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Brasil: victoria fascista; unidad popular y amenazas a Sin Tierra

La victoria electoral del candidato ultraderechista en Brasil, Jair Bolsonaro, quien asumirá su cargo por los próximos cuatro años el 1° de enero de 2019, no obsta para que las organizaciones y movimientos populares hayan iniciado ya el proceso de resistencia y consideren que las condiciones de unidad son superiores al inicio del proceso de desestabilización en diciembre 2016 con la destitución de Dilma Roussef y el encarcelamiento, hace más de 200 días, del ex presidente Lula Da Silva.
(Radio Mundo Real) Brasil - A pocas horas de conocerse el resultado electoral que es analizado internacionalmente como una devaluación democrática en Brasil, los primeros síntomas de ello comenzaron a hacerse visibles y a recaer sobre organizaciones populares.

Para destacar uno: en el estado de Minas Gerais, a apenas dos meses después de casi legalizar sus tierras por las que luchan desde hace veinte años, 450 familias podrían quedar en la calle por acción del sector ruralista latifundista, uno de los sostenes del nuevo gobierno.

Desde el campamento Quilombo Campo Grande, en Campo del Medio, al sur del estado de Minas Gerais, 450 familias del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), emitieron un comunicado de prensa denunciando amenazas de desalojo. Se trata de uno de los conflictos agrarios más antiguos del país. El actual gobernador había prometido la legalización de sus tierras y su conversión en asentamiento.

Con su trabajo, estas familias generan soberanía alimentaria, no solo para quienes producen y viven en la tierra, sino para miles de personas que tienen acceso a alimentos saludables y de calidad, sin veneno.

Los campamentos también generan distribución de ingresos. La tierra, que solo tenía un dueño, ahora otorga dignidad a cerca de 450 familias, más de 2.000 personas que sueñan y luchan con la posesión de la tierra a través de un decreto estatal.

“Pero ahora, mediante una conspiración legal entre los grandes terratenientes, los diputados de la bancada ruralista y las empresas de agronegocios en la región, están organizando un proceso de desalojo para las familias que viven y resisten a lo largo de estos 20 años de lucha”, denuncian las familias, de acuerdo a lo reportado por Brasil de Fato.

En otras regiones de Brasil, centros de salud y aún escuelas gestionadas por comunidades indígenas o quilombolas (organización socio territorial de descendientes de esclavos fugitivos) fueron atacadas apenas horas después de conocerse la victoria del racista y homofóbico presidente electo frente a Fernando Haddad del Partido de los Trabajadores.

Durante la campaña, Bolsonaro apuntó al MST y al Movimiento de Trabajadores Sin Techo como actores enemigos a sus planes de gestión y aún amenazó con declararlos “terroristas”.

Frentes comunes

El martes, con actos en las principales ciudades del país, las organizaciones sociales y populares iniciaron formalmente la resistencia a lo que será la presidencia del ex militar y varias veces diputado. Dos grandes coaliciones sociales agrupan a dichas organizaciones, en los denominados “Frentes”: el Frente Brasil Popular y el Frente Pueblo Sin Miedo.

Bolsonaro tampoco se ha mostrado perezoso a la hora de anunciar un nefasto paquete de acciones a impulsar, inmediatamente despues de asumir la Presidencia: de un lado la fusión de los Ministerios de Agricultura y Medio Ambiente, dando la espalda a los acuerdos climáticos y ambientales anteriormente asumidos por Brasil.

Por otro lado, el gobierno que inicia en enero próximo retomará la iniciativa de una radical reforma de la seguridad social en el país, aumentando los aportes de los trabajadores y trabajadoras y elevando la edad de retiro.

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