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Brasil: Lucha, asesinato y racismo estructural

El asesinato de Marielle Franco, militante feminista y activista por los derechos de la población negra, impactó en el Foro Social Mundial y en todo Brasil. Se cancelaron la mayor parte de las actividades y se realizó una marcha de reclamo dentro de la Universidad Federal (sede del encuentro) y luego por las calles de Bahía. El reclamo tiene múltiples dimensiones: justicia por el asesinato, repudio a la militarización de Río de Janeiro, la responsabilidad del Gobierno y el racismo histórico en Brasil.

El asesinato de Marielle Franco, militante feminista y activista por los derechos de la población negra, impactó en el Foro Social Mundial y en todo Brasil. Se cancelaron la mayor parte de las actividades y se realizó una marcha de reclamo dentro de la Universidad Federal (sede del encuentro) y luego por las calles de Bahía. El reclamo tiene múltiples dimensiones: justicia por el asesinato, repudio a la militarización de Río de Janeiro, la responsabilidad del Gobierno y el racismo histórico en Brasil.

Cinco mujeres hablaron desde el palco. El discurso fue coincidente: fue un crimen político, fue un femicidio y se exigirá justicia hasta que se castigue a los autores materiales e intelectuales del asesinato. Aunque con mucha tristeza y llantos, también se exhibía fortaleza y se advirtió que “sólo estando en la calle lograremos justicia”.

A poco de andar en la marcha, desde un altoparlante se pidió que sólo hablen mujeres negras. Aplausos de aprobación. Desde otro megáfono, de un partido de izquierda, enmarca el asesinato en la lucha de clases. Metros atrás, una joven negra lleva un cartel escrito a mano: “El problema de Brasil no es de clase, es racial”.

Carmen Moraes, de Río Grande do Sul, resumió: “Fue ejecutada porque luchaba por los derechos humanos y contra la intervención militar”.
Bárbara Piñeyro es docente y apunta al fondo: “El asesinato de Marielle es parte del genocidio negro que lleva 400 años, de un racismo estructural que es parte del proyecto del estado nación de Brasil”.

Precisó con cifras: un joven negro es asesinado en Brasil cada 23 minutos y la población negra tiene los peores empleos, la peor salud y la peor educación. Ejemplificó con la Universidad Federal de Bahía (donde ella es docente): sobre un total de 3000 docentes, sólo el dos por ciento es negro.

“Fue un crimen político, pero el trasfondo es el racismo estructural histórico que hoy se expresa en los partidos políticos mayoritarios y como posibilitan que la policía mate y humille a los negros”, afirmó la mujer de 30 años. Y lamentó: “¿Sabe dónde somos mayoría los negros… en las favelas, en las cárceles y en los cementerios. Por eso decimos que es un genocidio”.

Fuente: Darío Aranda - Fundación Rosa Luxemburgo

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