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Lo que Internet esconde: Google no es igual para todos

Pocas personas se han percatado del post aparecido en el blog oficial de Google el 4 de diciembre de 2009. No buscaba llamar la atención, ninguna declaración llamativa ni anuncios impactantes de Silicon Valley, solo unos pocos parágrafos ensartados entre la lista de las palabras más buscadas y una actualización sobre el software financiero de Google.

(Eli Pariser) Mundo - Pero no ha escapado a todos. El blogger Danny Sullivan analiza siempre cuidadosamente el post de Google para tratar de averiguar cuáles son los próximos proyectos de la empresa californiana y lo ha encontrado muy interesante. Ha escrito que se trataba del “cambio más grande jamás acaecido en los motores de búsqueda”. Bastaba el título para entenderlo: “Búsquedas personalizadas para todos”.

Google usa actualmente 57 indicadores –desde el lugar en que estamos, al navegador que estamos usando, al tipo de búsqueda que hemos hecho– para averiguar quiénes somos y qué sitios visitamos. También cuando no estamos conectados, continúa personalizando los resultados y mostrándonos las páginas sobre las que probablemente clicaremos. Normalmente se piensa que haciendo una búsqueda en Google todos obtenemos los mismos resultados, aquellos que según el famoso algoritmo de la empresa PageRank tienen mayor relevancia en relación a los términos buscados. Pero desde diciembre de 2009 ya no es así. Hoy vemos los resultados que según PageRank nos son más apropiados, mientras que otras personas ven otros completamente diferentes. En pocas palabras, Google no es igual para todos.

No es difícil darse cuenta de la diferencia. En la primavera de 2010, mientras la plataforma Deepwater Horizon vertía petróleo en el golfo de México, pedí a dos amigos hacer la misma búsqueda en Google. Ambos viven en el noreste de Estados Unidos y son dos personas muy similares, de raza blanca, educados y de izquierdas. Los dos buscaron “BP”, consiguiendo resultados muy diferentes. Uno encontró información sobre las inversiones relacionadas con BP y otras noticias. En un caso, la primera página de resultados de Google contenía los links sobre el incidente en el golfo; en el otro no aparecía nada sobre el tema, solo una publicidad de la compañía petrolífera. Incluso el número de resultados era diferente: 180 millones y 139 millones. Si las diferencias entre dos personas de izquierda de la costa este eran tan grandes, imaginémonos cuánto lo serán, por ejemplo, respecto a las de un viejo republicano de Texas o las de un hombre de negocios japonés.

Ahora que Google está personalizado, la investigación sobre “células madre” probablemente dé resultados diametralmente opuestos para los científicos que son favorables a su estudio y para quienes estén en contra. Escribiendo “cambio climático”, un ecologista y el dirigente de una compañía petrolífera obtendrán respuestas diferentes. La mayoría de nosotros cree que los motores de búsqueda son neutrales, pero probablemente lo pensamos porque nos son impuestos para secundar nuestras ideas. La pantalla del ordenador cada vez mira más por nuestros intereses mientras los analistas de los algoritmos observan todo lo que cliqueamos. El anuncio de Google marca el punto de inflexión de una revolución importante, pero casi invisible de nuestro modo de consumir la información. Podríamos decir que el 4 de diciembre de 2009 comienza la era de la personalización.

Dime lo que quiero
El mundo digital está cambiando, discretamente y sin hacer demasiado ruido. Lo que hace un tiempo era un medio anónimo en el que todos podían ser cualquiera –en el que nadie sabe si eres un perro, como decía una famosa viñeta del New Yorker– ahora es una forma de recoger y analizar nuestros datos personales. Según un estudio del Wall Street Journal, los cincuenta sitios más populares del mundo, desde CNN a Yahoo, a MSN, instalan una media de 64 cookies y beacons cargados de datos sobre nosotros.

Si buscamos una palabra como “depresión” en un diccionario online, el sitio instala en nuestro ordenador hasta 223 cookies y beacons que permiten a otros sitios invadirnos con publicidad de antidepresivos. Si hacemos una búsqueda sobre la posibilidad de que nos engañe nuestra esposa, seremos acosados por anuncios sobre tests de ADN para determinar la paternidad de nuestros hijos. Hoy la red no solo sabe si eres un perro, sino también la raza, y la comida que tiene que venderte.
Nota completa: http://prensarural.org/spip/spip.php?article22341

 

 
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