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Ante el fracaso de Añez los bolivianos buscan alternativas controversiales para vencer al COVID-19

A partir de marzo los bolivianos viven dos pandemias: la destrucción de su economía y ahora el colapso del sistema sanitario. Según el reporte oficial al día de ayer, martes, Bolivia contaba con 33.219 contagiados, con un aumento diario de más de entre 500 a 1000 nuevos casos positivos, 9.340 recuperados y 1.123 decesos por COVID-19.

(Noelia Carrazana – Red Eco) Bolivia - El primer actor que comenzó a sufrir el abandono y el maltrato estatal fue el personal de salud, se contagiaron y finalmente murieron enfermeras y doctores por no contar con los elementos de bioseguridad mínimos.

La gestión de facto únicamente se dedicó a inaugurar hospitales que fueron construidos en la gestión de Evo Morales e incluso evitó inaugurar el hospital de Montero, zona de epicentro de contagios de coronavirus en los primeros meses. Este hospital estaba listo para ser usado, pero como estaba pintado de azul, color que referencia al Movimiento al Socialismo, los ciudadanos tuvieron que esperar hasta que finalmente el hospital quedo pintado de verde fosforescente, color del partido de Jeanine Añez y así finalmente pudo ser abierto.

Luego vino la entrega con bombos y platillos de respiradores, donde se denunció uno de los mayores casos de sobreprecios. El costo unitario de los ventiladores, producidos por la empresa catalana GPA Innova, tiene un costo de 7.194 dólares, el gobierno pagó más de 4,7 millones de dólares por 170 máquinas; o sea un sobreprecio aproximado de más de 20.000 dólares por equipo.

Este acto se llevó la renuncia del segundo Ministro de Salud en tiempos de pandemia: Marcelo Navajas. Allí asumió la viceministra Eidy Roca, quien hasta el momento puso especial dedicación en criticar la labor que durante los años de gobierno de Morales se dedicaron a realizar los médicos cubanos o anunciar que habrá reformas en el sistema de salud, pero al día de hoy ya se encuentra con un cierre parcial de varios hospitales y laboratorios de emergencias.

En Bolivia hoy no existe una mesa nacional de coordinación con los gobiernos provinciales, ni municipales, siendo que las cifras indican que tiene una gran cantidad de población rural. Una dirigente campesina testimonia que “la gente por su propia cuenta se abastece de hierbas naturales en los mercados o en las zonas campesinas. Estas plantas se encuentran a disponibilidad de los pobladores”.

Ante el contagio del personal sanitario, la falta de insumos de bioseguridad y el incremento de positivos de la COVID-19, varios hospitales en el país decidieron cerrar parcialmente, mientras que uno de los principales laboratorios que procesa las pruebas, el Centro Nacional de Enfermedades Tropicales (Cenetrop), se declaró en emergencia. En un comunicado el Cenatrop expresó que tras haber solicitado reiteradamente al gobierno la dotación de termocicladores y “al no tener ninguna respuesta y estar rebasados en nuestra capacidad de atención para procesar dichas pruebas, es que nos declaramos en emergencia”.

Ivermectina y Dioxido de Cloro

También hay dos tratamientos que generan controversia, pero que ya cuentan con varios testimonios de recuperados: la Ivermectina y el Dióxido de Cloro.

Una investigación que realizó el periodista Gustavo Vallejos para Radio Integración Boliviana explica que la Ivermectina es un antiparasitario de toma oral para combatir la sarna y otro tipo de parásitos y también es de uso veterinario. Al no existir una política de contención en los centros de salud, sea nacional o privado, varios ciudadanos bolivianos testimonian que se recuperaron, pero que quedan altamente intoxicados, con mucho dolor de estómago, cabeza y nauseas. También hay testimonios de familias que han perdido a sus seres queridos por automedicarse con este remedio.

El otro medicamento que viene ganando notoriedad en los medios nacionales en las últimas semanas es el CDS o Dióxido de Cloro. Al parecer su ingesta no tendría ningún efecto secundario y como cuentan sitios de internet se usó en varias zonas de Ecuador. Este medicamento no está aprobado por la Organización Mundial de la Salud, pero es promocionado por el Doctor en Biofísica Natural y Medicina Alternativa Andreas Ludwig Kalcker, lo que está generando esperanza en la población.

En el departamento de Tarija, una de las provincias más importantes de Bolivia, el gobernador Adrián Oliva autorizó hace varios días el uso del Dióxido de Cloro. Al día de hoy la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho de Tarija se encuentra elaborando el medicamento para asegurar su calidad. El dióxido de cloro (ClO2) es un compuesto químico que está formado por un átomo de cloro (Cl) y dos átomos de oxígeno (O2). Se trata de un gas de coloración entre rojiza y verde amarillenta que se disuelve en agua a temperatura ambiente.

Hace cinco días el rector Gonzalo Gandarillas indicaba al diario La Razón que los laboratorios de esa casa de estudios superiores elaboran dióxido de cloro para tratar a pacientes con COVID-19. El Servicio Departamental de Salud (Sedes) de ese departamento autoriza a médicos su uso, siempre y cuando sea bajo seguimiento médico diario y consentimiento informado al paciente.

“Termina matando al virus por oxidación”, asegura la doctora Patricia Callisperis. Sin embargo, si el dióxido de cloro no es de la calidad y concentración indicada puede causar daño. “Tendrías que tomar siete litros para que te cause algo. El gran peligro es que se confunda con lavandina porque tiene el mismo olor”, dijo a radio Fides.

Aunque el Ministerio a nivel nacional desconoció el uso de estos medicamentos se puede ver incluso a los funcionarios y la presidenta Jeanine Áñez aparecer en sus presentaciones públicas con una tarjeta celeste conocida como “shut out” o “block out”, muy usadas en algunos países asiáticos porque aseguran bloquear el virus. La aparición de la mandataria utilizando una de ellas generó polémica en su país.

Según detalla el diario El Deber, estas tarjetas de fabricación japonesa se venden en Bolivia por un Bs 120, unos 17 dólares. Contienen dióxido de cloro, una sustancia que es utilizada para esterilizar superficies y, según sus fabricantes, desinfecta el aire que está a su alrededor durante 30 días.

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