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La región más desigual y violenta del mundo

La condición de las mujeres, más pobres, con menos oportunidades de desarrollo, agotadas por el trabajo de cuidados, sin libertad y violentadas a lo largo de su vida, reproduce las brechas de desigualdad en América Latina y forma parte de los nudos emergentes que impiden el desarrollo.

(Sara Lovera - SEMlac) AL - Urge así la institucionalidad y promoción de la política de género, la social, la del trabajo productivo y una cultura de derechos, no necesariamente de transferencias condicionadas, porque América Latina es, también, la región más violenta del mundo.

Así lo planteó Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), al inaugurar el primero de octubre, en la Secretaría de Relaciones Exteriores, la Tercera Reunión de la Conferencia Regional sobre Desarrollo Social en América Latina, que arrancó a las 7 de la mañana en el Palacio Nacional, durante "la mañanera" cotidiana del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Les dijo a los ministros de desarrollo social de la región: "Ni una más", ya que CEPAL ha contabilizado 1.900 asesinatos de mujeres cada año en la región, a excepción de los países del Caribe, y refirió que un problema central es el embarazo en adolescentes, por lo que llamó a cerrar las brechas de género y aumentar los porcentajes de gasto en salud y educación. Destacó que en la región hay 184 millones de personas en pobreza; que entre 2002 y 2014 se logró detener el crecimiento de pobres, pero en los últimos tres años, se alentó, incluso creció. En estos datos, son mucho más pobres las mujeres, la niñez y la adolescencia; es uno de los grandes desafíos.

Propuso una cruzada de cambio cultural porque la violencia contra las mujeres se ha "naturalizado". Así, estudios estadísticos señalan que mujeres de 15 a 49 años consideran que está justificado que un marido golpee a su mujer, entre los porcentajes que van de cinco, 10, 15 y hasta 25 por ciento de las consultadas. México aparece en esta estadística.

Luis Felipe López-Calva, director Regional para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), planteó una nueva política social, señalando que se han empobrecido las clases medias, lo que ha generado una peligrosa polarización social. Criticó que se haga la falsa dicotomía entre política focalizada, sin considerar la universalidad: este es el principio y la focalización del instrumento.

Según los últimos datos de la CEPAL, en 2017 el número de personas en situación de pobreza en América Latina llegó a 184 millones, equivalente al 30,2 por ciento de la población, de los cuales 62 millones (10,2 % de la población) se encontraban en situación de pobreza extrema. En 2016, el 41,7 por ciento de las personas ocupadas en América Latina recibían ingresos laborales inferiores a los salarios mínimos nacionales, y este porcentaje era especialmente elevado entre las mujeres jóvenes (60,3 %).

La reunión para el intercambio de lecciones aprendidas y cooperación entre los países, reconoció que América Latina es el continente de la desigualdad, mayor que en cualquier otra región del mundo.

Bárcena, recién reconocida como Doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM, propuso crear un Sistema Nacional de Cuidados para "liberar a las mujeres" del cuidado a niños, enfermos, discapacitados, y darles oportunidad para que elijan, tengan libre albedrío y su derecho a escoger qué hacer con su vida.

Al presentar el documento central de esta conferencia, llamado "Nudos críticos del desarrollo social inclusivo", refirió que entre las más pobres están las indígenas, afrodescendientes y que en cada tramo de la desigualdad analizado, están en el piso más bajo las mujeres, los niños y las niñas.

También destacó tres aspectos trascendentes para México: no habrá disminución de la pobreza sin institucionalidad, el trabajo productivo y cambios profundos en las políticas de protección social. El trabajo como eje de la productividad y el combate a la desigualdad son asuntos, dijo, a largo plazo.

Eligió poner en el centro, como signo de la desigualdad, a la educación y destacó que a pesar de los mayores logros educativos que exhiben las mujeres en términos de años de educación alcanzados, todavía hay diferencias marcadas por sexo en términos de resultados de aprendizaje, lo que perjudica las trayectorias de las mujeres. Con la misma educación, reciben hasta 24 puntos menos salarios que los hombres.

Las niñas siguen rindiendo mejor en las mediciones de lectura, los niños obtienen mejores resultados en las de matemáticas y ciencias, lo que influye en los campos de estudio y de inserción laboral de sus trayectorias futuras. Hay una estrecha vinculación entre la educación y las oportunidades.

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