad interna (9 de marzo de 2015, bajo la presidencia de Obama) se han sucedido incontables intentos por ocuparlo y voltearle el rumbo.

La última advertencia precisa la formuló Donald Trump ante Naciones Unidas, indicando que estaba dispuesto a mandar tropas de invasión a Venezuela, con fines, quién lo duda, humanitarios. Pero invadir un país es una acción brutal y despierta amplias animadversiones y movimientos de rechazo. Considerando además la habilidad y decisión con que Venezuela ha ido enfrentando todos los operativos de acoso y desestabilización sin dejarse llevar a una guerra civil, sería previsible un mal resultado. Cualquier tipo de intervención requiere crear condiciones propicias y escenarios de validación, aunque sea relativos. Dentro de la creación de esas condiciones, sumándose a los operativos de guerra económica, financiera, al desabasto y a la siembra de redes de narcomenudeo se inscribe el ejercicio AmazonLog, planeado para realizarse en la ciudad de Tabatinga entre el 6 y 13 de noviembre de 2017.

Sabemos que la efervescencia de las luchas antineoliberales, anticapitalistas y por la construcción de opciones no-capitalistas de organización social en la vuelta de milenio alcanzó un nivel de intensidad muy alto; con una gran variedad que le imprimía riqueza y que causó un cierto pasmo en las cúpulas del poder continental.

No obstante, en esos mismos años se fraguó el Plan Colombia, la introducción del terrorismo en los códigos penales de todo el Continente, la relocalización de bases militares norteamericanas y de convenios para el uso de aguas territoriales con sus buques de guerra; se activaron los entrenamientos y ejercicios militares y se inició, sobre todo a partir de 2008 con el bombardeo en Sucumbíos (como si hubiera sido la señal de inicio de la inflexión), una recuperación que combinaba mecanismos como golpes de estado blandos, intentos de secesión, operativos mediáticos de criminalización y manipulación de narrativas, procesos desestabilizadores, bloqueos (sigue el de Cuba y se implantó el de Venezuela), acuerdos de seguridad, paramilitarización y mercenarismo y otros de acuerdo con las historias específicas y con la creatividad aplicada por las resistencias y por las injerencias.

Articulo completo: http://geopolitica.iiec.unam.mx/sites/default/files/2017-11/Venezuelainvadidaocercada.pdf

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