Masivas protestas en Togo acorralan una dictadura de 50 años

Cientos de miles de personas tomaron las calles de las ciudades de Togo, en África Occidental, el 8 de diciembre, como parte de una revivida ola de protestas a nivel nacional en demanda de reformas políticas. En el centro de sus reivindicaciones está el restablecimiento de la Constitución de 1992, que incluía un límite de dos mandatos para la presidencia antes de ser eliminado por el ex presidente Eyadéma Gnassingbe, padre del actual presidente Faure Gnassingbé.

(Regina Asinde – El Salto) Togo - Las protestas masivas estallaron por primera vez en agosto de 2017, obligando al Gobierno a entrar en negociaciones moderadas a nivel internacional, que —en un intento de resolver la crisis política que dura ya décadas— llevaron al restablecimiento del límite de dos mandatos. Sin embargo, la indignación volvió a prender cuando se descubrió que los mandatos presidenciales pasados no contarían, permitiendo por lo tanto a Faure Gnassingbé —ya en su tercer mandato— presentarse a presidente en 2020 como si fuera su primera vez. Las negociaciones se rompieron poco después, lo que llevó a la vuelta de las protestas el mes pasado.

“Nadie quiere aceptar eso en Togo”, dijo Farida Nabourema, directora ejecutiva de la Liga Civil Togolesa. “Tras 51 años de los Gnassingbé, pedir que les demos diez años adicionales, empezando en 2020, es básicamente pedir que nos suicidemos. Es algo que no podemos permitir que pase, y es el motivo por el que hemos vuelto a las calles”.

Tras permitir protestas en primer lugar en zonas previamente autorizadas, el Gobierno directamente prohibió las grandes manifestaciones antes de la movilización del 8 de diciembre. Cuando más de 500.000 personas salieron en Lomé, la capital, el régimen desplegó una amplia fuerza militar, hiriendo a decenas de civiles y matando al menos tres,incluyendo a un niño de 11 años.

Una coalición de 14 partidos de oposición, conocida como C14, ha sido una de las principales fuerzas que lideran las protestas y lo que se conoce como el movimiento Faure Debe Irse. Desde que las negociaciones con el Gobierno acabaron el mes pasado, pidieron la cancelación de las elecciones legislativas del 20 de diciembre y exhortaron a sus miembros a no participar. Según los líderes del movimiento, el Gobierno ha estado realizando fraude electoral —alistando menores, así como quitando el derecho al voto a electores inscritos mediante tácticas coercitivas— en preparación de la campaña presidencial de Faure Gnassingbé de 2020.

Mientras la prohibición de la protesta por el Gobierno sigue intacta, el C14 ha afirmado que desafiarán esta medida y continuaran organizando manifestaciones en todo el país, culminando en un boicot activo el día de las elecciones, a menos que sus demandas sean satisfechas.

Los dictadores toman el poder

El régimen militar de Eyadéma Gnassingbé tomó el poder mediante un golpe militar en abril de 1967, menos de una década después de que Togo lograra su independencia de Francia. Eyadéma después gobernó el país durante 37 años, exponiendo a los togoleses a un gran número de atrocidades contra los derechos humanos, incluyendo la detención ilegal, tortura y asesinato de disidentes políticos y partidarios de la oposición.

Tras una década de “gobierno de emergencia” después del golpe militar de Eyadéma, Togo comenzó su transición a convertirse en una república. Al ver una oportunidad de liberarse de su tirano y encaminarse hacia una democracia pluripartidista, el pueblo togolés votó abrumadoramente a favor de adoptar la Constitución de 1992, que incluía un conjunto de reglas para limitar el poder presidencial con límites de mandatos y reglas electorales justas.

Desgraciadamente, su esperanza no se hizo realidad. Durante un período de intensa mano dura en 2002, Eyadéma debilitó a la oposición y modificó la Constitución para permitirse un nuevo mandato. Junto a otras varias medidas regresivas, también redujo las elecciones a una sola vuelta. Para un país con más de cien partidos políticos, cada uno presentando a su propio candidato, una elección de una sola vuelta sin primarias era un movimiento enormemente antidemocrático, posibilitando que un candidato ganara la presidencia con sólo una fracción del voto popular.

Eyadéma murió en febrero de 2005, lo que ofreció un destello de esperanza al movimiento pro-democracia. Pero, de nuevo, la esperanza duró poco. El hijo de Eyadéma, Faure Gnassingbé, se hizo con la presidencia con la ayuda del Ejército. La presión local e internacional intervino temporalmente, obligando a Faure a dimitir y presentarse en unas elecciones adecuadas. Posteriormente utilizó el apoyo del Ejército y un sistema electoral amañado para declarar su victoria y volver a la presidencia. Según la coalición de partidos opositores, al menos 500 personas murieron en la violencia post-electoral perpetrada por el Estado.

Para resolver las tensiones creadas por estas elecciones fraudulentas, Faure participó en conversaciones con la oposición. En 2007, ambos bandos llegaron a un acuerdo sobre un conjunto de promesas para reformar el sistema político e impedir la violencia electoral. Algunas de estas medidas del acuerdo eran el retorno del sistema de voto en dos vueltas y la reintroducción de límites de mandatos.

Nota Completa: https://www.elsaltodiario.com/togo/masivas-protestas-togo-fin-50-anos-dictadura-faure-gnassingbe

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