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La politización de la pandemia, los féretros vacíos y el abismo brasileño

A diferencia de Donald Trump y sus vaivenes, Jair Messias Bolsonaro avanza con su negacionismo del coronavirus. Mientras el país sigue contando muertos, la crisis institucional deteriora aún más la democracia y hace que el futuro próximo sea aún más incierto. Quizás basta un botón de muestra: mientras las bandas ligadas al delito disponen el toque de queda y la cuarentena, las milicias próximas al gobierno convocan a seguir la vida «normal» y romper el distanciamiento social.

(Federico Neiburg – NUSO) Brasil - Manaos, capital del estado de Amazonas, se convirtió en uno de los más graves focos de la actual pandemia en Brasil. La ciudad está a tal punto desbordada por la enfermedad y la muerte que el alcalde apareció en la televisión llorando y pidiendo ayuda, mientras mandaba cavar fosas comunes para descargar centenas de víctimas. El día 23 de abril, cuando ya se contaban oficialmente más de 5.000 contagiados y 500 fallecidos y las unidades de terapia intensiva y los hospitales estaban desbordados, comenzó a correr en las redes sociales la versión de que se trataba de una mentira: estarían enterrando cajones vacíos para aterrorizar a la población, como parte de una conspiración que impide reabrir la economía. La noticia repercutió en los medios.

El presidente brasileño, el ex-capitán Jair Messias Bolsonaro, parece haber atado como ningún otro su futuro político al del propio negacionismo.

La escena de los cajones vacíos es una más entre muchas otras. En los últimos tiempos se ha visto a Bolsonaro repetidas veces negando la importancia de la pandemia, abrazando y tosiendo en la cara de sus propios seguidores, contrariando todas las recomendaciones sanitarias, aun las de su propio gobierno –negándose incluso a respetar la disposición judicial que lo obliga a hacer público el resultado de su propio examen de coronavirus–.

Esto ha servido de estímulo a sus partidarios y ha lanzado al país a situaciones nunca vistas, como la que presenciamos días atrás en Brasilia, cuando enfermeras que participaban en un homenaje a sus 55 colegas hasta ahora fallecidas por causa de la Covid-19 fueron agredidas por una banda de desaforados envueltos en la bandera nacional, que las acusaron de mentir y de vivir de los favores del Estado (para muchos, la función pública es hoy un anatema). Pero más que eso, Bolsonaro, montado en el negacionismo, amenaza cada día más explícitamente la continuidad de una democracia que ya se encuentra en ruinas.

El domingo pasado, después de participar de una reunión con el Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas, nuevamente ha encabezado manifestaciones en Brasilia para pedir el cierre del Supremo Tribunal Federal (STF) y del Congreso Nacional. Ha pedido la ayuda de Dios porque ha «llegado a su límite», dice que a partir de ahora pretende «gobernar sin interferencias» y declara que cuenta con «el apoyo de las Fuerzas Armadas, que están más que nunca al lado del pueblo».

En las manifestaciones se vocifera contra los otros poderes de la república y también contra los medios de comunicación, incluyendo los grandes conglomerados como O Globo, O Estado de S. Paulo e Folha de S. Paulo, que tanto hicieron para que se lo eligiera. A cada semana la violencia crece, periodistas son golpeados y heridos. Por cierto, el 3 de mayo es el día de la libertad de prensa. Hace poco más de una semana Jair Messias declaró: «La Constitución soy yo». Sus partidarios responden gritando «Mito! Mito!».

A la emergencia sanitaria y social provocada por la pandemia se ha sumado el recambio de dos ministros claves. Primero fue el de Salud: Luiz Henrique Mandetta, médico de formación, fue un diputado que se desempeñó como figura oscura en el Congreso durante años y que asumió como ministro con el compromiso explícito de velar por los intereses de la medicina privada. Su único pecado frente a su jefe y sus seguidores fue creer en la existencia del virus y proponer las más elementales medidas que recomienda la epidemiología, como el aislamiento. Segundo, y más importante aún, fue el titular de Justicia: el ex-juez Sérgio Moro fue uno de los protagonistas centrales de la actual deriva desde el momento en que juzgó y condenó al ex-presidente Luiz Inácio Lula da Silva (principal adversario de Bolsonaro en las elecciones de 2018), en un proceso que se encuentra aún sujeto a innumerables cuestionamientos legales. La naturalización de la transformación de Moro en ministro de justicia de un gobierno que solo existe como resultado de su propio accionar anterior como juez ha sido, sin duda, uno de los pasos más graves hacia el actual abismo brasileño.

Tras dimitir, el 24 de abril, Moro llamó a una conferencia de prensa en la que formuló denuncias de extrema gravedad. La más delicada: interferir en investigaciones conducidas por la Policía Federal (Policía Judicial en Brasil) que involucran al círculo íntimo de Bolsonaro, incluyendo a sus hijos, en prácticas de corrupción y en una vasta red de criminalidad que incluye a grupos paramilitares (conocidos como «milicias»), entre los cuales se cuentan los asesinos de la concejala Marielle Franco. El STF ordenó la apertura de investigaciones. Moro pasó el sábado 2 de mayo más de ocho horas prestando declaración en la sede de la Policía Federal en Curitiba.

El ex juez y ex ministro se encuentra frente a un dilema: si no confirma sus acusaciones, podrá ser incriminado por calumnias e injurias contra Bolsonaro; si las confirma y ofrece pruebas, llevará la crisis a niveles hasta ahora no imaginados, amenazando con el impeachment del presidente, al tiempo que él mismo corre riesgo de quedar imputado por encubrimiento, pues se trata de delitos cometidos durante el año y medio que sirvió a su jefe.

No obstante, más allá de toda especulación, parece difícil que algo decisivo surja de ese imbroglio que moviliza al Poder Judicial, al Ministerio Público y a la Policía Federal, embarrados hasta el cuello en la desintegración institucional que ha llevado al país al dramático presente.

Nota completa: https://nuso.org/articulo/Brasil-Bolsonaro-coronavirus/

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