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Victorias históricas y grandes derrotas de la prensa en África

De los 54 países que conforman el continente africano, ocho ocupan los puestos más bajos en el índice de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras (RSF). 19 más están incluidos en el penúltimo escalafón. Las presiones no hacen más que aumentar: los gobiernos cierran medios críticos y encarcelan periodistas, 22 en Egipto, 11 en Eritrea. Pese a las dificultades, hay también motivos para la esperanza. 

(Pablo López Orosa – Esglobal) África - Son los medios locales, 1.000 cadenas de televisión, 3.000 publicaciones impresas, 3.500 radios y más de 1.000 portales web, según las estimaciones de Casa África , los que mejor nos acercan a estas realidades. “La razón por la que estas historias no se extienden a los medios occidentales es porque estos habitualmente confían todo a sus corresponsales y porque no hay suficiente cobertura sobre África”, resumía la directora en Tecnología, Medios y Comunicación de la Facultad de Asuntos Internacionales de la Universidad de Columbia, Anya Schiffrin.

África sigue siendo un lugar peligroso para trabajar, prácticamente inaccesible en casos como el de Sudán del Sur o Burundi, pero un poco menos de lo que lo era hace unos años: de los 54 periodistas asesinados en 2017, solo tres lo fueron en África y en lo que va de 2018 tampoco se han registrado casos en el continente, aunque sí más de un treintena de encarcelamientos. Sin la impunidad judicial de muchos de estos asesinatos, hasta 26 sólo en la última década en Somalia, las cifras reales serían mucho más elevadas.

La falta de profesionales sigue siendo una realidad en el continente – hace una década apenas había un periodista por cada 34.000 habitantes en Zimbabue o cada 99.000 en Etiopía -, pero esta brecha se reduce año a año: en 2017, trabajaban sólo en Kenia casi 3.000 periodistas. En apenas 15 años la cifra de estudiantes universitarios en África ha pasado de 6 a 12 millones de alumnos. 

Viejos medios, nuevos formatos

Aunque el modelo de grupos controlados por el Estado -o por líderes políticos como el Presidente keniano, Uhuru Kenyatta, quien controla un importante conglomerado mediático – sigue vigente, “son cada vez más una anomalía”, apunta el informe del Reuters Institute. Medios independientes, como el propio The Namibian o El Khabar han consagrado su propio espacio, convirtiéndose en un referente informativo dentro y fuera de sus propias fronteras.

No obstante, en un continente donde casi la mitad de la población vive con menos de 2 dólares al día y en países como Nigeria, el más poblado de África, mayoritariamente en zonas rurales, la radio sigue siendo un medio hegemónico. 

La batalla por el control de las pantallas

Mientras los jóvenes urbanitas de Nairobi, Ciudad del Cabo o Kigali se preparan para ver el último estreno de Netflix, el otro lado del África subsahariana, cifrado en 634 millones de personas, carecen de energía para encender el televisor. Si es que tienen uno. La construcción de nuevas infraestructuras crece a buen ritmo, pero se estima que para 2040 sólo podrán suministrar energía a 315 millones de personas más. Un problema de base que lastra el avance de la televisión en África.

Pese a las dificultades estructurales, la televisión ejerce un gran poder mediático, especialmente en las áreas urbanas y en las aglomeraciones periurbanas, las bautizadas por el estadounidense Robert Neuwirth como “ciudades sombra”, de las grandes capitales. De ahí que su control sea una de las obsesiones de los líderes africanos: Kenyatta desobedeció durante días la resolución judicial que obligaba a dejar sin efecto la suspensión de cuatro canales de televisión privados que habían cubierto un acto reivindicativo de la oposición. En la República Democrática del Congo, este mismo año, los servicios de inteligencia clausuraron una televisión en Kivu del Sur.

Pero sin duda es en las pantallas de los teléfonos móviles donde está librándose la gran batalla por la libertad de expresión en África. A finales de 2015, el 46% de la población africana contaba ya con un servicio de datos en su teléfono y la estimación es que en 2020 sean ya más de 725 millones las conexiones a teléfonos inteligentes. Las cuentas en redes sociales se multiplican año tras año – Facebook, la más popular cuenta con 170 millones de usuarios en África , mientras que Twitter e Instagram cuentan con 8 y 3,8 millones de usuarios solo en Suráfrica – como también la aparición de nuevos medios de comunicación exclusivamente digitales. Proyectos como Africtivistes.org en Senegal, Avenue 225 en Costa de Marfil o GroundUp , Wits Justice Project (WJP) y Daily Maverick en Suráfrica han abierto la puerta a un nuevo relato de lo que acontece en el continente

“Durante las protestas #FeesMustFall, los estudiantes y académicos informaron desde primera línea usando las redes sociales, y fueron una fuente de noticias de las protestas para mucha gente. Las protestas #FeesMustFall mostraron cómo los productores independientes pueden cubrir este tipo de acontecimientos con mayor eficacia que los medios generalistas y cómo las redes sociales afectan a la cobertura ofrecida por los medios”, expone en su análisis sobre las protestas registradas en Suráfrica en 2015 el investigador de la University de Witwatersrand, Alan Finlay.

Nota completa: www.esglobal.org/victorias-historicas-y-grandes-derrotas-de-la-prensa-en-africa/

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