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Hungría: el progresivo fascismo de Europa

Europa tiene una historia intensamente violenta y racista. Ningún rincón del continente puede afirmar su inocencia cuando se trata de la historia y el legado del fascismo. El absoluto horror de este pasado puede a veces cegarnos a la emergencia del nacionalismo y el fascismo en nuevas formas.

(Luke Cooper y otros y otras autores - El Salto) Hungría - Si no hay campos de exterminio, ¿deberíamos por lo tanto estar satisfechos con que la extrema derecha contemporánea se haya adaptado a, y aceptado, la democracia y los derechos de las minorías? Los progresistas y demócratas de muchos países europeos se enfrentan hoy de lleno a esta pregunta. Alemania, Italia, Francia, Gran Bretaña, Austria, Polonia, Países Bajos, Suecia y España, por nombrar sólo algunos de los casos más destacados, son todos países que tienen una presencia de la extrema derecha, ya sea consolidada o en crecimiento, en su escenario político nacional.

Quizás debido a la historia conectada a la terminología del fascismo, muchos observadores son reacios a describir estos desarrollos con un lenguaje así, prefiriendo en su lugar etiquetarlo como ‘populismo de extrema derecha’. El peligro de este giro lingüístico es que puede ayudar a la normalización de estas nuevas fuerzas de extrema derecha en un papel aceptado del paisaje político europeo. El fascismo del siglo XX, después de todo, no empezó su viaje hasta los campos de exterminio reconociéndolo como su objetivo.

Parte del poder movilizador de la nueva extrema derecha en Europa yace en la ‘política de la memoria’ sobre cómo se piensa hoy sobre el fascismo del siglo XX. La nueva extrema derecha rechaza cualquier noción de responsabilidad nacional por el fascismo. Afirman que no están en continuidad con estos movimientos históricos, a la vez que se basa en una idea de victimismo de la mayoría blanca que se parece a los discursos fascistas clásicos: que una élite liberal está poniendo sistemáticamente en desventaja a las poblaciones nativas blancas para beneficio de las minorías étnicas y religiosas.

Democracia iliberal

Hoy, Hungría se sitúa en el centro de estos desarrollos. Desde 2010, bajo el primer ministro Viktor Orbán y su Gobierno de Fidesz, el país ha sido pionero en lo que llaman ‘democracia iliberal’. Para los observadores internacionales el lenguaje que usan Orbán y su partido es particularmente sorprendente por lo explícitamente que rechazan las reglas liberales. Se oponen a la idea de que la sociedad civil tiene derechos y libertades en relación al Estado con motivo de que éstas son asociaciones privadas, que no han sido elegidas por la mayoría. Utilizan parecidos sofismas ‘mayoritarios’ para rechazar la idea de que los grupos y etnias minoritarios tienen derechos humanos.

Mientras que normalmente se piensa que los partidos de extrema derecha se vuelven más moderados a medida que se acercan al poder, Fidesz cuenta una historia diferente. El partido inició su vida tras la caída del comunismo como un partido joven, liberal e incluso idealista, pero con el paso del tiempo se ha vuelto profundamente conservador. Zsuzsanna Szelényi, una opositora húngara, dejó el partido en 1994. Traza un paralelismo entre la toma autocrática del partido por Orbán desde 1992 en adelante con su mandato en el cargo.

“Muy pronto Viktor Orbán… presionó al partido… con mano dura… Todo el proceso de toma de decisiones, especialmente en lo relacionado a las finanzas del partido, se volvió rápidamente opaco”, dice. Para Szelényi, fue el deseo de poder de Orbán, más que cualquier compromiso ideológico con los valores nacionalistas, lo que le ha motivado.

Concentración del poder

Muchos opositores húngaros comparten esta perspectiva. Defienden que los a menudo escandalosos pronunciamientos del Gobierno de Fidesz sobre la migración y el islam se usan cínicamente para ganar apoyo y deslegitimar a los oponentes.

Dániel Bartha, el director de un think-tank con sede en Budapest, mantiene que el mayor efecto concreto del régimen de Orbán ha sido “la concentración del poder a gran escala”. Fidesz ha creado una nueva élite leal en el mundo empresarial, las instituciones públicas, las universidades y los medios de comunicación, que se justifica a través del lenguaje del nacionalismo húngaro y el desarrollo económico.

Un efecto ha sido la abolición de un campo de juego equilibrado entre los partidos que compiten en las elecciones. Enormes sumas del dinero de los contribuyentes se han gastado en ‘campañas de información’ gubernamentales, por ejemplo, que han atacado a George Soros y al presidente saliente de la Comisión de la UE, Jean-Claude Juncker, como figuras que representan una conspiración pro-inmigrantes y anticristiana del liberalismo global contra Hungría.

Los medios de comunicación independientes han sido agresivamente marginados a medida que el Gobierno ha prodigado ingresos por publicidad a medios que le apoyan, a la vez que boicotea a los críticos. Sus defensores empresariales se han unido, dejándoles sin financiación. Los medios del sector público también han sido convertidos en acríticos defensores del Gobierno.

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