Red Eco Alternativo ***

Indignación en Francia ante el endurecimiento de la ley migratoria

Cuatro universidades francesas son ocupadas por voluntarios y personas migrantes en respuesta a los intentos del gobierno de Emmanuel Macron para dar su “último golpe de gracia” contra los demandantes de asilo.

(Luna Gámez - La Marea) Francia - El proyecto de ley sobre asilo e inmigración presentado el 21 de febrero por el ministro del Interior, Gérard Collomb, ha vuelto a poner en evidencia la división y falta de estrategia en Francia frente al incesante flujo de inmigrantes y de refugiados. La izquierda y las asociaciones de apoyo a las personas migrantes tachan la propuesta de “indigna”, mientras que Marine Le Pen, del ultraderechista Frente Nacional la califica de “laxa”. Incluso un nutrido grupo de diputados de La République en Marche (LREM), el partido del presidente Emmanuel Macron, la critican por considerarla “desequilibrada”.

Acelerar la tramitación de demandas de asilo, reforzar la lucha contra la inmigración irregular y mejorar las condiciones de integración y acogida de los extranjeros en situación regular. Estos son los tres principios que, en teoría, rigen el controvertido proyecto de ley y que provocaron que los dos principales órganos que gestionan las solicitudes de asilo en Francia se mantuviesen en huelga durante la presentación de la medida. La Ofpra (Oficina Francesa de Protección de los Refugiados y Apátridas) y la CNDA (Corte Nacional del Derecho al Asilo) consideran que la reforma implicará un retroceso para los derechos de las personas que ellos atienden (en torno a 100.000 solicitudes solo en 2017), además de la sobrecarga que conllevará para sus propios trabajadores.

Desde el 30 de enero, un centenar de inmigrantes y una treintena de voluntarios ocupan uno de los edificios de esta universidad situada en la periferia norte de París. Protestan y actúan así contra lo que consideran un “racismo de Estado invisibilizado” que corre el riesgo de agravarse si el proyecto de ley del ministro Collomb es aprobado. “Esta ley condena a la mayoría de los exiliados a la deportación, a la reclusión o a la clandestinidad”, afirma el comité de apoyo a la ocupación en uno de sus comunicados.

Con esta ya van cuatro universidades ocupadas en Francia: se viven episodios similares en Lyon, Grenoble y Nantes – que tras cuatro meses de ocupación fue evacuada este 7 de marzo con la alternativa de pasar el invierno en una antigua residencia de ancianos -, además del intento frustrado de la Sorbona (París), donde los ocupantes no lograron resistir ni un día completo debido a los esfuerzos del presidente de la institución y de la policía para expulsarlos.

La toma de universidades va más allá del apoyo simbólico a las personas migrantes y la protesta. “Además de darle visibilidad mediática a la situación, la ocupación de este edificio permite crear un lugar de encuentro para que los que realmente están siendo afectados, la población inmigrante, puedan organizarse políticamente y difundir los consensos de sus asambleas”, señala Amandine, quien además destaca que uno de los principales frentes es acabar con el Reglamento de Dublín, la norma internacional que establece que solo el primer país europeo donde las autoridades recogen las huellas dactilares de un inmigrante puede tramitar su solicitud de asilo. Si un refugiado fue obligado a registrar sus huellas en Francia pero su intención es llegar a Reino Unido -para reunirse con su familia, por ejemplo- las autoridades británicas lo deportarán automáticamente de vuelta al territorio francés pues sería el único país donde podría solicitar el asilo en caso de cumplir los requisitos.

El edificio ocupado de la Universidad de París 8 es fácilmente reconocible por las grandes pancartas en varios idiomas que cubren su fachada. “Resistir por cualquier medio”, reza uno de los muros exteriores. En las paredes interiores, nada más entrar, los mensajes se superponen unos sobre otros, y entre líneas aparecen papeles que muestran la distribución de actividades. Estas salas de aulas son hoy un cobijo y un lugar de expresión y creación efímera. Entre consejos sobre cómo hacer una revolución y eslóganes -‘¿hay que ser obediente para ser libre?’, ‘no hay libertad en el capitalismo’-, los pasillos rebosan de personas que se mueven de un lado para otro para participar en la larga lista de actividades que allí tienen lugar cada día.

En diciembre de 2017 el gobierno francés aprobó una circular para censar a los inmigrantes de los albergues sociales y clasificarlos según sus posibilidades de obtener asilo. En febrero de este año, la Asamblea Nacional (cámara baja francesa) aprobó una ley para facilitar la retención de los denominados inmigrantes ‘dublineses’ (aquellos que ya han dejado sus huellas dactilares en otro país de Europa) hasta que abandonen el territorio francés. Ahora el ministro Collomb viene a dar lo que las organizaciones de apoyo a las personas migrantes consideran su último golpe de gracia para acabar con los fundamentos del asilo en Francia e interponer una criba entre “los buenos y malos migrantes” mediante su proyecto de ley de asilo e inmigración.

“Es difícil saber a ciencia cierta la procedencia de muchos demandantes de asilo que llegan a Europa sin documentos porque las mafias se los quitan para evitar que haya constancia de la identidad de los que fallecen en la travesía”, explica Irene Martínez, abogada española residente en Francia. Martínez opina que este proyecto de ley puede convertirse en una forma de cribar y excluir a las personas que llegan a Francia sin documentos.

 

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