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Una diplomacia al revés humilla a Brasil en el mundo

La creciente deforestación de la Amazonia es un gran factor de la pérdida de credibilidad del gobierno brasileño en el exterior. Fondos que administran 3,75 billones de dólares alertaron que Brasil perderá inversiones si no contiene la destrucción forestal y si viola derechos indígenas.

(Mario Osava – IPS) Brasil - “La irracionalidad es un espasmo, la racionalidad volverá, pero la travesía es muy dolorosa”, se quejó el embajador jubilado Marcos Azambuja al hablar sobre el desplome de la credibilidad internacional de Brasil.

El proceso de deterioro de la imagen brasileña, iniciado con los escándalos de corrupción que estallaron en 2014, se agravó con la elección del presidente ultraderechista Jair Bolsonaro en octubre de 2018 y se aceleró con sus acciones antiambientales y la gestión temeraria de la pandemia de covid-19.

“Una tempestad perfecta produce un descrédito sin precedentes de Brasil en el mundo, al juntar la crisis sanitaria, una gravísima recesión económica, un deplorable comportamiento ambiental y humanitario y el servilismo a Estados Unidos que rompe una larga tradición diplomática”, evaluó Azambuja en diálogo con IPS.

La deforestación amazónica en expansión, el desmantelamiento del sistema ambiental y la erosión de las relaciones brasileñas con sus dos principales socios, Argentina y China son algunos síntomas de políticas desastrosas, especialmente en la externa, destacó.

Un conjunto de 29 fondos de inversiones, principalmente de Europa, solicitaron al gobierno brasileño abstenerse de aprobar nuevas leyes que podrían aumentar la deforestación amazónica, dañar otros ambientes y violar derechos indígenas.

De eso dependerían nuevas inversiones en Brasil, ya que las violaciones podrían involucrar las empresas con “riesgos de reputación, operacionales y regulatorios para nuestros clientes”, señalaron los fondos en la carta entregada a ocho embajadas brasileñas en Europa, Estados Unidos y Japón.

Sus gestores identificaron las medidas que podrían afectar los negocios, como un proyecto de ley que legalizaría propiedades rurales obtenidas ilegalmente, otro que permitiría actividades depredadoras en tierras indígenas y las intenciones del ministro del Medio Ambiente, Ricardo Salles, de debilitar las reglas ambientales aprovechando la distracción de la opinión pública por la pandemia.

“Instamos el gobierno de Brasil a comprobar un claro compromiso con la eliminación de la deforestación y la protección a los derechos de los pueblos indígenas”, reclamaron los fondos que gestionan cerca de 3,75 billones (millones de millones) de dólares.

Los incendios forestales en la Amazonia en el segundo semestre de 2019 despertaron la preocupación de los inversionistas, ante presiones crecientes de los ambientalistas, los consumidores y de los eventos climáticos extremos.

Pero el menoscabo brasileño en la escena internacional se alimenta de otras actitudes del actual gobierno.

Bolsonaro entorpeció el combate brasileño al coronavirus, al oponerse al confinamiento de la población adoptado por alcaldes y gobernadores de estado, estimuló el uso de la cloroquina, forzó la salida de dos ministros de Salud y los sustituyó por un general, que nombró una veintena de otros militares, ninguno médico, para enfrentar la pandemia, en explosivo auge este mes.

Eso y otros actos de boicoteo al esfuerzo nacional contribuyeron a la previsión de muchos epidemiólogos de que Brasil superará a EEUU como el país con más muertos de covid en agosto. Alcanzaría entonces entre 137 500 y 165 000 muertos, según distintas proyecciones.

Ya en abril The Washington Post había elegido a Bolsonaro como “el peor líder” entre los que menosprecian el coronavirus y fomentan así las muertes. Ciudadanos brasileños son encarados en diferentes países al ser identificados como una amenaza de contagio.

Además, la diplomacia brasileña, muy respetada en el pasado, cayó en el ridículo. Su jefe, Ernesto Araújo, es un diplomático que nunca logró encabezar una embajada, pero que conquistó el favor de Bolsonaro por sus ideas anticomunistas, contra la globalización y de glorificación de Trump como salvador del Occidente cristiano.

El ministro de Relaciones Exteriores llama “comunavirus” al SARS-CoV-2 y acusa los marxistas, hoy disfrazados de “globalistas”, de aprovechar la pandemia como instrumento para imponer el comunismo y “esclavizar al ser humano”. Abundan sus expresadas sospechas sobre China y la Organización Mundial de Salud (OMS).

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2020/06/una-diplomacia-al-reves-humilla-brasil-mundo/

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