Cómo algo llamado CETA puede cambiarte la vida

El CETA es casi, casi lo mismo que el TTIP. Si el TTIP es el acuerdo de inversiones y comercio que se está negociando entre la UE y Estados Unidos, el CETA se firmaría entre la UE y Canadá. Ambos acuerdos buscan una armonización a la baja, por ejemplo, en cuanto a estándares laborales o de salud. Y ambos incluyen una simpática cláusula llamada ISDS, un mecanismo de resolución de disputas entre inversores y Estados que permite a los inversores extranjeros demandar a los Go¬biernos ante tribunales privados por cualquier política que les afecte negativamente.

(Emma Gascó – Diagonal) UE/Canadá - En realidad, la cláusula sólo resulta simpática para las empresas, porque sólo las empresas pueden demandar a los Estados, y no al revés. Y según la ONU, el 60% de las demandas las ganan los inversores. En el mejor de los casos –para los países– los Estados pierden lo que cuesta su defensa. ¿Adivinan cuánto cobra un abogado en un caso de ISDS? Unos mil dólares la hora. Y no es que esté muy repartido: son unos 15 abogados, que suelen trabajar para las grandes corporaciones y que, además, ejercen de jueces. Son entrenadores y árbitros a la vez.
Para calmar las críticas, la UE tiene sobre la mesa una propuesta de reforma del ISDS, que le daría cierta transparencia. Pero para la experta canadiense Maude Bar¬low, eso no es suficiente. “Sigues teniendo tribunales especiales para inversores extranjeros, que son permanentes y a los que tus empresas nacionales no pueden acceder, y ni hablar las organizaciones sociales. Yo creo que es posible parar el TTIP, o al menos quitar el ISDS”, dice Barlow, experta en agua y acuerdos comerciales y presidenta de la organización Council of Canadians.
La puerta de atrás
Y aquí es donde entra, peligrosamente, este tratado del que casi nadie ha oído hablar. No sirve de nada frenar el TTIP o quitar la cláusula ISDS, si no se tumba también el CETA. “Como en Canadá y EEUU tenemos una economía integrada, todas las grandes empresas petroleras, farmacéuticas o del agronegocio, tipo Monsanto, podrán recurrir al CETA para demandar a los Estados de la UE”, explica Barlow. Es como si vienen a robarte a tu casa y sólo proteges una de las dos puertas de la vivienda.
Y, en cuestión de vivienda, programas sociales y gestión municipal en general, el CETA se mete hasta la cocina porque, según explica Barlow “es el primer tratado que engloba a los gobiernos subnacionales, todos sus gastos y políticas”. Es un acuerdo pionero en este nivel: “En Canadá, hemos privatizado la gestión del agua. Si el CETA se firma y los ayuntamientos intentan volver a un sistema público de agua, las empresas pueden exigir una compensación económica”. Y a menudo ni siquiera hace falta que lo hagan. Su sola amenaza inhibe cualquier reforma.
Igual ocurriría en España. Da lo mismo lo que quisieran hacer los nuevos ayuntamientos de Cádiz, Barcelona, Madrid o A Coruña. Si se aprueba el CETA y hay intereses de Canadá o EE UU en juego, no podrán volver a hacer público nada, aunque sea legal según la justicia española. Y, si es tan terrible, ¿por qué no nos importa un pepino? “¡Porque Canadá es guay!”, Barlow carga la frase de ironía.
¿Canadá es tan guay?
Aparte de Curro y las fuentecitas para aliviar a guiris calcinados, quizás ustedes recuerden algo más de la Expo del 92 celebrada en Sevilla. El pabellón de Canadá arrasó con un cine ¡en 3D! en el que sobrevolabas un tupido bosque canadiense. Entre ese recuerdo y los que nos enseñó Michael Moore en Bowling por Co¬lombine, nuestro mapa mental nos dice que, con Canadá, ‘todo bien’.
Ése es uno de los principales problemas. “Tanto los europeos como los canadienses ignoran hasta qué punto la ‘austeridad’ ha invadido ambas regiones. No se trata de quién tiene estándares más altos, sino de que las corporaciones quieren llegar a un acuerdo para bajarlos todos”.
Lo de que Canadá es “super verde” es un “viejo mito”, nos trata de explicar Barlow: “Tenemos las peores empresas mineras del mundo”. El 75% de las mineras del mundo cotizan en la bolsa de Toronto, donde gozan de extraordinarias ventajas. Algunas ya las tenemos en Europa, en Rumanía y en Grecia. ¿Se acuerdan de la mina de Corcoesto en Galicia que fue frenada gracias a la oposición popular? Pues también era canadiense. “Todas están deseando que se apruebe el CETA para defender sus intereses”.
Nota completa: https://www.diagonalperiodico.net/global/29089-creadores-del-ttip-llega-ceta.html

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