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Colombia: el paro, tres asesinados y la mano negra del negocio petrolero

Un paraíso en la tierra. Lugar para la vida digna de las comunidades. Territorio saqueado, negocio millonario de unos pocos. La historia de Caño Limón y sus reclamos populares, la toma en la sede de Ecopetrol en Bogotá, Colombia, simbolizando las razones de un nuevo paro nacional en Colombia que cumple su quinto día y que ya se cobró tres muertos por la represión policial.

(Carina López Moja – Lai) Colombia - En Caño Limón, Arauca, uno de los más de cien puntos bloqueados en todo el territorio colombiano en el marco de la Minga Nacional, el paro agrario y campesino, las mujeres indígenas aún recuerdan cómo era la Laguna de Lipá, hoy borrada del mapa. El pueblo U’wa sufrió allí su segunda invasión con la llegada de la Occidental Petroleum (Oxy).
Con el hallazgo de petróleo en Caño Limón, el país pasó a ser exportador de crudo. Más de 30 años de explotación petrolera muestran una zona militarizada y devastada. La zona productiva campesina se convirtió en territorio de prostitución, vandalismo y sicariato. Y, sobre todo, de pobreza.
Allí donde había un reservorio de flora y fauna, hoy sólo quedan pozos petroleros, cámaras y militares fuertemente armados. En parte por las voladuras de los pozos, en parte porque las comunidades han intentado recuperar sus tierras. Para atravesar Caño limón hay que pasar varios controles donde las fuerzas de seguridad preguntan adónde vas, de dónde venís y por qué pasas por allí. Allí es donde el territorio no tiene soberanía colombiana sino estadounidense y donde las fuerzas armadas responden directo a los empresarios petroleros.
“Están reventando los esteros”
Orlando Viveros ya colgó su chinchorro en la ruta. Desde la hamaca, que será lugar de descanso mientras dure el paro, uno de los referentes de la comunidad afro de Arauca detalla el daño que generó la explotación petrolera en la zona. “Acá no había camino, era una ciénaga, sólo tierra, árboles y las comunidades campesinas asentadas. Cuando encontraron petróleo empezó el desplazamiento de nuestra gente. El Estado puso todo a favor de las compañías norteamericanas. Nos quedamos sin tierra, sin laguna, contaminaron el agua y reventaron los esteros. En este punto de concentración de la Minga Nacional queremos dejar claro: no queremos sembrar petróleo, queremos sembrar vida”.
El segundo yacimiento petrolero más grande del país se transformó en un monstruo. El oleoducto que atravesó las fincas campesinas y los esteros cruza los departamentos de Arauca, Norte de Santander, Cesar, Magdalena, Bolívar y Sucre hasta llegar al puerto de Coveñas. Millones de barriles de crudo, millones de dólares y una multiplicación de la pobreza para la población araucana.
Ante esa mina de oro, la empresa y el Estado buscaron, a pesar de las advertencias de los estudios de impacto ambiental, avanzar incluso en el Santuario de Flora y fauna. Devorio de más de 20 hectáreas y del chigüiro (animal de la zona), sólo queda una imagen en un cartel.
“El Estado y las empresas trasnacionales tienen una deuda ambiental con Arauca. El primer problema fue que el crudo salía a 92 grados. Para producir un barril de petróleo se necesitan 98 barriles de agua, es decir que para los 54 mil barriles de crudo que sacamos diarios necesitamos 2 millones 800 mil barriles de agua. Hoy podemos decir que se están secando los cauces de los ríos de toda la región”, afirmó Oscar García, dirigente histórico del Sindicato Petrolero (USO).
La contaminación fue empeorando con el correr de los años. “Para el proceso de refinamiento del crudo se inyectan 3 químicos, para romper la emulsión, luego los inhibidores de corrosión y las clarificados. Después de ese proceso el agua vuelve a la sabana. Totalmente contaminada. Eso ha generado, entre otras cosas, que los residuos maten los esteros, no haya más pesca en la zona y deje sin actividad a miles de familias”, detalló.
“Somos un pueblo que ha sido olvidado y al que le han mentido en la historia de Colombia. Pedimos respeto por la autonomía de territorios para la comunidad afro. A la población negra nos gustaría conocer la paz, aun no la conocemos. Mientras en Colombia no se cambie el modelo económico, no va a cambiar nada”, afirmó Orlando Viveros.

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