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Las olas de calor: el enésimo indicador de desigualdad que marcará nuestras vidas

Cuando la ola de calor de julio azotó la provincia canadiense de Quebec, matando a su paso y en poco más de una semana a más de 90 personas, el sol implacable evidenció las disparidades entre ricos y pobres. Mientras los acaudalados residentes de Montreal se refugiaban en oficinas y casas con aire acondicionado, las personas sin hogar –que por lo general no son bienvenidas en espacios públicos como centros comerciales y restaurantes– intentaban en vano escapar de la ola de calor.

(VV.AA. - El diario/The Guardian) Mundo - Los pobres y marginados fueron los que más sufrieron la ola de calor; en silencio. En Estados Unidos, los trabajadores migrantes tienen tres veces más probabilidades de morir por exposición al calor que los ciudadanos estadounidenses. En India, donde se espera que 24 ciudades alcancen una media de 35ºC para el año 2050, los habitantes de los tugurios son los más vulnerables. Y a medida que aumenta constantemente el riesgo global de exposición prolongada al calor mortal, también aumentan los riesgos asociados de catástrofe humana.

Según una previsión que hicieron pública unos investigadores hawaianos el año pasado, si se permite que las emisiones de gases de efecto invernadero sigan aumentando al ritmo actual, la proporción de la población mundial expuesta a un calor mortal durante al menos 20 días al año aumentará del 30% actual al 74% para el año 2100. Llegaron a la conclusión de que "una creciente amenaza para la vida humana por el exceso de calor parece ahora casi inevitable".

"Morir en una ola de calor es como ser cocinado lentamente", afirma el autor principal del informe, el profesor Camilo Mora: "Es pura tortura. Los pequeños y los ancianos son los más vulnerables, pero descubrimos que este calor puede matar a soldados, atletas, a todos".

Temperaturas mortales

El año 2018 será uno de los más calurosos desde que se empezaron a registrar las temperaturas, con máximas sin precedentes en todo el planeta, desde los 43ºC en Bakú, Azerbaiyán, hasta los 30ºC en toda Escandinavia. En Kioto, Japón, el termómetro no bajó de los 38ºC durante una semana. En Estados Unidos, una ola de calor inusualmente temprana y húmeda en julio vio temperaturas de 48,8ºC en la ciudad de Chino , situada en el condado de San Bernardino, California. Los residentes abusaron de sus aires acondicionados hasta tal punto que se produjeron apagones.

Las zonas urbanas están alcanzando estas temperaturas mortales con mayor rapidez que las menos pobladas . Las ciudades absorben, crean e irradian calor. El asfalto, el ladrillo, el hormigón y los tejados oscuros actúan como esponjas para el calor durante el día y emiten calor por la noche. El aire acondicionado es un salvavidas para aquellos que pueden permitírselo, pero hace que las calles sean aún más calientes para aquellos que no pueden.

"Se prevé que en el futuro los focos de calor urbanos, combinados con el envejecimiento de la población y el aumento de la urbanización, aumentarán la vulnerabilidad de las poblaciones urbanas, especialmente de los pobres, a los impactos sobre la salud relacionados con el calor", advierte un informe del Gobierno de Estados Unidos.

La Organización Mundial de la Salud indica que para el año 2030 el 60% de la población mundial vivirá en ciudades, y cuanto más densamente pobladas estén estos centros urbanos, más calor concentrarán. Si tenemos en cuenta que las predicciones recientes advierten que las temperaturas en el sur de Asia excederán los límites de la supervivencia humana para finales de siglo, cada grado cuenta. De hecho, este año, 65 personas han fallecido a causa de casi 44ºC de calor en Karachi, Pakistán; una ciudad acostumbrada al calor extremo.

Sin embargo, el impacto es desigual. Por ejemplo, existe una fuerte correlación entre los espacios verdes de un área y su riqueza; cuando la sombra de las copas de los árboles puede reducir la temperatura máxima de las superficies entre 11 y 25°C , "el paisaje es un indicador de morbilidad en las olas de calor", explica Tarik Benmarhnia, investigador de salud pública de la Universidad de California, en San Diego. Recientemente publicó un estudio que constata que las personas que viven en áreas con menos vegetación tienen un 5% más de riesgo de muerte por causas relacionadas con el calor.

En 2017, investigadores de la Universidad de California, Berkeley, pudieron trazar mapas de las divisiones raciales en Estados Unidos en función de su proximidad a los árboles. Los negros tenían un 52% más de probabilidades que los blancos de vivir en zonas con una "cubierta terrestre no natural relacionada con el riesgo de calor", mientras que los asiáticos tenían un 32% más de probabilidades y los hispanos un 21%.

La contaminación del aire también es más mortal en estas áreas, ya que los óxidos nitrosos generan ozono cuando son calentados por el sol, inflamando las vías respiratorias y aumentando el riesgo de mortalidad. "Estos problemas son más agudos para las poblaciones vulnerables o de bajos ingresos que viven cerca del tráfico y en viviendas precarias sin aire acondicionado", señala Benmarhnia.

Nota completa: https://www.eldiario.es/theguardian/Calor-indicador-desigualdad-calando-fuerte_0_804219727.html

 
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