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Reconocimiento facial, una distopía para vender humo

Durante el año 2020 ha habido un aumento notable de empresas y proyectos dedicados al desarrollo de la tecnología de reconocimiento facial. Sin embargo, a pesar de los logros que celebran los CEO de las compañías en los medios de comunicación, nos encontramos ante una tecnología incipiente que está muy lejos de llegar a ser el panóptico digital que imaginamos.

(Álvaro Lorite - El Salto) Mundo - Si el 11 de septiembre de 2001 marcó un punto de inflexión y Estados Unidos se ocupó de escorar el debate público de los países de su órbita hacia el mantra de la seguridad, poblando las grandes ciudades de cámaras de vigilancia, el año 2020 y su covid-19 han marcado el siguiente hito en la videovigilancia: el reconocimiento facial. A pesar de que los primeros sistemas se instalaron en EEUU a principios de los años 10, la prensa nos ha hecho testigos en los últimos meses de la cantidad de proyectos que se han implementado en hasta 75 países. Según un estudio realizado por la empresa Técnicas en Cámaras y Seguridad, contando las instalaciones dadas de alta en la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) y los informes de ventas anuales de empresas del sector, se calcula que hay más de 900.000 cámaras de seguridad en España.

En el Estado español, el reconocimiento facial opera desde 2016 en la estación de autobuses de Méndez Álvaro en Madrid. Funciona en aeropuertos de diversas ciudades, centros comerciales, casinos y salas de juego. El BBVA, a través de Véridas, una empresa de biometría creada por el propio banco, y Bankia han sacado sus propios sistemas de pago por reconocimiento facial en 2020. Caixabank lanzó en Canarias sus primeros cajeros que identifican las caras de sus clientes para operar sin meter el identificador PIN. Este mismo año, la compañía PwC Tax and Legal Services ha comercializado un sistema para procesar ayudas al alquiler. Uber implanta tecnología de reconocimiento de objetos en sus vehículos para certificar el uso de mascarilla en empleados y clientes. En mayo, la cadena de hoteles Meliá anunció que integraría el sistema Rekognition de Amazon para registrar clientes.

El 6 de julio, Protección de Datos abrió una investigación contra Mercadona, ya que había instalado estos sistemas en 40 de sus sucursales en Mallorca, Zaragoza y Valencia. Según la normativa vigente, “la utilización de dichos sistemas está prohibida en el ámbito privado a menos que responda a un interés público esencial”. Mercadona declaró tener bases con datos biométricos de sus propios ficheros. La empresa responsable es AnyVision, que estuvo implicada en una polémica cuando Microsoft, IBM y Amazon retiraron sus inversiones al publicarse que usaba su tecnología para vigilar población palestina en Cisjordania.

En septiembre de 2019 un instituto de Badalona fue multado con 19.000 euros por utilizar el reconocimiento facial para confirmar la asistencia de los alumnos. El debate en el ámbito docente se ha reabierto en los últimos meses a raíz de los exámenes y clases telemáticas en la universidad. El IE Business School, CEU San Pablo o la Universidad Rey Juan Carlos han aplicado estos programas. El software se activa durante el examen para fotografiar al alumnado, identificarlo e incluso detectar movimientos o gestos sospechosos, siempre según las empresas desarrolladoras. De nuevo la AEPD publicó un comunicado en el que señalaba que esto solo podía hacerse con el consentimiento expreso de los alumnos.

Otro de los campos donde se han desarrollado y aplicado este tipo de algoritmos en el Estado es el de las entrevistas laborales. La empresa Eyesecure dice haber desarrollado un algoritmo que analiza la expresión gestual, entre otros parámetros, para sugerir candidatos a partir de videoentrevistas. Telepizza, Porcelanosa, Prosegur, Securitas Direct, Five Guys, Econocon o Sprinter ya lo usan.

En septiembre de 2020, un conglomerado de seis empresas, tres universidades y el Instituto Tecnológico de Castilla y Leon, supervisados por el Ministerio del Interior, han anunciado estar diseñando AI MARS, un sistema que, según sus promotores, “permitirá rastrear millones de caras por segundo en grandes concentraciones como manifestaciones, campos de fútbol o festivales”. Aseguran, además, que el uso de la mascarilla no supondrá ningún obstáculo para el reconocimiento. Cuenta con un presupuesto de más de cinco millones de euros.

Ekaitz Ortega, periodista que investiga el tema desde hace varios años y ha tratado de buscar, una a una, estas localizaciones en enclaves destacados de las grandes ciudades. “No existe ningún registro que liste todos los lugares donde se aplica. Yo tuve que armarme de paciencia y encontré muchos a través de la prensa. En el caso de Ifema —en Madrid— encontré la licitación y eran casi dos millones de euros”, añade.

Nota completa: http://www.ipsnoticias.net/2020/10/megraproyectos-tensan-la-relacion-pueblos-indigenas-gobierno-mexico/

 

 
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